Miércoles Fotográficos

¿Crisis? ¿Qué crisis?

Posteado por el Miércoles, marzo 14th, 2012

Ojito con el título que yo he venido a hablar de mi crisis, nada de la crisis económica, del paro y de los recortes, eso tiene que ser con unas cervezas delante y entonces, si hace falta, arreglamos el mundo.

No, la cosa viene por la edad, y ojo otra vez, que no soy yo el pesado, que aquí es a uno al que se lo repiten una y otra vez y ya me empiezo a cansar.
A partir de los treinta, en algunos sitios, ya te llaman señor, pasados los 36 la cosa es más directa y empiezan con las tonterías de que la edad no perdona. Ahora que estoy rozando las cuatro décadas, pero rozando, que casi las huelo desde aquí, estoy hasta la coronilla que me recuerden la dichosa crisis de los cuarenta.

Esto de la crisis de los cuarenta hay que actualizarlo, tal vez lo sufrieran nuestros padres, pero ahora las cosas han cambiado, la alimentación, los hábitos saludables, el ejercicio, la medicina, todo eso y mucho más, que ahora no se me ocurre, provoca que no sea los mismo nuestros cuarenta años que los cuarenta años de nuestros padres, la esperanza de vida es mayor. Ahora, con cuarenta años estás en la plenitud, en el ecuador de la vida, pletórico, no hay crisis por ningún lado.

Si yo me levanto por las mañanas, me miro al espejo y me veo cojonudo [ver foto] [ver foto] [ver foto]. Después de despejarme bien, tomarme un café y darme una ducha, vale, pero es que ahora estoy mejor que nunca, mejor que a los treinta o a los veinte, me veo más hecho, más acabado, sincero, cabal, con las ideas claras y hasta aguanto más follando. Eso son cosas a tener en cuenta, cosas que le hacen a uno más atractivo ¡Joder, pero si hasta me veo guapo!

Es exactamente lo que está pasando, un tío llega a los cuarenta y piensa: ¿¡Pero que crisis!? Si estoy de puta madre, si podría correr una maratón. Y la corre. Eso es así, se entrena unos meses y a correr. Y luego, cuando le dan la tabarra, si se atreven, lo menciona: – ¿Qué crisis chaval, si he corrido una maratón? ¿Y tu que? Veintitantos años y apoltronado en el sofá con la Play.
Hay que tener en cuenta que lo de la maratón es lo que hacen los pobres, los ricos directamente se compran la moto, no hace falta decir nada, se sobreentiende: “Tengo pasta, una buena posición y esta motarra ¿Quién dices que está en crisis?”. No es lo mismo, pero también vale.

¡Pues eso es el error! La crisis no es que estés cansado, sin ganas de nada, que tu cuerpo no te responda como antes o que tengas aspecto de viejo, no, la crisis es querer demostrar que eso a ti no te pasa, es empeñarte en aparentar menos edad, es imponerte ciertas metas para demostrarte a ti y al resto que no estás mayor, es decir: la maratón y la moto. Bien, pues tranquilos, que yo paso de la maratón, ahora bien, si la moto me la regalan no le voy a hacer un feo. [ver foto] [ver foto] [ver foto]

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Para siempre (micro relato)

Posteado por el Miércoles, marzo 7th, 2012

Mi padre murió cuando yo a penas tenía tres años, al menos eso es lo que él me contó cuando cumplí los cinco.

Recuerdo imágenes inconexas de aquel día, como flases de luz intermitentes que iluminan fragmentos de mi memoria.

La casa llena de gente, mis abuelos, mis tíos, mi madre desconsolada, las palabras accidente, semáforo en rojo, conductor borracho y algunas maldiciones. Y también recuerdo a mi padre.

Lo recuerdo junto a mi madre, impotente, sin hacer nada, sin decir nada, solo mirando a su alrededor asombrado. También lo recuerdo apartado de todo y de todos, parecía sufrir una lucha interna, como si aguantara un peso insoportable, fuera de lugar, completamente perdido.

Entonces me vio, una tía mía, con lágrimas en los ojos, trataba de llevarme a otra habitación mientras yo gritaba que quería estar con mi papá.

Su rostro se relajó y su lucha interna se apagó como la llama de una cerilla consumida.

Pasé mucho tiempo sin entender nada, mi madre me decía:

-Papá no está, se ha ido al cielo

Y yo le contestaba

-No se ha ido mamá, está aquí con nosotros.

Ella lo atribuía al juego de una niña que echa de menos a su padre, sufría y le hacía llorar cada vez que eso pasaba, pero suponía que se me pasaría con el tiempo, le restaba importancia.

Mi padre estaba conmigo a todas horas, me decía que estaba jugando al escondite con mamá, por eso ella pensaba que se había ido.

