Miércoles Fotográficos

Ser hijo no es fácil by Guerrer13

Posted by el Miércoles, junio 24th, 2009

<Peter>Tenemos nueva colaboración, espero que la disfrutéis</Peter>

La verdad es que me hace mucha ilusión escribir este post en este blog que espero con expectación en mi bandeja de entrada cada jueves y, lo creáis o no, no es por las fotos aunque, he de reconocerlo, son una buena manera de alegrarse la vista por la mañana, en lugar de tener que ver a mis compañeros de oficina. ;)

He empezado a escribir el post el viernes cuando, en realidad, el acontecimiento al que me refiero acontecerá (y valga a “rebuznancia”) mañana sábado, D.M. Y me comprometo a no borrar nada de lo que escriba hoy cuando mañana o el domingo afronte el reto de acabar este post. Sin censuras, como debe ser…

¡Basta ya de rollos! Mi propósito es instruiros sobre lo duro que es ser hijo. Sí, sí…siempre se ha dicho que ser padre es muy duro que, tan pronto viene tu hij@ al mundo es un empezar a sufrir (no come, come mucho, no caga, caga mucho, caga en colorines, no anda, no para de andar, etc.) y, los que tenemos hij@s lo sabemos muy bien (yo tengo dos) pero, ¿alguien se ha parado a pensar en cómo ven esos locos bajitos las cosas? Yo creo que no, que la empatía la perdemos tan pronto el enano o la enana sale del vientre materno. Y, claro, yo no iba a ser una excepción…

Mi obsesión para con mis hijos es poner en práctica el lema (creo que) griego de Mens sana, in corpore sano. Quizá sea porque en el cole era el típico empollón patoso del que todo el mundo se reía y siempre me “puse a Dios por testigo de que no volvería a pasar hambre”. Quizá por eso tengo la colección completa de Little Einstein, Baby Einstein e incluso un póster de Einstein; quizá por eso tenga toda la colección de juegos interactivos de Los Lunnis; quizá por eso, les pongo los documentales de La 2 o la radio de sonido de fondo mientras juegan y antes, cuando no pedían ya su propia música, disfrutaba en los viajes con la música clásica, el jazz y soul. Pero eso es soportable…y quizá por eso con lo que realmente me pongo pesado es con el deporte. Para mí la actividad deportiva es un valor, más que un hábito saludable y yo necesito hacer deporte casi como respirar (con el permiso del boss: http://triatletasmajaretas.blogspot.com).
Cuando uno se imagina cómo es la vida con hijos suele verse rodeados de clones suyos que piensan como él, tienen los mismos gustos que él…Yo siempre he soñado en salir a correr, en bici, a patinar, a jugar al tenis, al pádel, al squash, …con mi prole. En mi casa pelotas no faltan (y no me refiero, sólo, a las mías)…raquetas tengo más que en Decathlon…y zapatillas…más que zapatos la Sexo en Nueva York. El día que nació Natalia (mi hija mayor) lo primero que hice fue comprarle una canasta que se adaptaba a su cuna y, cuando llegamos a casa y ni mi mujer ni mi suegra me veían, le ponía las 100 mejores jugadas de la historia de la NBA. Pero no había manera, hasta que este verano me pidió un balón de baloncesto grande. Ella sola…sin que yo le dijera nada. Y, claro, me faltó tiempo. Sí que estamos en crisis, sí…pero para los tiempos de crisis, ya se sabe, hay que tener pelotas. ;)

Este hecho despertó en mí la falsa sensación de que a mí hija le había entrado, ¡por fin!, la afición por el deporte. Así que me decidí a convertirla en una verdadera triatleta o, como ella misma dice, en pentatleta por, además de correr, nadar e ir en bici, también patina y juega al padel. Le arreglé la bici supermona de las princesas Disney: la desmonté, limpié la piezas y las volví a montar. Me sobraron un par de tornillos pero como pedalea y frena, seguro que estaban allí de adorno. ;) Sí que me quedó chula, sí. Me llevé a Natalia al cauce del río porque íbamos a “entrenar” juntos. “Natalia” – le dije – “para entrenar bien es fundamental un buen calentamiento”, le enseñé a estirar e iniciamos la marcha….Ella iba en bici y yo, orgulloso, andando. Creo que aguantó unos 100 m…”¡Papá, estoy cansada y me quiero ir a casa ya!”. No hubo forma de convencerla de que pedaleara un poco más. ¡Leche!, ¡me costó más hinchar las ruedas que el tiempo que las gastó! ¡Adiós a mi sueño de acabar la Quebrantahuesos escoltado por mi hija!

