Apagón mundial
La semana pasada llegó a mi buzón de correo uno de esos mensajes de concienciación social. El e-mail en cuestión recordaba el agotamiento que está sufriendo nuestra querida tierra, el desgaste continuo ocasionado por el expolio desorbitado de la raza humana y solicitaba la colaboración del ciudadano de a pie para darle un respiro durante unos impagables y escasos diez minutos.
La persona que había confeccionado el mensaje era un profesional, o tenía un optimismo exacerbado y una fe inmerecida en la raza humana, porque estaba traducido a diez idiomas y, como todo buen e-mail de estas características, invitaba a transmitirlo a familiares, amigos y conocidos presentes en la lista de contactos.
La cita para darle a nuestro mundo su merecido descanso era el miércoles diecisiete, desde las 21:50 hasta las 22 horas. Reenvié el mensaje a algunos que pensé que podrían tomarlo medianamente en serio y creé una tarea en mi móvil para que me sonara unos minutos antes del evento.
Llegó el miércoles por la noche. Cuando me avisó el móvil de mi compromiso ecológico, mi mujer había salido a cenar con unas amigas, me encontraba solo en casa, por lo que disponía de total movilidad para liberar a la tierra de mi consumo energético.
Empecé apagando el televisor -asegurándome que no me dejaba ningún pilotito encendido-, el ordenador y el móvil, entonces me percaté de que el teléfono inalámbrico estaba enchufado a la pared, lo desconecté, en ese instante me encontré completamente incomunicado.
No sabía en que emplear esos diez minutos, no había suficiente luz para leer y desconocía donde encontrar velas en casa, decidí comer algo. ¡¡La nevera!! Me había olvidado de ella, seguía consumiendo energía, no lo podía permitir.
Ya que había empezado, decidí tomarme las cosas en serio, total ¿que son diez minutos? Tiré con fuerza y tras varios intentos conseguí separarla de la pared lo suficiente para apagarla. Al salir del hueco de la nevera vi algo que casi acaba con mi moral, el relojito digital del horno relucía ignorante a mis esfuerzos. No sabía como apagarlo, el horno estaba encajado en la estructura de la cocina, cualquier movimiento seguramente me llevaría romper algo y cuando llegara mi mujer eso no sabría como explicarlo, mi cruzada iba a quedar maltrecha por un insignificante relojito.
Iba a darme por vencido cuando caí en la cuenta de que bastaba con quitar los plomos. ¿Por que no se me habría ocurrido antes de mover la nevera? Ya estaba hecho. Ahora si que tenía la certeza de que no estaba abusando de nuestro querido planeta.
No sabía que hora era o cuanto tiempo había pasado, así que decidí asomarme por la ventana para ver el efecto de la oscuridad sobre los edificios. Me sobrevino una tremenda tristeza, por lo visto los vecinos de los edificios cercanos y los del mío propio no habían recibido el mensaje, nadie me acopañaba en esta misión.
Pero si los demás no apagaban sus aparatos diez minutos yo lo haría el tiempo que hiciera falta, tenía que salvar al mundo aunque lo hiciera solo. Por lo menos hasta poco antes de llegar mi mujer para que al volver se lo encontrara todo como siempre.
Me preparé la cena a oscuras, como no podía usar la vitrocerámica me hice una ensalada con todo lo que encontré en la cocina: tomate, lechuga, champiñones, queso, manzana, zanahoria y algunas aceitunas sin hueso. Corté todo con cuidado, por lo menos después de los dos primeros cortes en el dedo, y supuse que al día siguiente encontraría lechuga hasta en mis calzoncillos. Pero al final me senté a cenar frente a la ventana, observando las estrellas.
Me sentí como un hombre de Cromagnon que había cazado su presa sin ayuda de ninguna tecnología, solo con sus propias manos. Me imaginé como sería el mundo si de pronto dejaran de funcionar todos los aparatos con los que compartimos el día a día. Probablemente mi mujer y alguna de sus amigas caerían en coma ante la imposibilidad de utilizar el móvil y el caos se adueñaría de las ciudades. Al principio supondríamos que se trata de algo temporal, un apagón de unas pocas horas, pero pronto llegaría el nerviosismo, vandalismo, saqueos, enfrentamientos por la comida,… Me quedé dormido en el sofá, me despertó mi mujer alterada porque no me había dado cuenta de que habían saltado los plomos y la comida de la nevera se podría estropear. No la saqué de su error, había sido un héroe, pero no me vanaglorié de ello, mantuve mi hazaña en secreto, para el año que viene estaré más preparado, compraré velas.
[ver foto 1][ver foto 2][ver foto 3][ver foto 4][ver foto 5]

on Septiembre 26th, 2008 at 11:33
Nene… eres grande! (y ecológico).
Yo lo hice a medias, porque estaba en la casa del pueblo con mis padres, y si bien en casa de mis padres no apagamos nada (flag, flag - me estoy flagelando-) me di por satisfecha porque las luces de mi casa en Valencia estaban todas apagadas y bien apagadas.
Por cierto.. las amigas histéricas de tu mujer somos nosotras???
on Septiembre 27th, 2008 at 2:49
EN REALIDAD, LO QUE ERES ES UN SÚPER-HÉROE.
Y te aseguro, como amiga de tu mujer y tuya que soy, que lejos de necesitar el móvil, en el fondo estoy esperando un crack tecnológico que nos deje sin aparatitos unos días y que, en resumen y para no alargarme, nos anime a follar más.
on Octubre 2nd, 2008 at 0:56
Male todo esfuerzo es válido, no te flageles.
En cuanto a las amigas o amigos, yo no he dicho nada de histéricas.
L. superhéroe no se, pero peliculero un rato.
No estaría mal lo del crack tecnológico, pero un ratito eh, que mucho yo tampoco aguantaría.