Noviembre 12th, 2008

Por fin

Posted by Peter Parker en cosas mías, deporte

Ya me advirtieron que iba a ser difícil y que podría pasarlo mal. Si he de ser sincero no hice mucho caso, no creí que fuera para tanto y estaba seguro que tendría mejores cosas en que pensar.

Al principio así fue, te encuentras rodeado de pañales de olor intenso o abrumado por mil llantos que no aciertas a consolar y lo demás te parece lejano, no te preocupa.

El miedo a esta situación nueva y desconocida supera cualquier otro deseo o necesidad. Y el cariño que te embriaga por esa personita de medio metro te tiene completamente absorvido. Si a esto le añades las pocas horas de sueño que disfrutas y el cansancio acumulado olvídate de tener fuerzas para nada más.

Cuando se acaba la baja de paternidad y vuelves a la vida laboral normal hay unos pocos días en los que el cansancio se agudiza, pero, por lo menos en mi caso, es la mujer quien carga con el peso de las noches en vela. Ayudo algo, pero generalmente no me avisa y me deja dormir para que no me quede indispuesto sobre el monitor con la babita humedeciendo el teclado. Así, poco a poco, se van recuperando fuerzas y ganas.

Además, aunque solo sea para ir a trabajar, sales más, te relacionas con más gente y te da el airecito, todo esto despierta el espíritu y desentumece los músculos. Y es entonces cuando empiezas a echarlo de menos, a ser consciente que hay algo que falta y que tienes unas necesidades que no están siendo cubiertas, pero también sabes que tienes unas obligaciones y que no depende solo de ti.

Con el paso de los días la escasez va siendo menos llevadera, crees que puedes aliviarte por tu cuenta pero tristemente descubres que no te llena de la misma forma. Antes podía servir porque era algo complementario, ahora es como aliñar un plato de ensalada sin ensalada. Sales a la calle y todo te lo recuerda, solo piensas en eso, tus conversaciones giran en torno a eso, todos tus comentarios llevan una alusión, empieza a convertirse en una obsesión.

Por fin este fin de semana, sin estar seguro de que fuera a ocurrir, terminó la espera. Parece que los astros se pusieron de acuerdo y los planetas se alinearon en alguna galaxia lejana.

Había pasado tanto tiempo que me encontraba un poco inseguro, estas cosas se olvidan, la maestría se alcanza con práctica y si dejas pasar mucho tiempo no sabes como va a reaccionar tu cuerpo, puedes hacer un mal movimiento y acabar con todas tus expectativas.

Eché toda la carne en el asador y me dejé llevar por mis instintos. Al final me dolían todos los músculos, lógico porque he perdido algo de forma, pero por lo menos ganamos el partido, aunque mi contribución no fue muy destacada y, teniendo claro que mis escasos ejercicios durante este mes no serían suficientes, aguanté y corrí más de lo que esperaba sin llegar a olvidar del todo como se lleva un balón.

Como se disfruta disputando un partido se disfruta en pocos sitios. Hacía más de un mes que no jugaba, mi cuerpo y mi mente me lo pedían, además fue una alegría volver a ver a mis compañeros de equipo. Amigos, os echaba de menos.
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Noviembre 5th, 2008

Tranquilo con mi bici

Posted by Peter Parker en cosas mías

Me tenía por una persona tranquila, alguien a quien es difícil ver enfadado, aunque si algo nervioso.

Siempre he atribuido el verme alterado en alguna discusión entre posiciones enfrentadas a que no tengo facilidad, y mucho menos, rapidez de palabra, me trabo, no me expreso bien y la persona con la que discuto, ante mi falta de vehemencia, suele intercalar sus argumentos antes de que pueda expresar los míos, con lo que, si no estoy exponiendo con claridad mis razonamientos que considero -como no- incuestionables, acabo levantando la voz y dando la impresión de enfado.

Con el coche soy bastante calmado, si bien cuando tengo prisa soy un poco más temerario, pero no voy pitando a la mínima ocasión o insultando a diestro y siniestro. No me molesta que me adelanten y no me cuesta ceder el paso a otros conductores o peatones (todo un derroche de virtudes).

Recientemente me he sorprendido a mi mismo discutiendo con un amigo por alguna tontería, alterándome por nada o contestando de malas formas. Al principio lo he querido asociar a la falta de sueño, pero no deja de preocuparme que resulte no ser tan apacible como creía.

