Miércoles Fotográficos

La grandeza del fútbol by Saúl Giménez

Posted by el Miércoles, marzo 11th, 2009

Pues sí, es un tema manido, incluso tratado previamente con conocimiento y virtud por el reportero titular. Sin embargo, como dicen los pretenciosos artistas modernos, tengo una necesidad creativa enorme de manifestarme en los términos que lo haré a continuación, me lea alguien o no, guste lo que escribo o no. Vamos, que o lo digo o reviento.

Quizá me equivoco si digo que esta publicación no debe contar con demasiadas señoras entre su público. Sean pocas o muchas, debo disculparme de antemano porque, efectivamente, vamos a hablar de fútbol. A lo mejor también me equivoco si digo que a las señoras que leen los Miércoles Fotográficos no les gusta el fútbol, pero lo cierto es que solo conozco a dos mujeres que realmente disfrutan del deporte rey y que además no lo hagan ni por pose ni por complacencia conyugal ni por que los futbolistas están buenos. Solo dos y aún así tengo alguna duda darviniana de selección natural y realismo genético.

Dicho lo anterior, con lo que seguramente ya me habré granjeado alguna antipatía (tengo cierta facilidad para ganarme enemigos cada vez que escribo un ripio…), debo reconocer ante el lector que escribo con lágrimas en los ojos. Sí, volvió a suceder, este domingo volvió a brillar con luz propia el fútbol con y sin pelota o, lo que es lo mismo, hubo guantazos y además ganamos…Ups, perdón¡¡ No he dicho que juego en un equipo compuesto por veteranos de Vietnam que practica la anarquía autogestionada (o lo que es lo mismo, no tenemos entrenador pero todos sabemos un huevo) y nos medimos con mozalbetes mucho mejores, más fuertes y más rápidos que nosotros en una liga en principio pacífica. Y digo en principio porque por mucho que intentamos retenernos y por mucho que la senectud se apodera de nuestra valentía, al final la cabra siempre tira al monte y, unas veces por culpa nuestra y otras por culpa de los contrarios, hemos de reconocer que el fútbol conlleva un cierto grado de agresividad e incluso de violencia. Creo que además de la succión mamaria, el rebote futbolero es el único instinto (no confundir con pulsión) que aún le queda al ser humano masculino de nuestro tiempo.

Pues bien, este sábado jugábamos líderes contra segundos y, aunque estábamos sobre aviso, el germen destructivo del homo balompédicus no se hizo esperar demasiado. Campeaba el 2-1 a nuestro favor cuando la estrella del equipo contrario dio una vuelta de tuerca más en su desequilibrada conducta y pasó lo que tuvo que pasar: hondonadas de ostias. Las hemos vivido más gordas (¿¿verdad chicos??? Parker puede dar buena cuenta de ello) pero esta trifulca presenta dos diferencias fundamentales y novedosas: 1) que yo actué a modo de pacificador, cosa nunca vista, ni di ni me dieron, solo separé y huí como cobarde, enano y anciano que soy. 2) que a consecuencia del marcador somos líderes y tenemos la liga en el bolsillo…VAMOS¡

Siempre hemos sido perdedores, jugamos juntos desde los 18 años y nunca habíamos amanecido un lunes pudiendo decir a nuestras familias y seres más odiados que somos líderes y que difícilmente se nos va a escapar la liga. Aquí quería yo llegar, a la grandeza del fútbol¡¡ No conozco nada en este mundo equiparable a la alegría y orgullo que proporciona un liderato futbolístico ganado a guantazos, compartido todo ello con mis queridísimos compañeros de batallas, cuyas marcas de guerra me duelen tanto como a ellos, así como me duele todavía no haber soltado y haber recibido algún mamporro para hoy en el trabajo enseñarlo a los compañeros de despacho a la vez que saco el puño a lo Nadal y digo: SOMOS LÍDERES Y HUBO OSTIAS.

Creo que solo quien haya jugado al fútbol, aunque sea un ratito, pero que haya jugado con árbitro y espinilleras, puede comprender el gozo que paladeamos y lo grande que es ese deporte tan absurdo, barriobajero, mezquino e inigualable. Lágrimas de emoción, compañerismo y toda una vida pensando que este año también será el de mi retirada. Pero no, el año siguiente siempre encuentro un motivo todavía más endeble que el año anterior para seguir ganándome una bronca cada sábado por la mañana.

Y los almuerzos, ¿qué me decís de los almuerzos posteriores al partido? Esos almuerzos carentes de la mínima compostura y urbanidad, con sórdidas conversaciones sobrepuestas en las que sacamos lo peor de nosotros mismos. En realidad el fútbol y sus actividades satélites conforman una catarsis y una purga que nos hacen mejores personas el resto del tiempo (durante no, obviamente), porque de ese modo desgastamos al demonio que todo maromo que se precie de serlo lleva dentro. Porque, ojito, que si malos somos los futboleros, miedo me da ese tipo de varones asociales que osan reconocer en público que no les gusta el fútbol. Tal afirmación conlleva de manera inexorable la duda razonable sobre su bondad, sus intenciones y, cómo no, sobre su hombría.

Señoras Miercolistas, no me malinterpreten. Aunque esto lo lean ustedes un miércoles, tengan en cuenta que yo lo estoy escribiendo un lunes y que somos líderes después de un partido con guantazos y eso imprime carácter. Llámenme machista, llámenme engendro pero, por favor, hagan lo humanamente posible para entender a sus hombres cuando hablen de fútbol, quieran jugar al fútbol o quieran ver fútbol en la tele. Pero, lo que es más importante, sospechen de sus hombres si dicen que no les gusta el fútbol: algo ocultan y dudo que sea algo bueno…como mínimo bien puede afirmarse que ellos se lo pierden ¡¡

Lo dicho. Necesitaba contar esta sarta de tonterías y ser más odiado todavía por todo aquel que abomina del único deporte verdadero.[ver foto 1][ver foto 2][ver foto 3][ver foto 4][ver foto 5][ver foto 6]

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