Diciembre 19th, 2007

Gaunthlet by David Albiñana

Posted by Peter Parker in amigos

No estoy en contra de los “revivals”, siempre que se adapten convenientemente a los tiempos actuales. No se puede aspirar a que funcione una cosa que funcionó hace veinte años, sin introducirle algún cambio que lo adapte a una realidad que es muy distinta. Es algo así como el “chumba-chumba” que le ponen de fondo a las canciones antiguas para que vuelvan a ser éxitos…

Mi amigo Tito y yo hemos decidido comprar una máquina de Gaunthlet. Era un viedeojuego que había en el bar “Madonna” de Artes Gráficas, que podían jugar hasta cuatro tíos, y en el que un Guerrero, un Elfo, una Valkiria y un Mago iban pasando pantallas a base de meter monedas de cinco duros, enfrentándose a fantasmas, orkos y muertes, cogiendo magias, llaves y pergaminos, y pasándoselo teta hasta que se acababa la pasta.

Mi amigo, que es un número uno, conoció hace poco a un viejito con coleta que le reveló que todas las máquinas de videojuegos y petacos que había a patadas en bares y recreativos, cuando cayeron víctimas de la consola y el PC, fueron llevadas en barcos y camiones a los países pobres para entonar su canto del cisne. Pero que en algunas naves y almacenes de los polígonos, silenciosas y cubiertas de polvo como el arpa de Bécquer, veíanse algunas decenas de estas máquinas que por lo que sea no habían hecho la senda de los elefantes. Así que el viejito se ha comprometido a buscarnos una de Gaunthlet, aunque tarde mil años.

Una vez resuelto el problema de dónde ubicar el trasto y del eventual mantenimiento técnico, pronto descubrimos un inconveniente aún más peliagudo: si jugar no nos costaba un duro porque la máquina era nuestra, la emoción de la partida se iba al carajo. Y eso le quitaba por completo la gracia al invento.

Pero aquí viene el “chumba-chumba”, porque con dos cojones, le vamos a mantener a la máquina la necesidad de funcionar con moneda, adaptando el cajetín al euro, que hasta ahí no hay problema. Y con otros dos cojones - que por algo somos dos - esas monedas no van a volver a nuestro bolsillo, porque entonces estamos como al principio. Así que van a ir necesariamente a un tercero. Pero … ¿A quién?

¿A una asociación benéfica? Y una mierda. Entonces si te matan piensas “bueno, para los pobrecitos del paseo de la Pechina” … ¡!De eso nada!! La pasta va a ir para España 2000, para el Ku Klux Klan, para el arzobispado y para la plataforma cívica “Amigos de Carlos Fabra”, y os aseguro que si alguno de esos orkos, muertes y fantasmas quieren ponernos las manos encima, van a cagar sangre porque vamos a defender cada céntimo de euro como si fuera el “Álamo” … ¡! VIVA EL GAUNTHLET ¡! ¡! VIVA EL CHUMBA-CHUMBA ¡! ¡!! JERÓNIMOOOOOOOOOOOOO … ¡!!


Como deduzco que a la mayoría el guerrero, el elfo y el mago del Gaunthlet les trae sin cuidado, he buscado unas fotillos de la Valkiria.

Valkiria 1Valkiria 2Valkiria 3Valkiria 4Valkiria 5

Diciembre 12th, 2007

En la cama con 39

Posted by Peter Parker in cosas mías

Es lo que tiene llevar unos días durmiendo poco, machacándose en el gimnasio sin recuperar bien, y cogiendo la bici por la noche tapado con una miserable rebequita. Pues que llegué anoche a casa y no me tenía en pié, no cené, intenté terminar la comida de hoy que había preparado mi señora y conseguí quemánrla porque me quedé sobado. Dolor de cabeza, pesadez en todos los miembros, tiritonas y algo mareado. Acabé con treinta y nueve en la cama. En la foto no salen todas, pero os digo yo que eran treinta y nueve.
En la cama con 39En la cama con 39En la cama con 39En la cama con 39

Diciembre 5th, 2007

Salir by Albiñana y Parker

Posted by Peter Parker in amigos

Salir. Qué bonita palabra. Yo lo hacía, lo de salir. Me encantaba salir, la verdad. Pero ahora ya no salgo casi … No … a decir verdad, ya no salgo una mierda. Como mucho, a aparcar el coche o a tirar la basura.

