Septiembre 3rd, 2008

Diario de un embarazo IV - El padre que no lo es tanto

Posted by Peter Parker en cosas mías

Dicen por ahí que durante el embarazo el marido-pareja-inseminador -dígale como usted quiera- todavía no se le puede llamar padre, que no es muy consciente de lo que se le viene encima y que tampoco sufre el embarazo como tal.
No hay nada más falso y quien dijo eso seguramente no ha acompañado a una mujer en ese largo y escabroso proceso. Nadie sabe lo duro que es ser la pareja de una mujer embarazada hasta que lo vive.

Ya avisan que, cuando nazca la criatura, el padre cuenta menos que un bolígrafo verde sin tinta y afirmaciones como esta sirven para ir acostumbrándolo a lo que va a venir. Luego el día a día le va dejando pistas claras de cómo va a ser considerado en un futuro próximo.

Yo os aseguro, sin lugar a dudas, que el padre aguanta el embarazo y lo sufre en sus propias carnes. Se le trata como un ente abstracto y superfluo que ya ha cumplido su papel y no se cuenta con él para nada. La madre y la gente que la rodea lo ningunean y le asignan todo tipo de tareas rutinarias y pesadas sin ninguna gratificación.

Recuerdo un viernes que había salido tarde del trabajo y después había tenido que pasar por un par de sitios antes de llegar a casa. Al reloj le faltaban pocos minutos para marcar las nueve de la noche y me encontraba algo cansado, estaba empezando a ponerme el pijama para disfrutar, fresquito y cómodo, de una de mis series favoritas, cuando oigo la voz de mi mujer que, completamente espatarrada y con la barriga al aire, me grita desde el sofá:
- Cariño ¿Te importaría pasarte por Mercadona antes de que cierren y comprarme unos polos de limón? Es que me apetecen mucho y con el calor que hace nos vendrán muy bien a los dos.
¿A los dos?¿Qué dos? Si yo no quería nada, por supuesto se refería a ella y al niño. Yo ya no aparecía en la ecuación.

Un día llegó por casa con un bote enorme de banderillas, de esas que tienen pepinillos y cebollitas en vinagre, jamás habíamos tenido nada parecido en la nevera, le duró dos días, creo que yo probé una. Algo más tarde oí como le decía a una amiga:
- El embarazo genial, ni mareos ni nauseas ni antojos.
Nada de nada, las banderillas serían para matar el gusanillo y los polos se los habrá recetado el médico, porque desde entonces se toma uno cada veinticuatro horas.

Otro de los problemas es el calor, de todos es sabido que las embarazadas sufren de unos calores asfixiantes durante gran parte del embarazo, y mucho más si es verano.
Para paliarlo un poco tenemos el ventilador encendido toda la noche a máxima potencia.
Ella duerme la mar de bien, incluso a veces se levanta diciendo que ha pasado algo de calor, mientras yo me levanto con el moquillo colgando o a mitad noche me despierto tiritando y acabo tapándome hasta las orejas. Poco a poco estoy perdiendo la salud.

Todas estas cosas, dentro de lo que caben, son lógicas, el marido tiene un valor insignificante completamente supeditado al bienestar de la mujer preñada y tiene que acostumbrarse. De lo que no me habían advertido es que el embarazo fuera contagioso o por lo menos sus síntomas más agudos y acostumbrarte a esos cambios tan bruscos en tan poco tiempo es una agonía.

Achaqué que estaba engordando al veranito, se come más y dejé de hacer deporte porque no tenía tiempo para nada. Cada día, hay que comprar algo para el bebé, que si un pijamita, que si las sábanas para la cuna, incluso un termómetro para el agua de la bañera. Y lo que nos queda, mi mujer tiene una lista que no nos la acabamos ni pidiéndolo para los Reyes Magos. Además hay que cambiar bombillas por otras que alumbren más, poner cortinas de colores, colocar trampas para cucarachas y reubicar la ropa para que quepa la del niño. Así que no presté atención a esos quilitos de más y pensé que era normal porque con tanto ajetreo no me estaba cuidando. Ahora me he dado cuenta que ella come por dos pero yo por cuatro.