Dos años más tarde murió mi abuelo, el concepto de muerte estaba más claro en mi mente de cinco años y mi padre, me apartó el pelo de la cara, de esa forma que tanto me gustaba, y me explicó lo poco que él entendía:

No fue un conductor borracho, fue un chaval joven que tenía prisa y se saltó un semáforo, -pasa muy a menudo- me dijo. Hay vida después de la muerte, vas a un sitio de paz, felicidad y conocimiento absoluto, donde se encuentra la otra parte de tu ser que te completa. Pero para llegar allí hay que quererlo y mi padre encontró una razón para quedarse, por eso cree que yo soy la única que puede verle, porque yo fui esa razón.

Aprendí a simular que jugaba con un amigo invisible cuando me descubrían hablando con él y eso era casi a cada instante que estaba sola. Lo tuve a mi lado, enseñándome, entreteniéndome e incluso riñéndome si era necesario, a todas horas, todos los días, no importaba si estaba en el colegio o en casa de un amigo, siempre que lo necesitaba y no solo en esas ocasiones.

De vez en cuando lo encontraba observando a mi madre, recuerdo ahora sus mirada, nunca dejó de amarla, pero sabía que debía distanciarse y procurar que su estancia aquí no impidiera que rehiciera su vida.

Los años fueron pasando y llegué a la adolescencia y mi padre era un padre normal, dentro de lo normal que puede ser que llevara muerto más de diez años, un padre que quería sobreprotegerme y que no entendía a una niña adolescente.

No recuerdo que lo desencadenó, alguna estúpida razón que en aquel momento me parecía trascendental, pero la discusión fue tremenda, como lo son muchas entre padres e hijos a esas edades, y mis palabras fueron crueles:

-¡Ojalá te hubieras muerto como todo el mundo y me dejarás en paz!

Desapareció

Por fin tuve la tranquilidad que le había pedido, y así estuve un tiempo, creyéndome adulta, sintiéndome fuerte con mis logros, con mis errores, con mis decisiones.

Y un día lo llamé, no sabía como, así que miraba su foto y susurraba su nombre día y noche.

No volvió.

Entonces supe que mi padre había muerto, que había ido a un lugar mejor y lloré, lloré por él por primera vez, acordándome de todo lo que habíamos vivido juntos, de todo lo que me había enseñado, de lo que hizo por mi.

Una suave caricia apartó mi pelo de esa forma que tanto me gustaba, abrí los ojos cubiertos en lágrimas, pero no vi a nadie, no hizo falta.

En mi día a día me ocurren pequeñas cosas que me demuestran que sigue aquí, no puedo verlo, no puedo hablar con él, pero se que sigue a mi lado.

Ahora tengo treinta años y un niño precioso de cuatro meses, he encontrado mi razón para quedarme aquí para siempre.

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Contraseñas

Posteado por el Miércoles, febrero 29th, 2012

No me gusta ser alarmista y mucho menos ser la persona que se dedique a dar este tipo de noticias, pero no hago más que constatar que el asunto se está agravando, empieza a ser preocupante y aquí nadie hace nada.
Indicar una contraseña es algo natural, necesario para nuestra seguridad y no nos damos cuenta que llegará un momento, al ritmo que vamos, en el que el asunto nos sobrepase.

Parece que no somos del todo conscientes del gran número de contraseñas que utilizamos durante el día a día y que va en aumento. Esto, si no lo atajamos pronto puede ser la mayor fuente de estrés del mundo moderno, si me apuras, entre el colapso de la memoria y el sentimiento de impotencia y decepción del olvido de una clave, puede provocar un aumento en la tasa de suicidios, ríete tu del crack del 29.

La memoria del ser humano tiene un límite y llegará un momento que tendrá que organizarse y decidir por su cuenta, puesto que nosotros no le damos descanso, que es lo que debe guardar y que eliminar, y eso puede acarrear graves problemas.
Yo, antes de la existencia de los móviles me sabía de memoria más de veinticinco números de teléfono, en mi cabeza no había espacio para más, de hecho, por esa época, olvidé varias veces el nombre de mi novia, aunque ahora no estoy seguro que el motivo fueran los veinticinco números de teléfono.

Puede ser que te acuerdes de la contraseña del correo electrónico, del pin del móvil, del número de la tarjeta del banco, la clave de Twitter y la de Facebook, porque es algo que utilizas muy a menudo y a tu cerebro lo entrenas día tras día para eso. Pero que pasa si tienes un blog que necesitas administrar, una cuenta de PayPal, Dropbox o un lector de feeds en la nube.
También es fácil que tengas otra cuenta de correo, incluso una cuenta en otro banco y, lógicamente, una contraseña para la bancaonline. Si tienes acceso de pago a webs de contenido, como puede ser noticias o porno (guarrete, que eres un guarrete) y seguro que me olvido de muchos sitios en los que necesitamos contraseñas, puede ser complicado almacenarlo todo en tu memoria, tarde o temprano empezarás a confundirlas y a olvidarlas con el nivel de decepción que eso conlleva, tendrás que hacer el proceso de recordar contraseña recibir la nueva en el email y volver a memorizar una nueva o ir entrar en las preferencias para cambiarla.
Todo este proceso para el caso de querer consultar las noticias no parece muy grave, pero imaginad si pasa con el porno en un momento de necesidad y entenderéis lo que hablaba antes de los suicidios.