Al principio, cuando empecé a vivir con mi mujer, yo pensé: “qué coño”, y seguía saliendo.
Me corría mis buenas juergas con mis colegas: en casa de alguien, en un bar, tocaba la guitarra, me fumaba un porrico, iba a un concierto … nada del otro mundo. Y así me desahogaba, porque es bien sabido que el que no se desahoga, se ahoga. Luego el resacón me lo pasaba en el sobre, y el domingo por la tarde, película, padrenuestro y orinal.

Pero poco a poco mi mujer empezó a hacer su trabajo de demolición. Es como esos boxeadores que no te ganan por K.O., sino que ganan siempre por puntos. Por ejemplo, Evander Hollyfield, o Pernell Whitaker o, en general, los pupilos de Lou Duva. No buscan arrancarte la cabeza desde el primer tañido de la campana, tipo Mike Tysson, sino que se mantienen con la guardia bien alta en la distancia, te meten un jab de izquierda, retroceden para que tu golpe no les alcance, te tocan el hígado con un directo, esquivan, luego te llegan a la mandíbula con un crochet … y así, sin derribarte, te van haciendo mierda. Uno a uno, van ganando todos los rounds: los jueces les puntúan por encima en todas las cartulinas. Y cuando quieres darte cuenta, ya ha pasado el ecuador del combate, quedan cinco asaltos y la única forma de remontar es buscando un golpe demoledor. Y es entonces cuando, aprovechando tu prisa y tu ansiedad, te meten hondonadas de hostias y te pegan una paliza que te descalabran.

Pues así empezó mi mujer. Primero con puyas y comentarios incomodantes, luego con pequeñas putadas … y por fin, cuando se quedó embarazada, no dejándome dormir la mona. Poco a poco las resacas fueron haciéndose más y más desagradables: desayunos sin ganas, paseos con andar titubeante y maldecap y gafas de sol, resistencia tormentosa al sueño, cerebro inoperante, boca pastosa, indefensión si te gritan … Y llega un punto en el que la idea de salir, que hasta entonces iba asociada en mi cerebro a emborracharse, ligar y reír, empieza lentamente a desdibujarse y a identificarse con sensaciones desagradables y estomagantes … con dolor de cabeza, con bronca, con malestar … como el puto perro de Pavlov. Y si encima, un día sales y por lo que sea no te lo pasas bien, pues ya te cagas.

Finalmente llegó el momento en que cuando un colega me proponía salir, era como si pasara un trapo de esparto sobre una espalda quemada por el sol. Mi contestación era el aturullado balbuceo suplicante del boxeador apalizado que solo espera que acabe el combate para derrumbarse en la intimidad del vestuario: “sí, claro que quiero … bueno … eeeeh … ya te diré … es quee … grrrfff … nnggg …hgggg.”

Y ahora, definitivamente derrotado y con mi cerebro convenientemente manipuladito hasta haberme quedado medio sonado, los domingos por la mañana me paseo sonriente en chándal por los kioscos como un Rocky Balboa viejo, gordo y desdentado, le pregunto al panadero por sus hijas, espero mientras mea el perro, y por supuesto, me he olvidado para siempre de aquello … sí, de aquello … de salir … de esa bonita palabra.

Otra impagable colaboración de mi querido amigo David Albiñana (a la marcha que lleva terminará haciéndose el amo). Se lo agradezco mucho porque mi mujer y unas amigas suyas se han empeñado en que me las lleve de fiesta y no podía negarme. De no ser por él no hubiera salido la edición de hoy.
Cuando nos habló, frente a unas cervezas, de esta situación a la que hace referencia, uno de los amigos que lo escuchaba sugirió que sería un buen tema para un Miércoles.
David me ha pedido que añada esta dedicatoria para él:
“A nuestro amigo Pascual, que no está tan mal como él cree.”

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