Realmente pensaba que las únicas cosas que podían sacarme de quicio eran el egoísmo y la falta de respeto por el prójimo (¿donde hay una dama en apuros?) -es cierto que van cogidas de la mano- aunque tampoco he sabido nunca como actuar cuando me he encontrado con alguna de estas manifestaciones afectándome directamente, (soy un poco caguetilla o lento de reflejos).

Analizándome más profundamente he descubierto que cuando me subo a la bici me transformo. Claro que tengo pleno convencimiento de que encima de la bici es desde donde mejor se ve la falta de respeto por el prójimo, concretando más, con el ciclista, pero es que estos días he comprobado que cuando llego a casa, en los breves veinte minutos que me cuesta llegar desde el trabajo, tengo una rabia acumulada a punto de explotar.

Y es que un tranquilo paseo en bici después de la jornada laboral puede ser una prueba para el espíritu. Para circular por Valencia en bicicleta hay que tener cuatrocientos ojos y un entrenamiento militar de élite.

Hay que fijarse en el tío aparcado en doble fila que es capaz de abrirte la puerta cuando llegas a su altura o en el coche que sale del garaje y toca el claxon cuando ya está un metro fuera.

Hay que estar atento a la señora que va con el carrito del bebé pegada al carril bici y sin venir a cuento, ni mirar si viene alguien, decide cruzarlo y plantar el carrito en medio justo cuando pasas.

Hay que rodear a la pareja de enamorados que, cogidos de la mano, andan por el carril bici de color verde como en una nube, mirándose a los ojos e imaginando que pisan un verde prado de la Toscana

Hay que esquivar al rebelde adolescente, que piensa que la acera es suya y el que tenga un color diferente en algunos tramos seguro que es culpa de sus padres y el lo pisa porque le sale de los cojones.

Tener cuidado con no atropellar a los que creen que el carril bici de color rojo es la alfombra de los Oscar y ojito a que en cualquier momento cualquier peatón puede querer cruzarlo y decidir que tiene más derecho que tu.

Cuando voy por la calzada junto a los coches la cosa no mejora, allí no existes para nadie, tienes que sobrevivir como buenamente puedas, ni coches, ni autobuses, ni peatones.

Hace un par de días pasaba bajo un semáforo abierto para mi paso. Si los peatones ven que no vienen coches una bicicleta no es motivo para mantenerse en la acera, así que es común que tenga que esquivar a más de uno que encima cruza sin mirar. Como decía, hace dos días me encontré en esa tesitura, una avalancha de peatones se prestó a saltarse la luz que les impelía a esperar, ignorando completamente mi preferencia de paso, tuve que esquivar a un par, pero al pasar junto a un adolescente imberbe y delgaducho acompañado de una pava de su edad, que ya se encontraban cerca de la mitad de la calzada, el sujeto lanzó algo sobre mi, ignoro si era un papel, un cacahuete o varios mocos que se había ido agrupando hasta alcanzar el tamaño de una aceituna. El objeto se engancho en mi pelo y yo, sin detenerme, solo alcancé a soltar un “-¡me cago en la puta!” que el resto de peatones en plena infracción, a pesar de su desconocimiento de los hechos, censuraron con la mirada imaginando sus propias razones para mi reacción.

A medida que me alejaba mi orgullo iba sangrando con mayor fuerza, lo que sea que me lanzó podría haberme dado en un ojo, pero, aunque no paso nada, yo le daba vueltas a que el niñato se iba a casa con la gracieta en lugar de sin un buen par de ostías que bien se merecía.

Esta tarde he pasado rozando a una pija que me ha gritado con malos modos que tenga más cuidado, pasando yo el semáforo en verde y estando ella esperando a que se cambie plantada en la calzada, a metro y medio de la acera.

Muchas son las veces que voy tranquilo en mi bici deseando no llevar una raqueta en la mochila y en su lugar llevar una catana con la que ir cortando cabezas [ver foto 1], o algo más efectivo [ver foto 2].

Creo que es el cansancio, las horas de sueño hacen mella en el humor de cualquiera, tengo que calmarme y disfrutar de mis paseos en bici [ver foto 3] [ver foto 4] [ver foto 5].

Octubre 22nd, 2008

Un nuevo comienzo

Posted by Peter Parker en cosas mías

Ha llegado a mis oídos alguna que otra queja sobre mis historietas del embarazo, alguna por parte de terceros y no a la cara, que hay mucho cobardica por ahí. Por lo visto me estoy volviendo repetitivo y aburrido.

Bueno, no se hable más, dejo el tema aparcado, ya no pienso volver a comentar más mis experiencias con el embarazo… Por lo menos en bastante tiempo, eso si, que no le extrañe a nadie si empiezo a dar el tostón con pañales, llantos de bebé y noches sin dormir.