Empecé a mosquearme un poco con el insomnio, pero culpé al calor. Más preocupante fue cuando me dio por levantarme varias veces de madrugada para ir a mear. Por suerte no he tenido mareos, pero un tío que puede comerme un zumo de limón recién exprimido antes de acostarse o un plato de curry picante como si nada y ahora va y tiene acidez, es para flipar.

Puedo pensar que todo esto es debido a la alimentación o nervios por lo que va a venir pero no puedo entender lo que me pasó el martes pasado frente al televisor, se me cayeron unas lagrimillas viendo un anuncio de cerveza. Yo soy un tiarrón, no puede ser que por ver a cuatro colegas en la barra de un bar, celebrando su amistad con unas tapas y unos tercios se me cayera el mundo al suelo, está claro que tengo las hormonas revolucionadas.

Ojalá eso fuera todo, no os podéis imaginar lo duro que es un embarazo. Pase lo de los quilitos de más, pase lo del insomnio, las meaditas de madrugada y la acidez y pase por las lagrimillas en los anuncios de exaltación de la amistad, pero lo de esta mañana es inconcebible, el colmo, me he levantado y tenía irritados los pezones ¡¡Me cago en to!!
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Julio 30th, 2008

Nos la han colado bien gorda

Posted by Peter Parker en cosas mías

No recuerdo las razones exactas pero cuando salí de casa de mis padres tenía claro que jamás iba a contratar Telefónica para el teléfono fijo y la conexión a Internet, debí salir escarmentado. Nunca aprendo.

Llevamos tiempo descontentos con ONO, es cierto que tenemos un pack de televisión muy completo que lo encarece, pero pagar 70 euros al mes viendo como las ofertas favorecían a las nuevas altas acaba quemando.
Uno es fiel a su operadora, la defiende y se mantiene a su lado contra viento y marea, mientras ve como sus amigos se van cambiando, traicionándola y disfrutando de mejores ofertas ¿y que recibe a cambio? Nada, ni una palabra amable, ni un reconocimiento, ni una oferta por iniciativa propia.
Al final me decidí a llamar y mediante súplicas, halagos y zalamerías, conseguí reducir a casi la mitad la factura durante seis meses. Que feliz me sentía, había conquistado a mi operadora, me mantuve firme y obtuve lo que me merecía, había triunfado sobre su rastrero comportamiento. Estaba embriagado por mi reciente victoria y esta nueva sensación no me dejaba ver que mis ansias de poder me llevarían directamente a una catástrofe.

Las letras que siguen a continuación han sido en su mayor parte tecleadas por mi señora esposa ya que fue ella la que sufrió el ataque en primera persona.

Como si olieran su presa o nos hubieran leído el pensamiento, una semana después nos llamaron los de Telefónica, mi mujer cogió el teléfono, una operadora argentina lanzó su mejor disparo que la alcanzó de lleno, su oferta fue la siguiente:
- Imagenio con un pack de favoritos con los canales de series de televisión que nosotros vemos,
- teléfono con llamadas gratuitas a todos los números nacionales e
- Internet, el primer mes a 3 megas pero a partir del segundo a 6 con router wifi gratis

Nos ofrecían todo eso, sin tener que pagar el alquiler de ningún aparato extra y gestionando ellos la baja con ONO, por el módico precio de 31,95 euros al mes más el 7% de IVA, ya que ellos sólo aplicaban el 7% a todo, nada del 16% a una cosa y el 7% a otra.

Aceptamos felicitándonos por nuestra buena jugada, la factura se nos quedaba más baja que con ONO después del regateo, más de seis meses y router wifi gratis.
Asestaba un nuevo golpe a mi operadora, lo merecía por su indiferencia a mi cariño durante todos estos años y pensaba que Telefónica había aprendido, se había dado cuenta que tenía que mimar a los clientes, que ingenuo.

