Junio 25th, 2008

Diario de un embarazo II – Remando voy, remando vengo

Posted by Peter Parker in cosas mías

Iba diciendo la última vez que cuando el barco va despacio el capitán pone a remar a los marineros para demostrar su vigor.
Se puso en duda mi eficacia y se me ordenó ponerme a remar para analizar si mis soldaditos funcionaban a pleno rendimiento.
Lo primero que hice fue dirigirme al médico de cabecera para exponer mi caso e iniciar el proceso.

- Buenos días señor, se presenta el marinero Parker con las órdenes del capitán. Hay que hacer un reconocimiento de la zona interior escrotal, es necesario comprobar movilidad, densidad de población y viscosidad del medio
- Correcto, aquí le indico los parámetros a seguir. Lleve este papel a la ventanilla y solicite fecha para realizar la entrega.

Una vez en la ventanilla presenté el papel y allí una amable secretaria/enfermera/auxiliar con bata blanca me entregó a cambio un botecito, indicándome que debía depositar en el la muestra y presentarlo tres días después en esa misma ventanilla antes de las nueve que es la hora en la que tiene lugar la recogida.
No se me ofreció ningún tipo de material gráfico erótico-festivo para facilitar la extracción, ni un guante rugoso para mejor agarre al remo, ni se me informo que durante algún periodo de tiempo (entre tres y cinco días) debía estar en abstinencia marital, ni que las muestras pasado un cierto tiempo no tienen valor. Me alejé nervioso, indefenso y desinformado.

El día D, a la hora H me presenté en la ventanilla con el trabajo hecho, la muestra en el bote, el bote en una bolsa y la bolsa en un bolsillo ancho de un pantalón seleccionado para la ocasión.
Cuando deposité la razón de mi visita en la repisa de la ventanilla una secretaria/enfermera/auxiliar con bata blanca distinta a la que me atendió la vez anterior me miró con sorpresa y me explicó que ese no era el lugar de entrega y que, probablemente (es decir con un atisbo de duda), debía de entregarlo en el centro de salud de Serrería II antes de las nueve y cuarto de la mañana que era cuando el tío de la nevera pasaba a recoger las muestras y se las llevaba a un laboratorio secreto, situado, seguramente, en una antigua estación de metro abandonada.

Disponía de poco tiempo, y no tenía idea de donde estaba el centro de salud, por suerte el coche estaba cerca. Puse el aire acondicionado en su máxima potencia pensando que sería bueno para mis soldaditos, puesto que en todo momento hablaban de que se recogían con una nevera, y accioné el turboboost. Después de dar varias vueltas pude aparcar en una callejuela peatonal a unos trescientos metros de lo que creía que era el principio de la calle Serrería (luego resultó ser el final).
Con el miedo en el cuerpo por una posible multa y el bote bien cerrado en el bolsillo corrí buscando el número dos de dicha calle, pero al no encontrar referencias numéricas me metí en lo que me pareció un centro de salud.
Me dirigí al mostrador de información y tras recuperar el aliento, pero sin sacar la bolsa expuse mi caso. La secretaria/enfermera/auxiliar con bata blanca de turno me indicó que el centro de salud Serrería II estaba en la calle Pedro de Valencia número 28 que por suerte se encontraba al girar la esquina después del final de la calle, a escasos cien metros.
Llegué a otro mostrador, esta vez si saqué del bolsillo la bolsa confiado de haber llegado a mi destino, no sospechaba lo lejos que estaba de conseguirlo.
Un nuevo soldado imperial con bata blanca me informó de mi error, por allí no iba a pasar la unidad de criogenización con carbonita y que debía dirigirme al hospital clínico materno-infantil en el cuadrante alfa.

Volví al coche raudo, puse el aire y accioné el turboboost, tardé poco y esta vez tuve suerte con el aparcamiento. Entré al clínico sudado, despeinado y con un bulto en el bolsillo, me dirigí a la señorita del mostrador de la entrada y volví a contar mi situación.

- Pues no estoy segura de donde tienes que ir - Me dijo - Espera y pregunto.
Cogió el teléfono y marcó unos números
- ¿Puri? Oye, mira, que tengo aquí un chico que lleva un bote con semen ¿Tu sabes donde tiene que llevarlo?
La recepción del clínico estaba abarrotada, intenté hacerme el despistado, pero todos miraban mi bulto en el pantalón.
- Pero ¿Allí no estaban los laboratorios? ¿los han cambiado? Aaah en el segundo, vale gracias Puri.
Me dijo que debía coger el ascensor y salir en la segunda planta (creo recordar), después me dio varias explicaciones de cómo llegar a los laboratorios de las que no recuerdo nada y que debí olvidar a los pocos segundos de salir del ascensor, porque no tardé ni un minuto en perderme. Tras varias vueltas buscando alguna indicación encontré otro mostrador con dos mujeres que no tenían la más remota idea de que era lo que yo buscaba, me hicieron pasar a un pasillo contiguo donde debía esperar a que salieran unas enfermeras a las que podría preguntar.
Vi un par de enfermeras a través de un cristal traslúcido sentadas hablando de sus cosas sin ninguna intención de salir en un futuro inmediato, a mi alrededor, esperando, más de diez personas, ninguna de ellas con un bulto en el bolsillo.

No se si fue inspiración divina o que le di pena y preguntó, pero una de las mujeres que poco antes ignoraban donde estaba mi destino volvió para buscarme. Me sacó del pasillo y me alejó de la zona que suele frecuentar enfermos y visitantes para llevarme frente una puerta que daba a una especie de oficina, me indicó que pasara y preguntará y se marchó, recuerdo que en ese momento pensé que no sabría encontrar la salida y que probablemente moriría allí de inanición con un bote de semen en el bolsillo.
En la oficina había una mujer escribiendo en un ordenador, me acerqué y por sexta vez en un día hablé de mi semen. Me dio una hoja para que rellenara mis datos. Algo había cambiado por fin.

- ¿Dónde dejo el bote? - Pregunté mientras sacaba la bolsa del bolsillo y el bote (algo pegajoso) de la bolsa y lo depositaba en su mesa
- ¡¿Llevas ahí la muestra?! - Preguntó algo exaltada mientras saltaba un metro hacia atrás con los dedos índices haciendo la señal de la cruz Cuando se hubo recompuesto me preguntó:
- ¿Cuántos días has estado de abstinencia antes de extraer la muestra?
- Tres - Contesté
- ¿Cuánto tiempo hace que se extrajo la muestra?
Había estado remando sobre las nueve menos diez.
- Cincuenta minutos o una hora - Dije mirando el reloj de mi móvil.
- Bueno - dijo con cara de asco - Coge eso y llévalo al laboratorio, al final de ese pasillo, y entrégaselo a mi compañero.
Así lo hice, después encontré la salida del laberinto y pude llegar al trabajo.

Unas semanas más tarde el médico me dio los resultados, lo asombroso es que, a pesar de la aventura, todo estaba bien: movilidad correcta, población abundante, viscosidad normal.
Algún día, si me animo contaré como por culpa de otro análisis me toco remar en el trabajo. Lo importante es tener el remo siempre listo.
[ver foto 1][ver foto 2][ver foto 3][ver foto 4][ver foto 5]

Leave a reply