Creo que tengo una buena excusa para estas dos semanas de silencio, Nico nació el día seis de octubre y solo puedo decir que fue increíble.

A las nueve y media de la noche del domingo día cinco mi mujer se quejó de su primera contracción, a partir de las diez las contracciones pasaron a ser cada cinco minutos, lo cual nos puso algo nerviositos puesto que el hospital que habíamos elegido para el parto está en Beniarbeig, un pueblecito cerca de Denia a una hora en coche desde casa.

Cogimos la maletita, yo preparé lo mío en ese momento a toda velocidad, para aumentar el nivel de nerviosismo de mi mujer, recogimos a mi madre y pusimos rumbo al hospital.

Por el camino las contracciones pasaron a una frecuencia de dos minutos, cada vez que María gemía por una punzada yo pisaba sin piedad el acelerador y mi madre se agarraba con más fuerza al pasamanos de la puerta como si se la fuera a llevar el viento.

Llegamos a las once y veinte al hospital, entramos en la paridera, estaba todo listo, la estancia era cálida, unas velitas decoraban algunos rincones, nos preguntaron si queríamos probar la piscina y accedimos. Mientras se llenaba puse la música, María había traído una buena selección, entre ella un recopilatorio de “gritonas” que había preparado nuestra amiga Lydia, fue eso lo que sonó durante todo el parto.

Es posible que con el tiempo se diluya todo en mi memoria, pero ahora permanece fresco en mi cabeza.

Recuerdo a María completamente desnuda en medio de la estancia, con sus largas piernas que terminaban en esa perfecta barriga contoneándose al son de la música.

Recuerdo abrazarla en la piscina, intentando en vano que mi estancia allí sirviera de algo.

Recuerdo sus gemidos con cada contracción cada vez más intensa.

Recuerdo los últimos momentos, ya fuera del agua, poco minutos antes de que mi hijo asomara la cabeza, cuando María buscaba la postura idónea, en pie, como si de una valquiria, a una amazona en plena batalla se tratara, con una energía y una fuerza de un guerrero cimmerio.

Recuerdo a María de cuclillas y a la matrona haciendo fotos y colocando un espejo de manera que tanto María como yo pudiéramos ver como Nico asomaba la cabeza y no podría estarle más agradecido por ello.

Recuerdo ayudar a sacarlo y a colocarlo en brazos de su madre.

Y después paz y mucha alegría. Luego tres días en un hotel, porque no se si se le puede llamar hospital a un sitio donde puedes elegir que comer, cenar y desayunar y te tratan tan bien que parece que estás en familia.

Ahora ya hace días que estamos en casa, enfrentándonos a la nueva situación, no se puede decir que no haya tenido tiempo para los Miércoles, todo lo contrario, más bien no existía la necesidad, realmente la vida cambia como dicen, ahora mi mujer me ha hecho el mejor regalo que se puede hacer y yo todavía no se si es real o un sueño.

El pequeñajo duerme, caga y mama y por supuesto llora desconsolado por los cólicos, unos retortijones que le tienen que doler como mil demonios a juzgar por los berrinches que se pilla, es capaz de destrozar los tímpanos y la moral, pero hay momentos en los que lo tengo en brazos, tratando de consolarlo y entonces se tira un pedo y sus labios se tuercen en una sonrisa. Se perfectamente que es alivio, que por fin ha desalojado el aire que le molestaba, pero lo miro y en ese instante no creo que haya nada en este mundo que pueda valer ni la mitad que esa sonrisa producida por un pedo.

Se sufre, somos primerizos y es ley de vida, se duerme poco y muchas cosas no se entienden y asustan. La gente pregunta como lo llevamos, como se porta el niño y algún amiguete pregunta por como llevo la cuarentena, como si tuviera tiempo para pensar en el sexo.

Cuando duermes cuatro horas y todo lo que ves son pañales con una especie de crema color mostaza cuyo olor llega hasta el cerebelo no tienes ganas de nada. A ver si alguien se va a creer que me afecta algo el que al salir a la calle a tirar la basura me encuentre con que Eva Mendez ha fichado por Calvin Klein y está la ciudad llena de fotos de ella semidesnuda.
Cuanta crueldad.
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Septiembre 17th, 2008

Diario de un embarazo V – Empacho de información

Posted by Peter Parker en cosas mías

Lo más destacable de un embarazo es la saturación de datos que sufres durante todo el proceso. Cada día que pasa, o casi cada hora, te enteras de algo nuevo. Todo a tu alrededor tiene que ver con el embarazo o con el futuro bebé. Todo aquel al que le cuentes tu situación tendrá alguna historia que contar o algún consejo que dar.