Lo primero que nos extrañó fue que sólo nos mandaran los papeles de la portabilidad para que los firmásemos y, aunque llamamos para reclamar un contrato escrito, nos dijeron que hasta que no firmásemos la portabilidad no nos lo podían mandar.
Por no seguir llamando a número 902 y hablar con otro argentino más -parece que Telefónica se ha aprovechado más que nadie del corralito- firmamos la portabilidad puesto que nos aseguraban que lo que nos había dicho la comercial era correcto y que cuando firmásemos nos mandarían el contrato.

Hoy por fin ha aparecido el técnico de Telefónica, la portabilidad ha sido aceptada y ONO nos ha dado de baja del teléfono y venía a instalarnos el Dúo.
¡¡¿Cómo que el Dúo?!! Nos hemos quedado los dos con cara de gilipollas.
Le hemos explicado que nosotros hemos contratado el Trío, Imagenio+teléfono+Internet y que insistimos en ello especialmente con los comerciales. Pero el técnico, muy educadamente, nos ha comentado que en nuestra calle no teníamos cobertura de Imagenio, no era posible porque no llegaba la señal, que él solo podía ponernos teléfono e Internet y que estábamos a tiempo de abortar misión y volver a contratar lo que teníamos con la anterior operadora dejándonos hasta entonces sin teléfono. Por supuesto le he dicho que lo montara, a tiempo de darlo de baja siempre estábamos.

Aquí es donde mi mujer, montando en cólera, dijo: Arre cólera Arre!!! (no he podido evitarlo) Y cogiendo su móvil con fuerza se encerró en una habitación para cantarle las cuarenta a Telefónica.

Después de miles de llamadas al 1004 y al departamento de promociones de telefónica, le dicen que como ha solicitado la portabilidad que si no queremos el Dúo que nos quedamos sin nada y que tenemos que ser nosotros los que gestionen la contratación de nuevo con ONO o con la compañía que nos de la gana, que lo único que pueden hacer es ofrecernos canal digital pagando 18 euros más al mes, más el alquiler del aparato. Puede oír partes de la conversación y doy gracias por no ser argentino operador de Telefónica.

Tras rechazar, educadamente, la oferta al canal digital, la invitan a llamar de nuevo al 1004 y tras exponer por quinta vez el caso, llega hasta el departamento de calidad, donde una chica muy amable le dice que, efectivamente, el fallo es de ellos puesto que en sus bases de datos consta que en nuestra dirección no hay cobertura de Imagenio -además tendría registrado que el comercial nos lo ofertó- que nos anula la cláusula de permanencia para que, si lo deseamos, gestionemos el servicio con otra compañía (en ese momento mi mujer le explicó claramente donde se podía meter la cláusula de permanencia de un servicio que no es el que se nos había ofrecido) y nos ofertaba quedarnos con el Dúo de 3 megas por 25.90€ más IVA, es decir, con una rebaja de poco mas de 5€.

Después de mucho negociar y de comentarle que ante la falta de soluciones satisfactorias sólo nos quedaba denunciarlos en la oficina del consumidor, ha quedado que nos llamarán el sábado para intentar hacernos una oferta mejor. Pero algo me dicen que nos comeremos los mocos, que siempre se salen con la suya y tendré que buscarme la vida por otro lado.

Hace una semana yo tenía teléfono, una pack de televisión muy completo, conexión a Internet de 4 megas y, tras la negociación, pagaba 40€ aproximadamente. Me llama Telefónica, me dice que voy a pagar menos por más y decidimos cambiar de operadora porque te van a mejorar el servicio, pero, ¡¡Oh, sorpresa!! Resulta que es una estafa (no creo que se pueda llamar de otra manera), pagamos casi lo mismo que con ONO, sin televisión y con 3 megas de conexión a Internet (sin previsiones de cuando serán 6 megas), tengo la sensación de que el españolito de a pie está desprotegido antes estás acciones, debería existir un cuerpo especializado que persiguiera estos fraudes y les diera tratara como se merecen.
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Julio 22nd, 2008

Increíble

Posted by Peter Parker en cosas mías

Dicen algunas lenguas -las malas probablemente- que mi señora esposa y yo NO somos una pareja modelo. Lo sueltan con un retintín despectivo, pero me parece adivinar en el fondo un débil y oculto sentimiento de envidia.