Pero la cosa no acabó ahí. Otro día me dijo que quería patinar. “¿Patinaje? Hmmm….bueno, no da para vivir pero al menos los españoles estamos en la élite” – pensé para mis adentros. Como yo no sé patinar y había que empezar la casa por los cimientos, me fui al ECI y me compré unos patines. Estaba dispuesto a partirme la crisma por enseñar a patinar a mi hija. Ese viernes fuimos a la Patacona a estrenar sus patines y los míos. Esa se cogió pronto (¡claro, los suyos no son de línea!)…pero yo…¡Vaya espectáculo! Allí estaba yo, muerto de miedo, subido encima de unas zapatillas con ruedas y temeroso de lesionarme ahora que empieza la temporada de triatlón. “Papá, ¡qué lento vas!”. “Es que estoy calentando…”. Sí, sí, calentando…lo que me estaba era cagando encima pero, eso cualquier padre que se precie nunca jamás debe reconocerlo delante de su hija, que luego son las cosas que se cuentan en el cole y el más “superpapá” tengo que ser yo. No me caí mucho para ser mi primer día pero tampoco iba como las balas, más bien parecía un perdigón. Eso sí, he de confesar que se liga lo que no está escrito. Debe ser que a las patinadoras les enternece eso del pobre padre que intenta enseñar a su hija. Yo me di cuenta pero, según mi mujer, me pasé todo el rato babeando detrás de una rubia de ojos verdes y enormes…patines. No sabe que lo que pasa es que yo aprendo por observación…

Pero lo cierto es que el otro día Natalia y Héctor me hicieron llegar a tocar las nubes de orgullo paterno. Como todos los años, la apunté a la Volta a Peu de Tavernes Blanques. Para los mayores son 5 km y para los pequeños solamente 100 m. Cómo no, apunté a mis dos hijos. Una vez conseguimos salir de casa (los que tengáis hijos me entenderéis), llegamos al aparcamiento y nos dirigimos hacia la entrega de dorsales. Los recogimos, nos tomamos una horchata y, ¡por fin!, nos dirigimos hacia la línea de salida. Quedaban 10’ para el gran evento.
P: Venga, Natalia. Vamos a calentar. Ya sabes lo importante que es estirar antes de competir.
N: Sí, sí…que eso me gusta.
Y, así, nos pusimos los dos a hacer estiramientos y a trotar. Yo, con Héctor en brazos, hacía lo que podía. Héctor, con una rosquilleta en la mano que cogió en la horchatería y que no había forma de soltara, me sonreía por detrás del dorsal (mi hijo es grande pero el dorsal está pensado para más mayores), ajeno a lo que al gran momento que iba a acaecer de un instante a otro. ¡Por fin! Llaman a las niñas a la cámara de llamadas. Natalia, como un rayo, llega a la línea de salida. “Je, je” – pensé yo – “tiene la adrenalina por las nubes. Como su padre” y se dibujó una orgullosa sonrisa en mi cara. “No te preocupes cariño” – le dije – “lo importante es participar. Papá está muy orgulloso de ti porque vas a correr. Tú corre sin mirar atrás, corre todo lo que puedas y nos vemos en el arco amarillo de la meta”. Me apuntó con esa mirada que sólo ella sabe poner y me dijo: “No te preocupes, papá. Acabaré y ganaré la medalla. Te quiero.”. ¡Acabáramos! La calle se hizo demasiado estrecha para lo ancho que me sentí en ese momento.
“Preeeeparadooooos, liiiiiiistooooooos….YA” y una jauría de niños desbocados salió en estampida hacia la meta…y allí estaba Natalia, corriendo sin mirar atrás, como yo le había dicho, sonriendo. Y puede ser que no fuera la más rápida, ni la que tenía mejor estilo al correr pero, para mí, fue la mejor. De eso no me cabe la menor duda. La recogimos en meta y…era el turno de Héctor.
Su carrera no estuvo mal. No quiso andar, con lo que tuve que cogerlo al brazo. Lo bajé cuando quedaban 5 metros para meta, al menos que entrara por sus propios medios. Como cuando la moto no arranca, a ligeros empujones logré que se pusiera en marcha y sí, crucé la meta con Héctor, que sólo soltó la rosquilleta para meterse en la boca la medalla que le colgaron.

También podría contaros cosas de Héctor, pero menos. Solamente tiene 1 año, aunque ya juega al baloncesto. A él, además de las 100 mejores jugadas de la NBA, le suelo poner los mejores mates de la historia. Y, lo mejor, es que los emula cuando coge el balón y lo mete para abajo con la boca en la canasta de Mickey que tiene a los pies de su cuna. Y, para que os voy a engañar, albergo la remota esperanza de recuperar este post el día que Héctor supere los logros de Gasol. ;)

Lo cierto es que ser padre no es fácil. Pero, no nos engañemos, ser hijo tampoco lo es.[ver foto 1] [ver foto 2] [ver foto 3]

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