Lo primero que te sorprende es que las clases de preparación al parto existen, no son una invención de las películas americanas. Todos hemos visto muchas películas de bodas donde el cura siempre pregunta eso de “si alguien tiene alguna objeción en que esta pareja contraiga matrimonio que hable ahora o calle para siempre”. Yo la primera vez que fui a la boda de un amigo estaba nerviosísimo esperando el momento en que el cura lo soltara, tenía la gracia preparada, iba a ser la leche, pero me quedé con un palmo de narices. Al principio pensé que se le habría olvidado, después de alguna boda más ya vi que eso aquí no se decía. Así que yo pensaba que la imagen que vemos en las películas de la pareja sentada en el suelo y el marido cogiendo a la embarazada por detrás mientras esta respira como una loca, era igual, otro invento americano. Pero resulta que no, existen, y ojito con perdértelas, más te vale tener una buena excusa, no sirve eso de que he quedado con los colegas para ver el fútbol o que tengo partida de paddle. Eso es como una secta, empiezan a conspirar, a calentarse las unas a las otras y cuando llegas a casa de tomar tus cervecitas, te encuentras malas caras, la cena sin preparar y de follar ni hablamos.

Aunque se aprende mucho en estas clases yo recomiendo a los maridos que se busquen una buena excusa para no ir, no es nada aconsejable estar en una sala llena de mujeres de enormes pechos hinchados por el embarazo haciendo movimientos pélvicos encima de una colchoneta, es mucho peor que hacer aeróbic.

Aprendes sobre el embarazo, sobre el parto y sobre lo que te espera con el bebé y siempre hay algo nuevo que no sabías. Nuevas palabras o distintos significados de las palabras que ya conocías.

Un entuerto, que siempre había pensado que era una especie de lío o desaguisado, o tendría que ver algo con un pirata, y resulta que son contracciones bruscas del útero, que tienen lugar después del parto para reducir la matriz (cá-ga-te lo-ri-to).

El calostro, que es como podríamos llamar a mi amigo Antonio que siempre va más salido que una esquina, resulta que es la primera leche materna.

El “aspira-mocos” del que desconocía su existencia y estoy seguro que hubiera vivido más feliz permaneciendo en la ignorancia, su sola mención me da escalofríos, si imagino como se utiliza seguramente podría caer inconsciente.

El colecho, el método Estivill, Isofix y el meconio, esto último es la primera caca que tira el bebé, verde oscura y pegajosa, solo verla debe acojonar de verdad, no me quiero imaginar como será olerla.

Pero la palabra que más afecta al padre es el puerperio, es decir, el periodo de cuarenta y cinco días después del parto en el que no se pueden mantener relaciones sexuales. No basta con estar relegado a un simple pinche o mozo de carga y que un renacuajo de menos de cincuenta centímetros toque más teta que tu, además tienes que aguantar cuarenta y cinco días de alemanitas, esta claro que esto de la paternidad va a ser una dura prueba.

Luego están las mil cosas que tienes que comprar, la cunita, el cambiador, el pelele, las polainas, los patucos, el moisés (que es lo que vulgarmente llamaríamos capazo pero en plan bíblico) y lo último que hemos descubierto que es completamente imprescindible para el correcto desarrollo y crecimiento del bebé: el Tummy Tub, la bañera de los bebés felices.
Bañera si se le puede llamar así, porque es más bien una palangana de plástico que seguro que hace el mismo papel que un cubo comprado en los chinos por tres euros, pero hay que comprar el original que cuesta casi cincuenta euritos, no vaya a ser que el niño tengo un trauma. Yo me imagino al niño metido en la jofaina esa, mirándome con cara de “¿Por qué me hacéis esto?” y estoy convencido que no me lo perdonará nunca.
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Septiembre 3rd, 2008

Diario de un embarazo IV - El padre que no lo es tanto

Posted by Peter Parker en cosas mías

Dicen por ahí que durante el embarazo el marido-pareja-inseminador -dígale como usted quiera- todavía no se le puede llamar padre, que no es muy consciente de lo que se le viene encima y que tampoco sufre el embarazo como tal.
No hay nada más falso y quien dijo eso seguramente no ha acompañado a una mujer en ese largo y escabroso proceso. Nadie sabe lo duro que es ser la pareja de una mujer embarazada hasta que lo vive.

Ya avisan que, cuando nazca la criatura, el padre cuenta menos que un bolígrafo verde sin tinta y afirmaciones como esta sirven para ir acostumbrándolo a lo que va a venir. Luego el día a día le va dejando pistas claras de cómo va a ser considerado en un futuro próximo.

