Miércoles Fotográficos

Traición

Posted by el Miércoles, julio 15th, 2009

La traición con todo su esplendor y sus consecuencias es algo que tenía por obsoleto, que solo existía unido a un desengaño amoroso en libros de Corín Tellado. El despecho de un marido o un amante que provocaba la humillación y la desolación en la protagonista de la historia hasta que encuentra ese gran amor que cura todas sus heridas. Tal vez también en novelas o películas de corte medieval donde un caballero se ve abandonado en la batalla o incluso atacado por hombres en los que confiaba, llevados por oscuras alianzas o intereses egoístas.

La traición es una herida difícil de curar. Es como una daga que te atraviesa un costado, no llega a matar, pero tampoco se cierra, va soltando pus días tras días, no dejándote olvidar el dolor, ese dolor agudo mezclado con rabia y rencor.

La traición es mayor cuando quien te la inflige es alguien de tu confianza, alguien con quien compartes lazos estrechos, alguien con quien te une una amistad, con quien has combatido en las batallas de la propia vida, alguien con quien has disfrutado momentos irrepetibles que perdurarán en tu memoria, alguien de quien nunca te lo esperarías.

La traición que sufrí hace unos días fue sencilla, cruel y sin arrepentimiento por parte de quienes la perpetraron, como deben ser las buenas traiciones de esas que elevan el sentido de la palabra a un nivel superior.

Todo empezó semanas atrás. Empezaron a circular correos electrónicos entre los miembros del equipo de fútbol para acordar el día de la esperada cena de despedida de la temporada. Una temporada que ha acabado con nuestro equipo en la primera posición, algo que había que celebrar por todo lo alto. Solo puse una condición: que no se eligiera el día diez de julio porque tenía la cena de verano de la empresa.

Algunos ya os habréis imaginado lo que ocurrió, se hizo caso omiso de las herramientas para la elección del día y no se dejó, a penas, tiempo para valorar otras opciones. Se decidió que fuera el día diez y se reservó la mesa en tiempo record, no hubieron voces que se levantaran en protesta por dejar a un miembro del equipo fuera salvo la mía. Mis “fieles compañeros” de equipo de fútbol me dejaron fuera de la celebración sin pestañear.

Me engañé pensado que éramos como los mosqueteros, uno para todos y todos para uno, que las derrotas sufridas y las victorias obtenidas a base de sudar la camiseta nos unían sin fisuras, que la camaradería en el vestuario era inquebrantable, que los almuerzos eran un santuario sagrado donde el guerrero se reponía de las heridas del combate.
Hemos peleado contra rivales dentro y fuera del campo y planeado tácticas que nos han hecho líderes o sumido en vergonzantes goleadas. Hemos alcanzado una simbiosis perfecta en el terreno de juego, tal que en ocasiones basta una mirada para entenderse sin necesidad de hablar y hemos ganado una liga con el esfuerzo de todo el equipo, pero, después de la puñalada recibida, todo esto se ve borroso y en el vestuario se respira un pequeño tufo a heces de bovino.

Por supuesto no dejé de aprovechar el día 10 y en vista de la traición traté de buscar distracciones que pudieran calmar mi rabia [ver foto 1] [ver foto 2] [ver foto 3] [ver foto 4], tuve bastante suerte.

No me considero una persona vengativa, pero la herida no se cierra y el dolor no me deja olvidar, no se que puede pasar si algún día los tengo a todos a mi merced, tiempo lo dirá. [ver foto 5] [ver foto 6]

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