Los miércoles el cine es nuestro – 3ª entrega
Existen muchas películas, del género que nos atañe, que utilizan en su título el clásico símil entre un arma y el miembro viril. Es un recurso muy utilizado en este género y no creo que fuera capaz de enunciarlas todas, pero en este momento me vienen a la cabeza dos de ellas que merecen especial mención. La primera es “Si yo no soy Curro Jiménez que hago con este trabuco” y la otra es “El maestro de esgrima”.
Dos títulos inequívocamente de cine porno que no dejan duda sobre la tema que tratan ambas cintas.
La primera, que supongo todos conoceréis no tiene una trama muy complicada. El protagonista y su banda de forajidos recorren la geografía andaluza en la época de la Guerra de la Independencia Española poniéndole las cosas difíciles a los franceses y a la Guardia Civil, huyendo de estos después de acabar una buena faena.
El grupo de bandoleros va visitando los pueblos y asaltando diligencias enseñando a las mujeres lo que se puede hacer con un buen trabuco.
Podríamos decir que el argumento es una mezcla entre “El equipo X” y “Robin Cock”.
Crítica: Lenta en algunas ocasiones, el director parece confiar demasiado en las enormes aptitudes del protagonista dejando en segundo plano la interpretación de las pueblerinas que, obviamente, sufren una enorme presión en diferentes momentos de la película.
Excelente la fotografía, inolvidable la orgía de trabucazos entre los bandoleros y un grupo de soldados francesas bajo los olivos de la Sierra de Cazorla.
En el caso de la segunda, la trama es algo más complicada.
Jaime Astalarga -un apellido que vale un imperio- es un reputado maestro del arte de la esgrima que se gana la vida enseñando a jovencitas lo bien que usa su espada. Las jovencitas, entre mandobles, fintas y estocadas acaban abatidas tras el duro aprendizaje al que las somete, eso si, siempre con ganas de repetir.
A pesar de tratarse de un hombre maduro, su estupenda forma física le permite manejar su espada mañana y noche y contentar a sus discípulas en todo momento, hasta que entra en escena Adela del Melonero. La cual con sus dos enormes atributos superiores, por los que probablemente se haya ganado el apellido, y su experimentado juego de muñecas, encandila al maestro y absorbe todo su tiempo y energía.
Pero poco a poco se va descubriendo que Adela está envuelta en un oscuro misterio. Los encuentros con Don Jaime son siempre en la penumbra y sus precisos y sinuosos movimientos llevan a que el maestro acabe dando siempre la estocada por detrás.
Al final se aclara el engaño, Adela del Melonero se llamaba antes Fulgencio Spaguetini y cuando nuestro héroe, medio hipnotizado por el melonar, menos se lo esperaba, este trata de clavarle el spaguetini por la espalda, por suerte, en el último momento el maestro se percata de la estocada a traición y logra esquivarla asestando un “tajo bajo” a su contrincante y logrando así salvar su honor.
Después de tan traumática experiencia Don Jaime de Astalarga volvió a impartir clases con su espada, eso si, siempre con la luz encendida.
Crítica: Muy trabajada la coreografía de los combates con espada, acción trepidante que combina planos generales con primeros planos de manera muy acertada.
Final poco creíble, si el tío era un experto en el tema como se deja negar tan fácilmente.
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