Veranito
Me encanta el verano. La playita, el rumor del mar, el calor de la arena y la tranquilidad de relajarse al sol, eso cuando no hay niños peleando ni horteras con transistor.
Por esta época se duplica la gente que se desplaza con bici y una mujer subida en una bici me parece algo muy sexy. Probablemente la forma de los sillines hace volar mi imaginación.

Por fin podemos saborear un buen helado, puedes comprarlo antes, pero no lo disfrutas bien hasta que, de verdad, hace calor. Primero te refrescas los labios y pasas la lengua por ellos para sentir el frío, al final no puedes esperar más y muerdes y al tragar sientes como el frescor desciende recorriendo todo tu cuerpo, el pecho, el ombligo y no sabría decir si más abajo.


Pero realmente, el verano, es un no parar de sufrir. No me refiero a la manía que tienen las mujeres de, por estas fechas, empeñarse en enseñarnos cuanta más carne mejor.
Se pasan el otoño, la primavera y el invierno quejándose del frío y ahora nos quieren hacer creer que tienen tanto calor que van medio en pelotas. Esta claro que lo hacen para fastidiar.
No, me refiero al calor. No tenemos bastante para que además nos calienten, y ojito con que te pillen mirando un escote, entonces te miran con cara de asco y te sientes un guarro. Si yo no quería, pero es que salta a la vista. Y si me descuido una teta de esas me da en un ojo.
Encima tenemos pocas opciones para paliar el calor. Nuestra indumentaria de verano se reduce a llevar piratas o bermudas y una camiseta de manga corta. Por que eso sí, ellas van monísimas con sus camisetitas de tirantes, pero ve tu a trabajar de esa guisa y verás que risa. Y, aunque vayas por la calle, si vas con tirantes tienes que ir depilado, que mucha caña les ha caído a los metrosexuales, pero lo de “pecho lobo” se quedó en los noventa.
Imaginad cada mañana a las nueve menos cuarto, que ya pega el calorcito, en bicicleta. Llego al trabajo hecho una sopa, me caen goterones por todas partes, alguna vez me han preguntado si estaba lloviendo.
Luego vuelve a casa a las dos de la tarde. Todos los termómetros a treinta y pico y yo todo chulo con mi bici, da igual que vaya despacito o que me de el airecito, llego directamente para escurrir.
Lo peor volver al curro a las cuatro, recién comido, adormilado de la microsiesta y calor, mucho calor, rindo mogollón, ya os podéis imaginar.
Es lo malo del verano, soy de sudoración fácil, vamos que sudo como un condenado, me gotea hasta el carné de identidad.

Estoy convencido de que mi compañera planea fumigarme con Nenuco.
En las indicaciones del desodorante dice que dura veinticuatro horas, yo a los quince minutos ya tengo un rodal en el sobaco derecho que espanta, pero para evitar malos olores he optado por la costumbre de cambiarme de camiseta entre tres y cuatro veces al día, la lavadora echa humo. Menos mal que no me puedo oler los gayumbos, sino tendría que tomar medidas más drásticas.



