Si no puedes con el enemigo…
Hace unos años atravesamos la época de las bodas, es ley de vida, somos una generación tardía, pero la paciencia de las mujeres tiene un límite. Se las puede tener un tiempo haciendo sus castillitos en el aire de cómo va a ser su boda soñada y cada vez que te despistas y te tiene atrapado, por ejemplo en un viaje largo en coche o en avión, te cuenta con pelos y señales como van a ser las flores, el ramo y su traje, este con mayor lujo de detalle: la caída del velo, la cola, ajustado al cuerpo pero discreto, con encajes y puntillas. Aunque a ti lo de puntillas te suena a algo que se come y piensas:
-Como se lo curra la tía, quiere que por la noche le quite el vestido a bocados.
Te cuenta sus dudas entres escote o cuello cisne y el color marfil o nácar porque el blanco no le convence. Tu no tienes idea de que es en nácar, pero el marfil es blanco de toda la vida, por lo menos lo del escote te parece bien.
Si vas en coche puedes derrapar en una gasolinera y con la excusa de que tienes que mear tal vez consigas que se le pase la posesión demoníaca, pero si vas en avión como no lleves un paracaídas y el piloto se apiade de ti no te escapas ni haciéndote el dormido.
Puedes estar así durante un tiempo, pero cuando empieza a describir los trajes de sus amigas, el de tu madre y hasta el del sacerdote sabes que para la huelga de hambre le queda poco.
Encima esto funciona como con las piezas del dominó, de repente llega un día y te dice:
-Cariño, Mari Pili se casa y eso que en el pueblo decían que se iba a quedar para vestir santos. Voy a empezar a reservar para el convite
-¿Para el de Mari Pili?
-No, para el nuestro, no puede ser que “la cuervo” se case y nosotros aquí perdiendo el tiempo
¿Perdiendo el tiempo? Que descripción tan alegre para nueve años de noviazgo bien llevados.
Si solo fuera Mari Pili posiblemente podrías aguantar un poco más, pero empiezan a caer todos los amigos y te ves arrastrado por el torbellino. En un año llegamos a tener seis o siete bodas, no me llegaba el sueldo, casi tuve que pedirles un préstamo a mis padres para afrontar los gastos de las despedidas, trajes y regalos de las bodas de los amigos. Al final acabas pidiéndole tu que se case contigo y creyendo que ha sido idea tuya -pobre infeliz-.
Terminada este periodo viene la época de las separaciones y divorcios, que también te cuestan una pasta porque el amiguete, después de un par de días de duelo, te obliga a que lo saques de fiesta todos los fines de semana. Al principio esta bien porque tienes excusa para irte con los colegas:
-Cariño, es que está pasando una mala racha y no queremos que haga una tontería.
Pero después de cinco fines de semana llegando el domingo borracho a las siete de la mañana ni tu mujer ni la tarjeta aguantan más.
Ahora estamos en otra época, la de los bebés, esta es la peor de todas. Cuando empiezas a ver que las mujeres de tus amigos dejan de tomar alcohol en las cenas agárrate los machos porque viene curva. Empiezas a ver barrigas por todas partes, es como un virus del que todos se contagian. Tus amigos te lo cuentan con una mezcla de entusiasmo y desesperación, con una risita nerviosa al borde de la locura y el pánico absoluto.
Cuando empiezan a nacer ya es la hecatombe, todos con sus carritos de un lado para otro, que si no me duerme, que si llora mucho, que si no me come, que si lo tengo enfermito, que si tiene cólicos o le escuece el culito. De pronto ya no ves a los amigos más que para comer, se acabaron las cenas, algunos no vienen al los partidos y si consigues quedar una tarde con ellos son como la cenicienta, a la hora del baño desaparecen. Puedes quedar a comer algún día, pero tienes que tener un entrenamiento especial para sobrevivir. Cuando llegas a casa del amigo te riñen por llamar al timbre y cada vez que hablas te replican:
-SSSSHHHH!! Que vas a despertar al niño
Al final parece que estás en misa, todos callados y con miedo a abrir la boca por si te dan una hostia. Encima tienes el aparatito ese de circuito cerrado para ver si el niño se despierta, y en lugar de ver la tele o jugar a la Play acabamos todos mirando la pantallita esa, es como el Gran Hermano pero con el zoom a un solo participante.
A la mínima que se mueve salen disparados, luego era un pedo que se ha tirado el niño o que estaría soñando, pero el padre aprovecha y se queda solo en la habitación como embobado mirando al bicho ese babear.
Luego si llora los pobres padres tienen que aguantar las opiniones del resto de amigos que no tienen ni la más mínima idea de lo que es un bebé:
-Pues eso seguro que es hambre ¿no ves que llora abriendo y cerrando la boca?
-Claro porque si no se ahoga
-A ver si es que se ha cagado ¿Has mirado si tiene cólicos?
-Pues será que quiere abracito, porque lo tenéis muy mimado.
Yo soy de los más pesados, coño, ya que no nos vamos de borrachera déjame que me divierta con algo.
Si un día consigues que vengan ellos a comer a tu casa nunca sabes cuando van a aparecer. Llegan casi a las cuatro con varias porsibles explicaciones: resulta que el niño no quería comer, o es que se había dormido y no querían despertarle, o ha vomitado y han tenido que volver a darle la comida.
Entonces ves al padre con la camisa manchada de potito y en la mano un pañal que despide un olor inenarrable porque ha tenido que cambiarlo en el coche, en ese momento tu miras a tu mujer y piensas:
-Cariño ¿de verdad quieres sufrir esto?
Porque ahora que ha pasado la boda, en los coches o los viajes en avión, te martiriza con tener un bebé (uno, dos o tres y los que haga falta), los nombres que le gustan, la guardería y la reforma de la habitación.
Puedes aguantar un tiempo, pero sabes que la huelga de hambre está cerca y que cuando todos los amigos se contagian te queda poco para dejarte arrastrar por el torbellino.
Y así estamos, de cinco meses, pronto llegará la hecatombe
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