EL sofá
Se acabaron las vacaciones, es muy duro volver a la monotonía diaria, no hay manera de concentrarse en el trabajo y te entretienes con cualquier cosa. Te pones a leer el correo atrasado, los periódicos digitales, a dibujar en la mesa, a hacer sudokus o a ver webs porno y sin darte cuenta se te pasa la mañana.
Como dijo Buenafuente en el monólogo del lunes: El primer día de trabajo después de estas fiestas lo llaman el día de la oruga porque te pasas el día haciendo el capullo.
Claro que en mi caso, y el de algún otro, la cosa no se queda solo en un día.
-No te creas nada Carlos, estoy exagerando.
(No creo que mi jefe lea el blog y si lo conoce seguro que solo mira las fotos, pero por si las moscas…)
Siguiendo está línea de deducción, hoy es el primer día que me siento a escribir después de las fiestas, no se si alguien se habrá dado cuenta, pero la semana pasada con el mogollón de la cremá, la Mare de Deu i tot aço, ni me acordé. Haceros una idea, los que leéis esto, de cómo puede salir la cosa.
Ya que estoy, podría hablar de las vacaciones, que es de lo que se habla cuando vuelves al trabajo. Si no eres hábil con el escaqueo acabas tragándote alguna presentación fotográfica o alguna historieta de cómo soportar a hijos y suegras en vacaciones. Pero no nos hemos ido a ningún sitio y lo bueno de quedarnos en casa es que me puedo pegar siestas de verdad. Nada de veinte minutitos justitos como suelo tomarme los días que voy a comer a casa, la horita y media no me la quita nadie. Mi sofá, mi mantita (no importa que fuera estemos a veinticuatro grados) y el despertador porque soy capaz de empalmar con la cena y más feliz que Arguiñano con su chiste.
Cada vez me reafirmo más en la idea de que mi sofá es el mejor elemento de mi casa, mejor que el mueble bar, que el portátil de última generación, que la televisión de plasma con el home cinema, incluso que el jacuzzi.
Os lo aseguro, estoy convencido que si tuviera todo eso pensaría lo mismo.
Mi sofá es personal e intransferible, encajo perfectamente, es como si tuviera esculpida mi silueta y tengo pillada la posturita para elevar la definición de siesta a un limbo poético.
Eso si tengo suerte y a mi mujer no le entran las ganas, su fijación por el sofá es de un ámbito diferente al mío (cariño entiéndelo, no se me ocurre nada que contar). No se que pasa pero cuando me ve allí tumbado o estamos los dos sentados viendo la tele le entra un subidón erótico-festivo y ni ver la tele, ni dormir la siesta, ni na de na (bueno, ni na de na, ni na de na…, algo si).
No se si son las posturas que permite o que le da morbo que nos puedan ver por la ventana o que, de anteriores usos, el sofá desprende feromonas, pero es casi automático, le entran ganas y hay que consumar el matrimonio (me va a matar).
Lo bueno es que le tenemos cogido el puntito y muy aprovechado, tanto que si un sábado de buena mañana me pongo tontorrón, se levanta y me dice: ¡Vamos al sofá!. (soy hombre muerto)
La verdad es que lo recomiendo encarecidamente como buena receta contra la monotonía, no me extrañaría nada que hubiera un “Sofasutra” y estoy dándole vueltas a ponerme en serio a ahorrar para el Sillón curve, aprovechando que está rebajadísimo, ya que nos ponemos que sea en plan profesional, lo que no tengo claro es si servirá para mis siestas.


