No se exactamente que se puede entender por pareja modelo pero puedo barajar varias razones por las que nos salimos de ese estereotipo.

Me inclino a pensar que quizá sea por nuestra peculiar “política” de salidas nocturnas, salimos tantas veces juntos como veces salimos cada uno por su cuenta. Ella queda con sus amigas, cena y se va de bailoteos, yo salgo con los amigos, bebemos y le tiramos, ineficazmente, los trastos a todo bicho viviente…, lo normal. Y al día siguiente nos ponemos al corriente de lo que ha hecho cada uno.

A lo mejor es por las películas porno que hay por casa y que alguna vez, tiempo atrás, he intercambiado con algún amigo. Algo que mi mujer tolera, e incluso comenta su existencia, sin inmutarse y eso que tiene más que claro que los tíos no vemos el porno por los diálogos, la trama o los efectos especiales (bueno, por esto último puede que si).
Una vez, hace tiempo, un amigo se la presentó a otro amigo común como la mujer de “el del porno”. Menos mal que no lo escondo y lo tiene clarísimo, porque en otras circunstancias podría haber sido catastrófico. Me puedo imaginar la escena al llegar a casa, todos los cajones y los armarios o posibles escondites abiertos y rebuscados y en el centro del despacho una pequeña hoguera. Junto a las cenizas de mi colección de comics, los restos derretidos de mis mejores títulos: “la noche de los zombis calientes”, “sirven pizzas comen trancas”, “abierta hasta el amanecer”, “bailando con lobas” y “Conejito Dundee”. Creo que de encontrarme con esa imagen me tiraría al fuego para detener mi sufrimiento.

Tal vez esto de los Miércoles Fotográficos también tenga algo que ver, no debe ser muy normal que la mujer te anime a acostarte a las tantas de la madrugada viendo fotos de tías en pelotas para luego escribir sobre su vida privada y que además sea ella la que te haya regalado el dominio.

Otra razón podría ser como celebramos los aniversarios, parece que fue ayer pero hoy hace ya tres años que me casé. Estas fechas son una putada porque el cumpleaños de mi mujer es también en breve y como soy un desastre haciendo regalos o montar planes sorpresa empiezo a llamar a amigos para pedirles consejo o pringarlos para que me ayuden con el regalo. Al final acabo muy estresado y nunca llego a tiempo con nada. Así que prefiero que se encargue ella y me dejo llevar.
La celebración de este año ha estado muy bien, primero nos hemos ido al cine en plan parejita, hemos visto Hancock (la última de Will Smith donde hace de un superhéroe borrachuzo que no soporta que le llamen capullo), a mi lado cuatro adolescentes retransmitiendo toda la película, si salía un perro: “-Qué graciosooo”, si salía un niño: “-Que monoooo”, si salía Will Smith sonándose los mocos: “-Que ascoooooooo”, así hasta los títulos de crédito.
Después cenita romántica en el McDonalds, adolescentes, preadolescentes y postadolescentes por todas partes. Si hubiéramos cerrado el local y tirado la llave con todos dentro se hubieran quedado la mar de contentos y el resto del mundo también la mar de contento.
Esta vez me lo he currado mogollón con el regalo, he impreso unas fotos mías, las he enmarcado y se las he regalado, se ha quedado más contenta que unas castañuelas. Bueno, la composición de fotos la ha hecho una amiga y su hermano ha ido a recoger el marco, pero la idea ha sido toda mía.

