Todo por un sueño
Fue hace aproximadamente un mes, ya habíamos vuelto a la jornada partida y salía de trabajar pasadas las siete y media. Había quedado con un amigo en la plaza de la Virgen para intercambiar unas películas de DVD, como iba en bici me planté allí en un momento. Llegué un poco antes que él, pero sabía que no tardaría, solo me había adelantado unos minutos y Pascual suele ser muy puntual.
Me encanta esa plaza y aproveché que llevaba la cámara para hacer alguna foto, estaba enfocando la puerta de la catedral cuando de ella salió un chaval de unos diez años a toda prisa, me llamó la atención la extraña ropa que llevaba, una especie de chilaba de un color marrón pálido y un gorro del mismo color en forma de seta que perdió en la carrera, en pocos segundos desapareció entre la gente que paseaba por la Calle del Miguelete. Al momento salieron cuatro personas más de la catedral con un atuendo idéntico: una pareja, una niña de unos trece años y un bebé.
La que supuse que debía ser la madre salió desesperada mirando a todas partes y gritando:
- ¡¡MIRCA!! ¡¡MIRCA!!
Tras ellos salió un amigo que hacía mucho tiempo que no veía y que parecía acompañarlos. Me acerqué a saludarle y, por supuesto para enterarme de que iba el rollo.
Mientras la madre, irritada y llorando, le gritaba al padre en un idioma extraño, mi amigo Aziz me contó que le habían contratado para hacer de guía turístico, se trataba de una familia de la tribu Korowai, de Papúa Nueva Guinea, por lo visto el niño se había enfadado con el padre y había salido corriendo.
Mientras le contaba a Aziz que lo había visto correr hacía la plaza de la Reina llegó Pascual y, siendo como es, se ofreció para ir a buscarlo con la bici, le pedí el teléfono a Aziz por si lo encontrábamos y ambos fuimos en su búsqueda. Había hecho fotos de toda la plaza, pero no llegué a fotografiarlo, de todas formas sería sencillo reconocerlo, sus ropas eran como las del resto de su familia y su pelo, ahora libre del gorro, estaba cubierto de largas trencitas.
Pensamos que no habría ido muy lejos, así que recorrimos la plaza de la Reina de arriba a bajo, no lo encontramos, decidimos separarnos y reunirnos en Parque del Parterre, al que llegamos sin éxito. Empezamos a preguntar a la gente, por suerte su vestimenta era bastante llamativa para todo el mundo y fue fácil seguir su rastro. Lo vimos de lejos por la Avenida Navarro Reverter, el chaval se había pegado una buena carrera, pero ahora andaba con pinta de cansado.
Lo llamé por el nombre que gritaba su madre cuando salió en su búsqueda, nos miró extrañado, pero se paró y esperó a que llegáramos.
Le contamos que su familia lo estaba buscando y estaban muy preocupados, no nos entendía, pero sabía algo de inglés, yo lo hablo fatal, pero Pascual se defiende bastante bien, así que le explicó que lo queríamos llevarlo con sus padres. El chaval contestó que no pensaba ir, por lo visto estaba harto de que su padre lo llevara de iglesia en iglesia, decía que solo le importaba la religión. Él quería conocer la ciudad y visitar el estadio de fútbol. Por lo visto había ido preguntando como llegar y se proponía verlo. Pascual me miró
- El Mestalla está aquí al lado- dijo.
- Está bien - contesté- espera que avise.
Llamé a Aziz, le conté que habíamos encontrado al chaval, que estábamos lejos y que tardaríamos un poco en llegar, que nos esperarán en la Plaza de la Virgen.
Le dije al chaval que subiera a mi bici y yo pedalearía de pie, cruzamos el Puente de las Flores y llegamos al Mestalla, la cara de Mirca era un poema, estaba alucinado, a Pascual y a mi nos pareció que el pobre solo iba disfrutar de una triste fachada.
Atamos las bicis para rodear el estadio a pie cuando vimos a un hombre que salía por una de las puertas, corrimos a su encuentro, le explicamos que el chico venía de muy lejos que su mayor sueño era ver el campo por dentro, que era un fan del Valencia y que se tenía que ir al día siguiente a su país, que solo queríamos asomarnos, lo adornamos un poco pero no se dejó convencer. Nos dijo que estaba prohibido y que él no era quien para dejarnos pasar.
