Mi primera escayola chispas
Esta claro que cuando vas a emprender un tarea y no estás en plenas facultades hay un amplio porcentaje de que algo salga mal.
Eso mismo me ocurrió ayer.
A las diez menos veinte de la noche, preparando la mochila para el primer partido después de este largo parón por las fiesta, me notaba cansado, había madrugado para ir al gimnasio y, además de pasar una mala noche, no había podido disfrutar de una siesta recuperadora de las mías, el cuerpo me pesaba y el sofá me llamaba a gritos (los que leísteis el post anterior no os hagáis falsas conjeturas, solo quería sentarme).
No me rendí, hice un esfuerzo y me presenté puntual a la cita.
Empezado el partido parecía que corría con los cordones de las zapatillas atados el uno con el otro.
Con solo veinte minutos transcurridos, corriendo junto a un contrario, en una hercúlea lid por alcanzar antes el balón, me fui al suelo por segunda vez, con tan mala suerte que todo mi peso fue a apoyarse, en una extraña posición, sobre el dedo anular de mi mano izquierda. Alcancé a oír un leve “cric” y me levanté pidiendo el cambio porque aunque en ese momento no dolió mucho presentía que la cosa no iba a quedar así.
Efectivamente, el dolor empezó a acrecentarse y el dedo parecía tonto, cada vez que lo movía el “cric, cric” persistía. Al término de la primera parte mis compañeros de equipo se acercaron para ver como me encontraba y preguntarme que había pasado. Uno de ellos comentó:
-Te has caído tu solo ¿No?
-Si, he tropezado con el otro, o con el balón, o con mi sombra.
Eso está bien -pensé- por si no es bastante humillante, siempre hay alguien que te lo recuerda.
Me medio mareé y se ofrecieron a llevarme a urgencias, pero al incorporarme me encontré mucho mejor, así que los dejé jugando y sin avisar me fui a la ducha y de allí a urgencias conduciendo mi coche como Curro Jiménez su caballo -una mano en las riendas y otra en la cintura-
Al médico que me atendió no le pareció que el “cric, cric” fuera normal y con un radiografía confirmó que estaba roto, pude ver perfectamente la tercera falange dividida en dos.
Solución: inmovilizar.
Nunca me he roto nada, como mucho algún esguince que se cura en una semanita con un venda de nada, y ahora, a los treinta y cinco ¡Pam! Palmo y medio de escayola en la mano con la que escribo y me alimento, va a ser verdad que ya no tengo edad para algunas cosas.
El médico dijo que no había alternativa, se calzó el mono de trabajo y el casco y se metió en faena.
Cuando terminó de ponerme todo el cemento este de secado rápido, me agarró el tío la mano y me hizo una llave de taekondo girándome los dedos para que la escayola cogiera una forma determinada ¿Por qué coño no empezó a escayolar en esa postura? Vi las estrellas y a toda su familia colgada de los pulgares.
Después volví otra vez a rayos para que me hicieran una radiografía de control, la espera, esta vez, fue algo más dilatada y me dio tiempo a darme cuenta que aunque según esta radiografía la posición del hueso no era la correcta, era muy remota la posibilidad de que el médico se pegara el curro de quitarme la escayola y de ponerme otra. Además no le hubiera dejado otra vez girarme los dedos, antes se come todo el algodón que había en la sala.
Tengo confianza, estoy seguro de que todo estará bien encajado, aunque me mosquea no haber visto la segunda radiografía y que el médico volviera a intentar torcerme los dedos después de ver la radiografía, esta vez sin ningún éxito por que la cosa había fraguado y no había Dios que lo moviera.
-¿Te duele?- Preguntó
-No, es más bien un hormigueo.
-¿Tienes bien la circulación? ¿Puedes mover un poco los dedos?
-Si, pero cuando muevo el dedo hacía arriba vuelve a aparecer un leve “cric, cric”
-¡Pues no lo muevas!
(¡Leche! ¿y para qué me pregunta si puedo moverlos?)
¡Ñas! Para fuera y que entre el siguiente.
Volví con el coche para casa, homenajeando de nuevo a Curro Jiménez, allí me esperaba mi mujer todavía despierta y preocupada. Eran más de la una, así que le hice un resumen y le pedí que se durmiera. Me dijo que si quería tomarme una pastilla, pero como el médico no lo había comentado y no entendía nada de lo que ponía en el papel le dije que me esperaba mañana.
Me costó dormirme porque esto es incomodísimo. Lo malo es que a mitad de la noche, mi mujer, en sueños, me volvió a preguntar si quería una pastilla, no creo ni que se acuerde, pero yo volví a tardar en dormirme más de una hora, al final lo conseguí imaginando varias maneras de hacerle tragar la escayola, como si de contar borreguitos se tratara.
Como soy un campeón esta mañana he ido a trabajar, soy zurdo, pero el ratón siempre lo manejo con la derecha, así que algo he hecho. Pero esto es un martirio, es casi imposible abrocharse el botón del pantalón, así que voy a mear lo justo. Y aquí me tenéis, aporreando el teclado con una mano, es como si fuera encadenado todo el día y tengo que estar así de tres a cinco semanas.






on Abril 13th, 2008 at 19:55
Estimado blogero… Me ha encantado leer tu relato acerca de estos pequeños incidentes que suceden del modo más variopinto. Mi única escayola fue gracias a un esguince en condiciones y la verdad es que te fastidian el día a día, pero no hay nada que Curro Jiménez no pueda superar.
Ánimo y cuidadito con el fútbol.