Seguro que la solución de más de uno es apuntarlas, ya sabréis que el método ese del post-it en el monitor nos es válido, no solo por seguridad, es que aquí necesitaréis un post-it tamaño folio o, directamente, la pared del despacho [ver foto].
No es recomendable usar la táctica del protagonista de Memento porque cada vez que tenéis que entrar en una web hay que pasar antes por el baño para mirar en el espejo la contraseña, no es productivo [ver foto] [ver foto] [ver foto].
Muchos pensaréis que no es un problema, los navegadores guardan las contraseñas, esto tampoco es seguro y lo podéis hacer en el navegador de casa, pero no en el del curro, al menos no para las cosas importantes, como el banco o el porno.
Tener un fichero en el ordenador con todas las contraseñas tampoco es muy seguro. Hasta que no se implemente una solución para utilizar el DNI electrónico, una memoria USB cifrada, la huella dactilar o el iris lo más práctico sería utilizar alguna regla nemotécnica usando el dominio y una cifra significativa, pero seguro que ya hay, o no tardará en aparecer, una simple aplicación para el móvil que te permita apuntarlas todas y cifrarlas, de manera que solo puedes ver el contenido con una clave, una única clave que tendrás que memorizar, liberando tu cabeza del resto ¿Existe? ¿Alguien conoces una? ¿Está para Nokia?

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Valencia en boca de todos

Posteado por el Miércoles, febrero 22nd, 2012

¿Os acordáis de Valencia hace unos años? No se, hace seis o siete años más o menos, cuando solo estaba la Ciudad de las Artes y las Ciencias y no estaba claro si se terminaría alguna vez (hoy en día sigue sin estar del todo claro) ¿Os acordáis de aquellos años dorados antes de la crisis? Yo recuerdo por esas fechas estar con amigos, o familia, de fuera de Valencia y que todos coincidieran en lo bonita que se estaba poniendo la ciudad, cada vez más cosmopolita, más europea. Eran tiempos de bonanza, las cosechas eran abundantes, los inviernos templados y las primaveras frondosas.

Pero a alguien se le ocurrió que podíamos ser más, o, por lo menos, aparentarlo, y es en ese momento cuando Valencia empezó a vivir por encima de sus posibilidades.
Nos trajimos la Copa de América y, no contentos con eso, el Gran Premio de Fórmula 1 [ver foto] [ver foto].
El pie estaba puesto en acelerador y no había manera de levantarlo. Valencia referente de modernidad, a la vanguardia de la cultura y el entretenimiento. Parecía que la finalidad era que la ciudad estuviera en boca de todos.

Por supuesto explotó la burbuja, a los Valencianos concretamente en toda la jeta, y la “desaceleración económica”, como si de un Pokemon se tratara, mutó en mega-crisis. Y Valencia, como no podía ser de otra manera, siguió en boca de todos, primero fuimos referente en corrupción, en despilfarro, en desvío de fondos (si no llega a ser por la crisis no nos enteramos) y, por último, el hazmerreír del país en cuanto a aplicación de justicia.
Ahora que esto se empezaba a diluir en la mente de algunos había que hacer algo al respecto.
No íbamos a tener que esperar mucho, el lunes pasado, sin ir más lejos, tuvimos carga policial contra menores que protestaban por la falta de calefacción y otras necesidades en las aulas, provocada por los recortes, ya vuelve a estar Valencia en boca de toda España y parte del extranjero.

Lo del lunes no tiene nombre, tenemos a la opinión pública pidiendo, con toda la razón, la dimisión del jefe superior de policía y de la subdelegada del gobierno, probablemente las órdenes que recibió la policía no eran las adecuadas para enfrentarse a los acontecimientos, pero a mi también me preocupa la ejecución de esas órdenes.
He escuchado o leído en varios frentes decir que la policía, que tan bien reaccionó con el 15M, tiene que haber recibido unas órdenes muy claras para actuar así. Como argumento en su defensa no me cabe en la cabeza. El 15M no eran chavales sobrexcitados, de insulto fácil y de volcada de contenedor. Es fácil suponer que la actitud de los chavales rozara la ilegalidad -más allá de la ilegalidad de la manifestación- pero uno espera en el Cuerpo de Policía una profesionalidad que, en ocasiones, desapareció completamente. Había que aguantar y no caer en la provocación fácil que para eso se les supone un entrenamiento y una madurez. [ver foto] [ver foto] [ver foto]
Si ya no te puedes fiar de los que nos gobiernan ni de los que nos protegen, pocos nos quedan.

Estas cosas en Valencia, por supuesto, es la tierra de las flores, de la luz y del amor. Y atentos, que empalmamos con las Fallas.

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