Considerando todas estas razones no se puede decir que seamos una pareja diferente, de hecho yo soy el típico tío, vamos que cumplo todos los tópicos, festero, nada detallista, friky y porno-adicto. Donde parece que está realmente la diferencia es en ella, no necesitaba la lista para saber lo fantástica que es [ver foto][ver foto]
y las cosas increíbles que hace [ver foto].
No me puedo creer la suerte que tengo, me ha tocado la lotería [ver foto]
. Ojito con que alguno se acerque con la intención de quitármela, estoy vigilando [ver foto].

Julio 2nd, 2008

Diario de un embarazo III – Quemando las últimas naves

Posted by Peter Parker en cosas mías

Ya me viene advirtiendo mucha gente que se me acaba la buena vida, que en cuanto nazca el crío no voy a tener tiempo para nada. Se acabó salir con los amigos y se acabó el deporte. A partir de ese momento solo paseos por el parque y a echar barriga de verdad.

Me he propuesto aprovechar hasta el último momento, empezando por el deporte, he llegado a ir al gimnasio por la mañana, squash al mediodía y partido de fútbol por la noche, menos mal que ese día mi señora no me pidió guerra, ni remando juntos hubiéramos llegado a buen puerto.

Con las fiestas lo mismo, no me pierdo una. Si algún grupo de amiguetes se juntaba para ver un partido de la Eurocopa, allí estaba yo. No había visto un partido en la tele en toda mi vida, ahora me he tragado el de Italia, el de Rusia y por supuesto la final contra Alemania.
Si algún amiguete sale por la noche, me apunto. Una cena de antiguos alumnos, allí estoy yo. Lo que sea.

Hace un par de fines de semana estuve de despedida de soltero sábado y domingo.
Menudo festival, creí que no tenía edad para esas cosas, veinte tíos, todos de amarillo, después de una cena en un marco incomparable (me han pedido que no de detalles), dedicándose a perseguir mozas en las hogueras de Alicante, bailando con unas y con otras y fotografiándose con todas, típico divertimento enriquecedor e inofensivo.

En el lado contrario a mis escapadas lúdico-nocturnas y actividades vigoréxicas se encuentran los incesantes intentos de mi mujer en forjar mi temperamento y hacer brotar en mi personalidad un leve atisbo de paternidad responsable.
El sábado pasado estuvimos en el chalet con algunos amigos, en total tres bebés y dos embarazadas. Cambiar pañales es duro, mecer a un niño para que se duerma aguantando su llanto pone a prueba la paciencia de cualquiera, pero me di cuenta de que se estaban intentando modificar mis patrones de conducta cuando me toco hacer la paella a leña para diez personas. La paella del fin de semana es un signo inequívoco de que estás construyendo un núcleo familiar, es la entrada a un bucle sin fin que no tiene escapatoria posible. Para ser la primera que hacía se podía comer, pero creo que ya no hay salida posible.
Por si esto no fuera bastante al día siguiente acudimos al chalet de unos amigos para celebrar un nuevo nacimiento, el equivalente a un bautizo pero sin iglesia, cura o pila bautismal. Aquí no sabría decir cuantos lactantes y niños menores de cuatro años nos rodeaban, supongo que mi mujer pretendía darme clases intensivas o una especie de terapia de choque, percibo atisbos de crueldad, pero no puedo probarlo. Por suerte logré huir hacia la piscina, sumergirme hasta la nariz y, ausente de llantos, caquitas y moquitos, conseguí relajarme y rememorar las escapadas recientes.

