Ser padre
Ser padre es acojonante, pero no me refiero a que sea la leche y alucinas con el crío -que también-, no, es acojonante porque te pasas la mayor parte del tiempo acojonado.
Recuerdo mi primer día de colegio, se me ha quedado grabado como una especie de trauma infantil. Me encontré allí en un sitio desconocido, viendo a mis padres alejarse y con un montón de niños a mi alrededor que no conocía, me pasé un buen rato llorando en un rincón.
Es la misma sensación de indefensión que tengo ahora cuando me enfrento al llanto del pequeño. Solo que ahora aguanto el impulso de irme a llorar a un rincón.
La que no puede reprimirse es la madre, cuando estoy intentando, sin éxito, calmar al crío y su llanto alcanza ese nivel de decibelios que explota los tímpanos, aprieta el corazón, afloja los esfínteres y su cara está a punto de explotar como un tomate maduro, me fijo en ella que, con ojos acuosos y un nudo en la garganta, mira a su bebé debatiéndose entre la angustia y la necesidad de arrancármelo de las manos.
No puedo coger también a la madre en brazos para consolarla, así que opto por la mejor solución, le paso al niño y salgo de la habitación hasta que tengo la certeza que no caen lágrimas de ninguno de los cuatro ojos.
Todo te pilla de pardillo, no tienes ni puta idea de lo que es inmadurez intestinal, obstrucción lacrimal o mastitis, todo es nuevo y eso acojona.
Si no caga porque no caga. Si caga peor, porque entonces empiezas a mirar el color ¿Demasiado clara? ¿Demasiado oscura? y el nivel de consistencia, hasta te fijas en si huele como siempre, solo te falta probarla para ver si sabe como debiera.
Si duerme poco porque no duerme y si duerme mucho porque duerme demasiado. Si llora por las noches sufres por no poder consolarlo y como no duermes te levantas destrozado por la mañana. Pero si no llora peor, te despiertas en mitad de la noche acojonado porque no oyes ni un gemido y te acercas al crío a ver si respira. El tío duerme como bendito ajeno a tus ojeras y al susto que te ha dado, el corazón te late como si acabaras de correr la maratón y te cuesta una hora volver a dormir, esto te puede pasar tres veces en una noche, con lo que sigues sin dormir y te levantas destrozado por la mañana.
Hemos pasado más de cuatro semanas intentado ponerlo en una de esas mochilitas en las que llevas al niño apoyado en el pecho, dicen que les gusta porque en esa postura oyen el corazón de sus padres y se relajan. Este ni el corazón de su madre ni los retortijones de barriga del padre y de relajarse ni hablamos, el tío saca el llanto hipo-huracanado y te destrozaba los tímpanos.
Hemos probado tres tipos de mochilas y dos pañuelos gigantes de esos hippies de colorines. Distintas posturas, distintas texturas y hasta distinto color (a ver si resulta que el niño va para diseñador y el color afecta a su psique).
Al final mi mujer lo consiguió, creo que lo hipnotizó o se puso chichón en los pezones. Así se durmió y aguantó quince minutos en la mochilita, quince minutos y mi mujer se pasó tres días sufriendo por si la postura en la que lo tuvo era mala para su espalda y yo con un tic en el párpado, no se si por la lucha con el niño o por la preocupación de la madre. Demasiado estrés, estoy tentado a quemar las mochilas y los pañuelitos pijos en cuanto mi mujer se despiste
Por supuesto no pasa un momento que alguien te de un estupendo consejo que tu no has requerido:
- No lo cojas en esa postura que es muy pequeño y le afectará al cuello, túmbalo más
(Si lo tumbo más llora, en esta postura aguanta, no hay más discusión)
- No dejes que duerma con vosotros, que luego se acostumbra y no hay manera de sacarlo de tu cama.
(Si, luego se acostumbra y en un futuro él y su novia dormirán con nosotros)
- Si no quiere el chupete mejor, que luego no hay manera de quitárselo
(El chupete lo calma, ya pelearemos más adelante, si es necesario, para quitárselo)
Y así mil que ahora no me acuerdo.
Además, el padre está en desventaja. Es un individuo que está constantemente en el punto de mira. Mucho ojito con cargarla, no te puedes despistar que te puede caer la del pulpo, toda la familia (la tuya y la de ella), las amigas de tu mujer y hasta las vecinas, todas te están examinando para recriminarte algo al primer error o signo de falta de atención por tu parte hacía la pobre madre y el amado hijo.
Cuentas menos que un sapo en un desierto. Eres el tercero muy por detrás del segundo, a no ser que tengas perro, porque entonces eres el cuarto.
Es un trabajo duro sin ningún tipo de recompensa. Si, al niño lo adoras, es muy gracioso y adorable, pero con el dolor de gónadas que tienes ya te parece adorable hasta la del quinto que le faltan varios dientes y va más pintada que el techo de la ONU.
Encima te engañan y te dicen que cuando eres padre se liga mogollón, que cuando bajas al crío al parque todas las mujeres se te acercan para decirle cosas y que al ver a un padre joven cuidando de su hijo se enternecen y se vuelven vulnerables, y que si juegas bien tus cartas son capaces hasta de llevarte la compra a casa.
Es cierto, se acercan, el otro día iba de paseo con el crío y una horda de abuelas se abalanzó sobre el carro, cinco enlacadas hasta las cejas se inclinaron tapándole completamente la luz, el pobre chaval debió pensar que le había abducido la familia de Joda.
Mientras le tocaban y le dirigían extraños sonidos intercalaban alguna pregunta hacía mi - ¿Cómo se llama? ¿Cuánto tiempo tiene?
Yo siempre digo que se llama Kal-el y que no sabemos su edad exacta porque iba dentro de una especie de meteorito que encontramos en la carretera. Las señoras me miran raro, me examinan de arriba a bajo y se van pensado que soy el freky ese que, de vez en cuando, hablan en la tele.
Pero entonces alguna hace la pregunta del millón:
-¿Le da el pecho?
Esta pregunta es bastante normal y no hay abuela que se resista a hacerla, pero a mi no deja de resultarme incómodo hablar del pecho de mi mujer con una señora que no he visto en mi vida y más cuando me encuentro tan susceptible con el tema. Veo la teta de mi mujer a todas horas, a la que me descuido el colega está enchufado.
El tío se pone morado y yo ni las huelo.
Es una tortura desmesurada, venga a ver tetas y ninguna es para mi, está siendo muy duro, pero estoy al acecho por si el pequeño comente un error [ver foto error], lo siguiente que me queda es ponerme a llorar, ya se sabe que el que no llora…
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