Yo os aseguro, sin lugar a dudas, que el padre aguanta el embarazo y lo sufre en sus propias carnes. Se le trata como un ente abstracto y superfluo que ya ha cumplido su papel y no se cuenta con él para nada. La madre y la gente que la rodea lo ningunean y le asignan todo tipo de tareas rutinarias y pesadas sin ninguna gratificación.

Recuerdo un viernes que había salido tarde del trabajo y después había tenido que pasar por un par de sitios antes de llegar a casa. Al reloj le faltaban pocos minutos para marcar las nueve de la noche y me encontraba algo cansado, estaba empezando a ponerme el pijama para disfrutar, fresquito y cómodo, de una de mis series favoritas, cuando oigo la voz de mi mujer que, completamente espatarrada y con la barriga al aire, me grita desde el sofá:
- Cariño ¿Te importaría pasarte por Mercadona antes de que cierren y comprarme unos polos de limón? Es que me apetecen mucho y con el calor que hace nos vendrán muy bien a los dos.
¿A los dos?¿Qué dos? Si yo no quería nada, por supuesto se refería a ella y al niño. Yo ya no aparecía en la ecuación.

Un día llegó por casa con un bote enorme de banderillas, de esas que tienen pepinillos y cebollitas en vinagre, jamás habíamos tenido nada parecido en la nevera, le duró dos días, creo que yo probé una. Algo más tarde oí como le decía a una amiga:
- El embarazo genial, ni mareos ni nauseas ni antojos.
Nada de nada, las banderillas serían para matar el gusanillo y los polos se los habrá recetado el médico, porque desde entonces se toma uno cada veinticuatro horas.

Otro de los problemas es el calor, de todos es sabido que las embarazadas sufren de unos calores asfixiantes durante gran parte del embarazo, y mucho más si es verano.
Para paliarlo un poco tenemos el ventilador encendido toda la noche a máxima potencia.
Ella duerme la mar de bien, incluso a veces se levanta diciendo que ha pasado algo de calor, mientras yo me levanto con el moquillo colgando o a mitad noche me despierto tiritando y acabo tapándome hasta las orejas. Poco a poco estoy perdiendo la salud.

Todas estas cosas, dentro de lo que caben, son lógicas, el marido tiene un valor insignificante completamente supeditado al bienestar de la mujer preñada y tiene que acostumbrarse. De lo que no me habían advertido es que el embarazo fuera contagioso o por lo menos sus síntomas más agudos y acostumbrarte a esos cambios tan bruscos en tan poco tiempo es una agonía.

Achaqué que estaba engordando al veranito, se come más y dejé de hacer deporte porque no tenía tiempo para nada. Cada día, hay que comprar algo para el bebé, que si un pijamita, que si las sábanas para la cuna, incluso un termómetro para el agua de la bañera. Y lo que nos queda, mi mujer tiene una lista que no nos la acabamos ni pidiéndolo para los Reyes Magos. Además hay que cambiar bombillas por otras que alumbren más, poner cortinas de colores, colocar trampas para cucarachas y reubicar la ropa para que quepa la del niño. Así que no presté atención a esos quilitos de más y pensé que era normal porque con tanto ajetreo no me estaba cuidando. Ahora me he dado cuenta que ella come por dos pero yo por cuatro.

Empecé a mosquearme un poco con el insomnio, pero culpé al calor. Más preocupante fue cuando me dio por levantarme varias veces de madrugada para ir a mear. Por suerte no he tenido mareos, pero un tío que puede comerme un zumo de limón recién exprimido antes de acostarse o un plato de curry picante como si nada y ahora va y tiene acidez, es para flipar.

Puedo pensar que todo esto es debido a la alimentación o nervios por lo que va a venir pero no puedo entender lo que me pasó el martes pasado frente al televisor, se me cayeron unas lagrimillas viendo un anuncio de cerveza. Yo soy un tiarrón, no puede ser que por ver a cuatro colegas en la barra de un bar, celebrando su amistad con unas tapas y unos tercios se me cayera el mundo al suelo, está claro que tengo las hormonas revolucionadas.

Ojalá eso fuera todo, no os podéis imaginar lo duro que es un embarazo. Pase lo de los quilitos de más, pase lo del insomnio, las meaditas de madrugada y la acidez y pase por las lagrimillas en los anuncios de exaltación de la amistad, pero lo de esta mañana es inconcebible, el colmo, me he levantado y tenía irritados los pezones ¡¡Me cago en to!!
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