Me di la vuelta y le di las gracias por nada. Entonces Pascual empezó a despotricar. algo alterado le dijo al hombre que era muy triste ser una persona que no hace nada por si mismo y que era una vergüenza un país donde no se podía hacer realidad el sueño de un niño, un niño que se volvería a su casa pensando que el extranjero es un mundo frío donde nadie da nada por nada. Creí que el hombre nos iba a pegar, cogí a Pascual y lo alejé
- Déjalo Pas, vamos a acompañarlo para que lo vea por fuera.
No habíamos andado cinco pasos cuando oímos que nos llamaban por detrás.
- Hey!! Va!! Venid aquí, rápido, un minuto y prou, solo asomaros- El hombre nos hizo señas para entrar mientras abría otra vez la puerta.
La arenga de Pascual había tenido éxito, le dimos las gracias lo más efusivamente que pudimos y entramos corriendo hasta llegar a lo alto de las escaleras más cercanas. La visión del campo nos sobrevino de repente, fue impresionante, las gradas vacías y el silencio daban al estadio una majestuosidad insólita , el césped estaba perfecto, Mirca tenía lágrimas en los ojos, parecía que aguantábamos la respiración para no estropear el momento, nos quedamos lo tres quietos, hipnotizados hasta que el hombre nos llamó y nos pidió que saliéramos.
Volvimos a darle las gracias y corrimos hacía las bicis. Volvió a subir a mi bici mientras yo pedaleaba levantado, decidimos ir por el río para evitar semáforos y aceras y en unos minutos salíamos a la altura de la Calle Navellos que desembocaba directamente en la Plaza de la Virgen.
Llamé a Aziz para que nos viera, todos se giraron, la madre de Mirca vino corriendo hasta donde estábamos y abrazó a su hijo llorando, el padre se dirigió hacía nosotros, dijo algo que no entendimos e inclinó la cabeza en señal de agradecimiento, se acercó más a mi y cogió mi brazo, puso algo en mi mano y la cerro antes de que pudiera ver lo que era, note lo que me parecieron dos piedras frías con aristas que se clavaban en mi mano, después volvió a inclinar la cabeza y se marcharon. Pascual se puso a mi lado, abrí la mano a ver que era.
Entonces sonó el despertador, estaba en la cama con mi mujer y lo recordaba todo como si hubiera pasado el día anterior, tenía toda la aventura fresca en mi mente, nítidos los personajes, sobre todo a la madre,
[ver foto 1][ver foto 2][ver foto 3]
pero nunca llegaré a saber que me puso el padre de Mirca en la mano. Solo puedo soñar con ello.
[ver foto 4]

on Octubre 2nd, 2008 at 11:43
Joer Vicente.. se me han puesto los pelos como escarpias y se me han caído las lagrimillas. Qué historia más bonita.
Creo que Nico va a flipar contigo.
Love you VinÇ
on Octubre 2nd, 2008 at 15:29
Es curioso. Yo eché a faltar unos dados de mármol cuando me visitó un señor de Papúa Nueva Guinea hace un mes ¡¡Qué jodío!!
on Octubre 25th, 2008 at 16:37
El enlace de la tribu está mal, a ver si lo revisas, que te has despistado con la rubia.
on Octubre 25th, 2008 at 16:54
Me alegro que te haya gustado Male.
Dados de marmol… ¡Qué tío! Los tengo por aquí Cocoliso, ya te los devolveré.
Gracias por el aviso Galois, ya está solucionado, pero me temo que esto es por la reciente actualización que he hecho del blog ¡Madre mía! parece que voy a tener que revisar todos los enlaces. Buuuuf, en fin, paciencia.
Gracias otra vez.
on Octubre 29th, 2008 at 23:44
Yo he estado en el estadio del levante entre semana sin gente haciendo unas fotos y puedo dar fe que el silencio impresiona. En mestalla la sensación debe ser el doble.