Miércoles Fotográficos

Me han timado

Posted by el Miércoles, abril 14th, 2010

Efectivamente y esta mañana, en el espejo, he visto la cara, de la que hablaba Ernesto Alterio en la película, que se le queda al incauto al descubrir que ha sido engañado.

Esta claro que no te puedes fiar de nadie pero siempre es doloroso darse cuenta. Supongo que me dejé deslumbrar por su palabrería, por esos modales refinados, esa educación a la antigua que parecía almacenar unos profundos valores. También influenció, lo reconozco, el lujo que le acompañaba, ni lo exhibía ni lo ignoraba, parecía algo natural en él, como si hubiera nacido con todos al alcance de su mano pero sin olvidar el valor de las cosas.

Rezumaba sabiduría potenciada por unas, levemente marcadas, líneas de expresión que, junto a sus angulosos rasgos, le conferían un atractivo difícil de ignorar. Sabía que decir y como decirlo y, aunque traté de ponérselo difícil, ahora creo que desde el principio supo que acabaría firmando el contrato.
Sus ayudantes también tuvieron su parte, fueron allanando el terreno, Me hacían ver lo que podía llegar a conseguir, lo que no me podía perder, parecían conocer aquello con lo que yo ya había soñado más de una vez y eran capaces de mejorarlo.

Desde niño siempre había deseado tres cosas, cosas que sabía imposibles pero con las que no costaba nada soñar, y este personaje aseguraba que podía concederme una de ellas.
Era joven, tendría poco más de veintitrés años, eran otros tiempos, yo era más inocente, en aquella época se confiaba más en la gente o quizá era más influenciable.
Tal vez no debí creerle, huir de esas fantásticas promesas, pero su personalidad y seguridad me tenían hipnotizado, no pude resistirme.

Me habló de sus clientes satisfechos para demostrarme que no se trataba de solo palabras. Un tal Fausto fue uno de ellos, me explicó que en este caso falsos rumores habían enturbiado el final del contrato.
Sabía que el precio era alto, pero valía la pena, además pasaría mucho tiempo hasta que tuviera que pagar y, tal vez, entonces no me importara.

Firmé con mi sangre y comprometí mi alma a aquella representación a medida de Mefistófeles. La cláusula principal decía que se me garantizaba la juventud y la inmortalidad hasta transcurridos un mínimo de doscientos diecisiete años y un máximo de cuatrocientos treinta y cuatro.

Esta mañana, mientras me afeitaba he descubierto, no una ni dos, sino tres canas. Eso es imposible, todavía es pronto, está claro que me han timado, a ver si encuentro donde presentar una queja o me voy directamente a la oficina del consumidor.

Como pille al individuo este o a alguna de sus ayudantes se van a enterar, tan solo han pasado ciento noventa y cuatro años desde que firmé el contrato. [ver foto 1] [ver foto 2] [ver foto 3]

Archivado en relato | 3 respuestas

3 Respuestas to “Me han timado”

  1. Toniel 15 abr 2010 a las 7:55 1

    Muy buena referencia a Malviviendo, o eso me ha parecido…

    El negro : “no una ni dos NI TRES, sino tres canas”

    Ajo y agua…

  2. Peterel 15 abr 2010 a las 10:24 2

    Pues he visto algo de Malviviendo, aunque no con el detalle como para retener esa gran frase, lo siento.

  3. Vara de Reyel 15 abr 2010 a las 11:47 3

    A esos echales un galgo… Me da que ya no los encuentras. ;op

    Muy bueno el relato, sigue así. ;o)

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