Un nuevo comienzo
Ha llegado a mis oídos alguna que otra queja sobre mis historietas del embarazo, alguna por parte de terceros y no a la cara, que hay mucho cobardica por ahí. Por lo visto me estoy volviendo repetitivo y aburrido.
Bueno, no se hable más, dejo el tema aparcado, ya no pienso volver a comentar más mis experiencias con el embarazo… Por lo menos en bastante tiempo, eso si, que no le extrañe a nadie si empiezo a dar el tostón con pañales, llantos de bebé y noches sin dormir.
Creo que tengo una buena excusa para estas dos semanas de silencio, Nico nació el día seis de octubre y solo puedo decir que fue increíble.
A las nueve y media de la noche del domingo día cinco mi mujer se quejó de su primera contracción, a partir de las diez las contracciones pasaron a ser cada cinco minutos, lo cual nos puso algo nerviositos puesto que el hospital que habíamos elegido para el parto está en Beniarbeig, un pueblecito cerca de Denia a una hora en coche desde casa.
Cogimos la maletita, yo preparé lo mío en ese momento a toda velocidad, para aumentar el nivel de nerviosismo de mi mujer, recogimos a mi madre y pusimos rumbo al hospital.
Por el camino las contracciones pasaron a una frecuencia de dos minutos, cada vez que María gemía por una punzada yo pisaba sin piedad el acelerador y mi madre se agarraba con más fuerza al pasamanos de la puerta como si se la fuera a llevar el viento.
Llegamos a las once y veinte al hospital, entramos en la paridera, estaba todo listo, la estancia era cálida, unas velitas decoraban algunos rincones, nos preguntaron si queríamos probar la piscina y accedimos. Mientras se llenaba puse la música, María había traído una buena selección, entre ella un recopilatorio de “gritonas” que había preparado nuestra amiga Lydia, fue eso lo que sonó durante todo el parto.
Es posible que con el tiempo se diluya todo en mi memoria, pero ahora permanece fresco en mi cabeza.
Recuerdo a María completamente desnuda en medio de la estancia, con sus largas piernas que terminaban en esa perfecta barriga contoneándose al son de la música.
Recuerdo abrazarla en la piscina, intentando en vano que mi estancia allí sirviera de algo.
Recuerdo sus gemidos con cada contracción cada vez más intensa.
Recuerdo los últimos momentos, ya fuera del agua, poco minutos antes de que mi hijo asomara la cabeza, cuando María buscaba la postura idónea, en pie, como si de una valquiria, a una amazona en plena batalla se tratara, con una energía y una fuerza de un guerrero cimmerio.
Recuerdo a María de cuclillas y a la matrona haciendo fotos y colocando un espejo de manera que tanto María como yo pudiéramos ver como Nico asomaba la cabeza y no podría estarle más agradecido por ello.
Recuerdo ayudar a sacarlo y a colocarlo en brazos de su madre.
Y después paz y mucha alegría. Luego tres días en un hotel, porque no se si se le puede llamar hospital a un sitio donde puedes elegir que comer, cenar y desayunar y te tratan tan bien que parece que estás en familia.
Ahora ya hace días que estamos en casa, enfrentándonos a la nueva situación, no se puede decir que no haya tenido tiempo para los Miércoles, todo lo contrario, más bien no existía la necesidad, realmente la vida cambia como dicen, ahora mi mujer me ha hecho el mejor regalo que se puede hacer y yo todavía no se si es real o un sueño.
El pequeñajo duerme, caga y mama y por supuesto llora desconsolado por los cólicos, unos retortijones que le tienen que doler como mil demonios a juzgar por los berrinches que se pilla, es capaz de destrozar los tímpanos y la moral, pero hay momentos en los que lo tengo en brazos, tratando de consolarlo y entonces se tira un pedo y sus labios se tuercen en una sonrisa. Se perfectamente que es alivio, que por fin ha desalojado el aire que le molestaba, pero lo miro y en ese instante no creo que haya nada en este mundo que pueda valer ni la mitad que esa sonrisa producida por un pedo.
Se sufre, somos primerizos y es ley de vida, se duerme poco y muchas cosas no se entienden y asustan. La gente pregunta como lo llevamos, como se porta el niño y algún amiguete pregunta por como llevo la cuarentena, como si tuviera tiempo para pensar en el sexo.
Cuando duermes cuatro horas y todo lo que ves son pañales con una especie de crema color mostaza cuyo olor llega hasta el cerebelo no tienes ganas de nada. A ver si alguien se va a creer que me afecta algo el que al salir a la calle a tirar la basura me encuentre con que Eva Mendez ha fichado por Calvin Klein y está la ciudad llena de fotos de ella semidesnuda.
Cuanta crueldad.
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