Diario de un embarazo – Tomando rumbo
Podríamos decir que la cosa empezó, hace ahora, aproximadamente dos años y seis meses.
Creo que ya he comentado alguna vez que las mujeres empiezan varios años antes a planear su boda, y aprovechan los largos viajes en coche (en los que no puedes escapar como no sea saltando por la ventana a ciento veinte kilómetros porhora), para contarte detalle a detalle como les gustaría que fuera. Después, cuando ya han conseguido la boda de sus sueños, pasan varios años recordando detalle a detalle como fue. En el caso de mi señora, siendo yo un tío soso y aburrido con poca conversación, está casi justificado.
Así la tienes entretenida un tiempo, pero sabes que, tarde o temprano, se cansará y entonces, como buen capitán de navío buscará otros rumbos donde llevar el barco.
Si creías que lo de la boda era lo más fuerte que te podía pasar, era, probablemente, porque no te habías parado a pensar como sería tener hijos (los tíos no tenemos por costumbre pararnos a pensar y mucho menos a pensar en tomar la decisión de tener hijos).
En la vida de un hombre hay dos momentos que marcan un antes y un después.
Uno sería la primera vez que haces el siguiente comentario a los amigos:
-¿Casarme? Buuuff, pues no me queda a mi ni nada todavía.
No importa en que momento lo sueltes o que simplemente sea un pensamiento fugaz en tu propio cerebro. Por lo visto es una combinación de sinapsis neuronales que tienen comunicación telepática directa con el pensamiento de tu pareja (no importa que se encuentre a 350 kilómetros de distancia visitando a la familia) accionará un interruptor y al día siguiente te sacará el tema (esto está científicamente probado).
El otro momento es cuando sueltas a los colegas o piensas algo como:
-¿Tener hijos? Buuuff, pues no me queda a mi ni nada todavía.
Que conecta exactamente con las mismas conexiones sinápticas que el anterior.
El día en que mi señora hizo el primer comentario se me erizaron los pelos de la nuca, me empezaron a castañear los dientes y se me nubló la vista, por supuesto fue en un viaje largo en coche y esto, conduciendo por la autopista, puede ser bastante peligroso.
Te empieza a contar los nombres que tiene pensados, el colegio donde irán los churumbeles (por supuesto no se conforman con uno), como van a cambiar las habitaciones para ubicarlos, el color y las pegatinas infantiles que decorarán las paredes y la educación religiosa que tendremos que inculcarles.
Lo tiene todo estudiado y memorizado y tu recibes toda esa información con cara de idiota y con el miedo subiéndote por la columna, pensando que está poseída y dudando si clavarle una estaca en el corazón o, aprovechando que vas conduciendo, estrellarte contra la mediana y acabar con el sufrimiento de ambos.
El siguiente paso una vez asimilada la información (y aceptada por narices) es acordar el momento exacto en el que iniciar la concepción. Aquí dan comienzo unas arduas negociaciones, un intenso tira y afloja. Que nadie se engañe, lo utilizan para crear la apariencia de que tu opinión cuenta pero está todo planeado de antemano. Aún así, si juegas bien tus cartas puedes rascar unos mesecillos (o creerte que lo has hecho).
Acordamos empezar a finales de junio de hace casi tres años, pero, donde hay patrón ya se sabe, así que empezamos a principios de marzo.
Te consuelas pensado que a partir de marzo va a ser la leche, todos los días dale que te pego como conejos.
Hasta ese momento uno se despertaba los sábados con el mástil tieso, se ponía un poco melosón y había tema. Ya se sabe: “sábado sabadete…” y el resto del fin de semana también se aprovechaba en lo posible.
Pero llegado el día D la cosa iba a ser de vértigo, ya estás dándole vueltas a comprar el Tauritón cuando te despiertas el sábado con el mástil a sotavento, le susurras al oído, acaricias su espalda y ella se gira y te dice:
-Quieto parao, que el martes ovulo y tus soldaditos tienen que descansar unos días para salir con ganas.
Se te queda la cara de idiota y el mástil por los suelos.
El martes has pasado mala noche, te has levantado a las siete para jugar al squash y has perdido todas las partidas, llegas a casa después de casi diez horas de trabajo porque había que terminar un proyecto. Agotado y hambriento te encuentras a tu mujer esperándote en la cama, es ahí cuando recuerdas que estamos en periodo de ovulación, que hay luna llena y que Júpiter está alineado con la constelación de Pegaso, tu mujer no te susurra al oído y te acaricia la espalda. No, te dice:
-Cariño, ahora es el mejor momento
Y tu le contestas:
-Tu lo sabes, yo lo se, pero hay alguien que no lo tiene muy claro.
Al final cumples, pero tomas conciencia de un periodo de horarios y calendario que no sabes como vas a superar.
La cosa empezó a alargarse más de lo previsto, lo cual a los hombres no nos preocupa en demasía, pero ¿Qué pasa cuando un barco va despacio?… Pues que se pone a remar a los marineros. Que es exactamente lo que me pasó a mí. Pero eso será para un siguiente capítulo. Por ahora el barco sigue viento en popa, el capitán manda y el marinero teme por la tormenta que se le viene encima.
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on Junio 20th, 2008 at 2:33
…tranquilo…tenemos botes salvavidas…:)
Besitos sinusíticos
on Junio 20th, 2008 at 19:09
Nene.. no me creo nada…
Recuerda que eres el prototipo de padre para nuestros hijos de todas… por algo será
Besicos
Male
on Agosto 12th, 2008 at 20:15
La verdad es que yo tengo ya mis dos chavales, el segundo con 3 meses que le muy hijo de p… no acaba de dormirse, y con el primero tardé cuatro meses, y era un calvario tener que follar cuando a la futura madre se le pone entre ceja y ceja.
Eso sí, también hubo un mes en que no paramos y tuve que estar comiendo yogures todo el mes porque no daba abasto.
Menos mal que con el segundo fue a la primera y se acabaron las especulaciones.
Gracias por el blog.