La mejor de las ellas fue la organizada por mi empresa. Nos llevaron a todos los que quisimos apuntarnos a ser público del programa de Buenafuente y, como ya he dicho, no me pierdo ni una.
Tren pagado, hotel pagado, comidas pagadas y salida por la noche barcelonesa pagada. Y para más aliciente perdiendo días de curro. (como mola mi empresa, si me subieran el sueldo ya sería la caña)
¿Quién iba a decir que pedirían voluntarios para tirar penaltis a Buenafuente?
¿Quien iba a decir que mi amigo Felipe me convencería para que saliera?
¿Quien iba a decir que iba a colar un golazo y ganarme una tele de plasma?
[ver foto del gol]
(Por si hay alguien a quien no le he dado suficiente la paliza o no lo ha visto aquí puede ver el video)
Llevo años jugando al fútbol y jamás he metido un gol como ese, colocada perfecta, rozando el poste y pillando desprevenido al guarda meta, y encima con público y en directo, que subidón.
Con el pedazo de tele como la que me he ganado (que todavía no me ha llegado) no se como pretende mi señora que me centre en mi futura paternidad, además tengo el ego como un tren de mercancías, me siento un futbolista de élite y da igual si salgo de fiesta o juego al fútbol, tengo tanta confianza en mi mismo que estoy seguro de que la meto.
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Junio 25th, 2008

Diario de un embarazo II – Remando voy, remando vengo

Posted by Peter Parker en cosas mías

Iba diciendo la última vez que cuando el barco va despacio el capitán pone a remar a los marineros para demostrar su vigor.
Se puso en duda mi eficacia y se me ordenó ponerme a remar para analizar si mis soldaditos funcionaban a pleno rendimiento.
Lo primero que hice fue dirigirme al médico de cabecera para exponer mi caso e iniciar el proceso.

- Buenos días señor, se presenta el marinero Parker con las órdenes del capitán. Hay que hacer un reconocimiento de la zona interior escrotal, es necesario comprobar movilidad, densidad de población y viscosidad del medio
- Correcto, aquí le indico los parámetros a seguir. Lleve este papel a la ventanilla y solicite fecha para realizar la entrega.

Una vez en la ventanilla presenté el papel y allí una amable secretaria/enfermera/auxiliar con bata blanca me entregó a cambio un botecito, indicándome que debía depositar en el la muestra y presentarlo tres días después en esa misma ventanilla antes de las nueve que es la hora en la que tiene lugar la recogida.
No se me ofreció ningún tipo de material gráfico erótico-festivo para facilitar la extracción, ni un guante rugoso para mejor agarre al remo, ni se me informo que durante algún periodo de tiempo (entre tres y cinco días) debía estar en abstinencia marital, ni que las muestras pasado un cierto tiempo no tienen valor. Me alejé nervioso, indefenso y desinformado.

El día D, a la hora H me presenté en la ventanilla con el trabajo hecho, la muestra en el bote, el bote en una bolsa y la bolsa en un bolsillo ancho de un pantalón seleccionado para la ocasión.
Cuando deposité la razón de mi visita en la repisa de la ventanilla una secretaria/enfermera/auxiliar con bata blanca distinta a la que me atendió la vez anterior me miró con sorpresa y me explicó que ese no era el lugar de entrega y que, probablemente (es decir con un atisbo de duda), debía de entregarlo en el centro de salud de Serrería II antes de las nueve y cuarto de la mañana que era cuando el tío de la nevera pasaba a recoger las muestras y se las llevaba a un laboratorio secreto, situado, seguramente, en una antigua estación de metro abandonada.

Disponía de poco tiempo, y no tenía idea de donde estaba el centro de salud, por suerte el coche estaba cerca. Puse el aire acondicionado en su máxima potencia pensando que sería bueno para mis soldaditos, puesto que en todo momento hablaban de que se recogían con una nevera, y accioné el turboboost. Después de dar varias vueltas pude aparcar en una callejuela peatonal a unos trescientos metros de lo que creía que era el principio de la calle Serrería (luego resultó ser el final).
Con el miedo en el cuerpo por una posible multa y el bote bien cerrado en el bolsillo corrí buscando el número dos de dicha calle, pero al no encontrar referencias numéricas me metí en lo que me pareció un centro de salud.
Me dirigí al mostrador de información y tras recuperar el aliento, pero sin sacar la bolsa expuse mi caso. La secretaria/enfermera/auxiliar con bata blanca de turno me indicó que el centro de salud Serrería II estaba en la calle Pedro de Valencia número 28 que por suerte se encontraba al girar la esquina después del final de la calle, a escasos cien metros.
Llegué a otro mostrador, esta vez si saqué del bolsillo la bolsa confiado de haber llegado a mi destino, no sospechaba lo lejos que estaba de conseguirlo.
Un nuevo soldado imperial con bata blanca me informó de mi error, por allí no iba a pasar la unidad de criogenización con carbonita y que debía dirigirme al hospital clínico materno-infantil en el cuadrante alfa.

