Miércoles Fotográficos

Sin título

Posted by Peter Parker el Miércoles, Abril 22nd, 2009

Su primer gran amor fue un escultor. Aunque joven, su obra era apreciada por príncipes y embajadores. Era apasionado, febril y cada vez que acariciaba su cuerpo le hacía temblar, se sentía nacer, como si su mente se abriera a una nueva consciencia.
Con él se sintió viva por primera vez y la entrega con la que se dedicaba a ella le hacía creer que era especial.
Cuando a él le empezaron a asfixiar los problemas económicos la alejó de su lado sin dejarle otra opción. Fue entonces cuando conoció a su príncipe.

Con su segundo gran amor vivió rodeada de lujos, de criados y valiosísimas obras de arte. Fue la alegría de palacio, iluminaba cada rincón de la habitación donde se encontraba.
Durante un tiempo volvió a sentirse especial, la más preciada de las posesiones del príncipe, la más hermosa de entre sus obras de arte.
Poco a poco se dio cuenta que algo le faltaba. El príncipe admiraba su belleza, pero parecía que solo la quería como un adorno, no se sentía amada.

En uno de los viajes en el que su príncipe llevaba hermosos regalos a un rey de tierras lejanas, el barco fue atacado por piratas. Se enamoró perdidamente de su capitán y este se la llevó con él.
Navegaron juntos hasta el confín del mundo, visitaron playas vírgenes y tierras inhóspitas a las que no había llegado la civilización, vencieron juntos mil tormentas y descubrieron grandes tesoros.
Cada día había una nueva aventura, más emocionante, más peligrosa. El agua y la brisa helada al golpear su rostro la hacían sentirse viva de nuevo, deseaba que durara para siempre pero la tripulación no veía con buenos ojos el nuevo capricho del capitán. Empezaron a correr rumores de que el capitán se había ablandado y la culpa era de ella, se sublevaron, amenazaron con pasarla por la quilla o venderla al mejor postor en el primer puerto al que llegaran. La abandonaron en una ciudad gris, sucia, casi olvidada del mundo a la que acudían a menudo a proveerse, fue la única manera de evitar que la arrojaran por la borda.

Pasó mucho tiempo sola, sin nadie que la amara, sintiéndose triste y desamparada. Su pirata jamás regresó, pasaron los años y se fue consumiendo poco a poco junto a la ciudad. Hasta el día en que apareció el arqueólogo. Él era capaza de ver su belleza a pesar del paso del tiempo, por fin volvía a sentirse apreciada, su inocencia la empujó de nuevo al amor.
La alegría no duró demasiado, la llevó de vuelta a la civilización, a una gran ciudad con magníficos parques y grandes avenidas, donde le dijo que sería feliz y admirada por muchos, pero él tenía que marcharse, su vida era su trabajo y la dejó para viajar en busca de ruinas y tumbas olvidadas.

Se quedó sin más compañía que los pájaros y las plantas y flores que adornaban su jardín. El tiempo fue cruel con ella, su piel se oscureció y agrietó, y poco a poco fue perdiendo visión.
Ignoraba y despreciaba el mundo, sumergida en sus recuerdos dejó de importarle lo que había a su alrededor.
Así se deslizaron los años, años que podrían sumar lustros, lustros que parecían segundos. Una mañana una tonadilla silbada la sacó de sus recuerdos, una melodía alegre que cada vez oía más próxima, alguien quitó algunas de las telarañas que cubrían sus ojos y pudo ver su rostro.

Salvador llevaba casi un año en el paro, había estado trabajando en la construcción pero con la crisis y la explosión de la burbuja inmobiliaria se había quedado sin trabajo. Ahora estaba haciendo unos cursos de jardinería para el INEM y todos los martes muy de mañana iba al tramo de los Jardines del Real que estaba junto al Museo de Bellas Artes para podar los setos, limpiar los bancos y regar las plantas.
Encontró la estatua el primer día, estaba tapada por las ramas de varios cipreses, sus mejillas estaban marcadas con sendos regueros de resina seca, tenía telarañas sobre los ojos y los pájaros se habían ensañado con el resto, junto a las inclemencias del tiempo y algún grafiti malintencionado habían hecho desaparecer a la piedra gris su brillo natural. A pesar de eso Salvador quedó maravillado, su piel se estremeció, un escalofrío le recorrió de los pies a la cabeza.
Empezó limpiando la cara, casi le llevó toda la jornada dejarla como nueva, tendría que seguir otro día con el resto.

Ella lo vio alejarse y le envió un beso de despedida, el dolor del pasado empezaba a desaparecer, sentía que tenía otra oportunidad para encontrar la felicidad, tal vez no ahora, quizá tardara en llegar, no le importaba, tenía todo el tiempo del mundo.[ver foto 1] [ver foto 2] [ver foto 3] [ver foto 4]

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2 Respuestas to “Sin título”

  1. Cocolisoel 25 Abr 2009 a las 9:46 1

    Eres mi héroe. Pasar del fútbol a esto es magistral, además de que me encanta este tipo de relatos.

  2. Peterel 25 Abr 2009 a las 9:54 2

    Gracias xiquet, aunque el del fútbol es de Saúl, el mío es el de la cena.

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