Momento paja by Ben Reilly
Posted by Peter Parker el Miércoles, abril 8th, 2009
No hace ni tres semanas que estoy viviendo con mi novia y esto es un sin vivir, todo ha cambiado, siento como si mi vida ya no me perteneciera, mucho más para alguien como yo acostumbrado a disfrutar completamente de su intimidad, con unas costumbres adquiridas mucho tiempo atrás de las que es difícil desarraigarse.
Lo de hacer la cama y no dejar los calzoncillos tirados por ahí lo llevo más o menos bien, lo más duro fue descubrir lo complicado que se había vuelto disfrutar de mi “momento paja”. Ahora tengo que hacer malabarismos, bueno, malabarismos son siempre, pero ahora se ha puesto más difícil y la probabilidad de que me pillen con las manos en la masa (o donde sea) es demasiado grande. Siempre puedo aliviarme de aquella manera, pero si un hombre no tiene regularmente su “momento paja” llega un momento que no se enfrenta al día a día con el mismo entusiasmo.
Todo hombre tiene su “momento paja” y todos son diferentes. Echar un polvo está muy bien, pero el “momento paja” es sagrado. Es un ritual que se va perfeccionando desde la más tierna adolescencia, que va tomando forma poco a poco. Cogiendo experiencias de aquí y de allí, de lo que se habla entre amigos y de lo que se aprende con la práctica, y que engloba los gustos, costumbres y manías de cada uno, adquiridas después de años de “dalequetepego”
Puedes averiguar más de un tío sabiendo como se la casca que de su cuenta de Facebook.
Por supuesto alguna vez se puede variar o probar cosas nuevas, todos hemos oído eso de que haciéndotela con la izquierda parece que te la hace otra persona, y, por supuesto, lo hemos probado. Lo de sentarse sobre la mano hasta que se duerma. La historia del melón y el microondas. La piel de plátano… Pero al final, todos volvemos a lo que estamos acostumbrados, a lo que hemos aprendido con años de destreza, a nuestro “momento paja”.
Puede ser en el sofá, en el baño, en la cama antes de dormir o en la ducha por la mañana cada uno tiene su propio gusto personal al que siempre acaba recurriendo.
El mío se gestó cuando todavía vivía en casa de mis padres, llegó el día en que mi hermano mayor se casó y se piró de casa. Me quedé con su cuarto para mi solito y muy hábilmente me agencié un televisor viejo que, no imaginaba entonces, fuera a cambiar mi vida completamente.
Una noche después de estar varios minutos dándole vueltas a la ruedecilla (había olvidado que antes tenías que estar girando una rueda muy despacito hasta lograr que se viera el canal), me encontré con uno de eso canales inclasificables que emiten porno de madrugada, pronto me di cuenta que emitían este tipo de programación todos los días puntualmente a la una de la noche.
Al principio fui comedido, pero no tardé en entrar en una vorágine de la que no podía salir y todas la noches terminaba acostándome más tarde de la una y media.
Me dormía en clase, los colegas me hacían putadas y los profesores me echaban unas broncas de miedo y empezó a reflejarse en los estudios, así que decidí controlarme un poco, pero el camino ya estaba trazado.
Más tarde me fui a vivir solo, me alquile un piso enano, con los pocos muebles que pude arrebatar a mis padres y por supuesto mi viejo televisor.
Entonces la cosa alcanzó un nivel más, mi televisor, mi sofá, mi salón y, por supuesto, papel higiénico.
Con la libertad y la tranquilidad de mi piso se forjaron nuevas costumbres y la nocturnidad volvió a causarme problemas. No podía ir al cine con una chica porque me sobaba, cuando iba en el coche al trabajo con la ventanilla bajada, aunque estuviéramos a cuatro grados y la radio a toda leche corría el peligro de dormirme al volante, Y mi jefe me pilló un día durmiendo sobre el teclado, tuve que inventar una historia sobre el perro del vecino que no paraba de ladrar durante toda la noche.
Por suerte con Internet y las descargas de porno pude tener mi “momento” a otras horas del día y la cosa volvió a normalizarse.
Hasta ahora, porque mi novia está tan entusiasmada con el piso que no quiere ni quedar con las amigas, así que con la excusa de que quiero ver un documental o leer un libro me tengo que esperar hasta que se ha acostado y dormido para tener mi “momento”.
Que le vamos a hacer, cada uno tiene sus manías y se da gustillo como puede. [ver foto 1] [ver foto 2] [ver foto 3] [ver foto 4]
Archivado en Ben Reilly | 4 respuestas
Me ha encantado tu relato, enhorabuena y gran momento ése, ¡si señor!
Si un día me animo y Peter me da permiso haré mi tercera colaboración en los Miércoles con un complemento a tu relato. Se trata de la paja post polvo y la paja tutifruti. Seguro que esto contribuirá enormemente al aspecto antropológico que va tomando el blog de Parker en cuanto a los “momentos” masculinos. ;o)
Tienes mi permiso, ya lo sabes,
Oye esto está cogiendo un cariz peligroso, a ver donde vais a llevar esto. Yo currándome unas historias de alto contenido cultural y vosotros centrándoos en ordinarieces.
Es bueno, es bueno. Se nota la mano de Ben Reilly en el texto… esperemos que se la haya lavado
Gracias Vara de Rey, gracias Carlllord, lo siento Peter, porque al igual que Vara de Rey estoy dándole vueltas a ampliar el tema, a lo mejor deberían pasar a llamarse los miércoles onanistas, plantéatelo, de esto siempre hay mucho que decir y por fotos no creo que haya problemas.
Mis manos, limpias, limpias, no del todo, que eso siempre le da algo de regustillo al texto.