Volví al coche raudo, puse el aire y accioné el turboboost, tardé poco y esta vez tuve suerte con el aparcamiento. Entré al clínico sudado, despeinado y con un bulto en el bolsillo, me dirigí a la señorita del mostrador de la entrada y volví a contar mi situación.

- Pues no estoy segura de donde tienes que ir - Me dijo - Espera y pregunto.
Cogió el teléfono y marcó unos números
- ¿Puri? Oye, mira, que tengo aquí un chico que lleva un bote con semen ¿Tu sabes donde tiene que llevarlo?
La recepción del clínico estaba abarrotada, intenté hacerme el despistado, pero todos miraban mi bulto en el pantalón.
- Pero ¿Allí no estaban los laboratorios? ¿los han cambiado? Aaah en el segundo, vale gracias Puri.
Me dijo que debía coger el ascensor y salir en la segunda planta (creo recordar), después me dio varias explicaciones de cómo llegar a los laboratorios de las que no recuerdo nada y que debí olvidar a los pocos segundos de salir del ascensor, porque no tardé ni un minuto en perderme. Tras varias vueltas buscando alguna indicación encontré otro mostrador con dos mujeres que no tenían la más remota idea de que era lo que yo buscaba, me hicieron pasar a un pasillo contiguo donde debía esperar a que salieran unas enfermeras a las que podría preguntar.
Vi un par de enfermeras a través de un cristal traslúcido sentadas hablando de sus cosas sin ninguna intención de salir en un futuro inmediato, a mi alrededor, esperando, más de diez personas, ninguna de ellas con un bulto en el bolsillo.

No se si fue inspiración divina o que le di pena y preguntó, pero una de las mujeres que poco antes ignoraban donde estaba mi destino volvió para buscarme. Me sacó del pasillo y me alejó de la zona que suele frecuentar enfermos y visitantes para llevarme frente una puerta que daba a una especie de oficina, me indicó que pasara y preguntará y se marchó, recuerdo que en ese momento pensé que no sabría encontrar la salida y que probablemente moriría allí de inanición con un bote de semen en el bolsillo.
En la oficina había una mujer escribiendo en un ordenador, me acerqué y por sexta vez en un día hablé de mi semen. Me dio una hoja para que rellenara mis datos. Algo había cambiado por fin.

- ¿Dónde dejo el bote? - Pregunté mientras sacaba la bolsa del bolsillo y el bote (algo pegajoso) de la bolsa y lo depositaba en su mesa
- ¡¿Llevas ahí la muestra?! - Preguntó algo exaltada mientras saltaba un metro hacia atrás con los dedos índices haciendo la señal de la cruz Cuando se hubo recompuesto me preguntó:
- ¿Cuántos días has estado de abstinencia antes de extraer la muestra?
- Tres - Contesté
- ¿Cuánto tiempo hace que se extrajo la muestra?
Había estado remando sobre las nueve menos diez.
- Cincuenta minutos o una hora - Dije mirando el reloj de mi móvil.
- Bueno - dijo con cara de asco - Coge eso y llévalo al laboratorio, al final de ese pasillo, y entrégaselo a mi compañero.
Así lo hice, después encontré la salida del laberinto y pude llegar al trabajo.

Unas semanas más tarde el médico me dio los resultados, lo asombroso es que, a pesar de la aventura, todo estaba bien: movilidad correcta, población abundante, viscosidad normal.
Algún día, si me animo contaré como por culpa de otro análisis me toco remar en el trabajo. Lo importante es tener el remo siempre listo.
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