Cien años aguantando
100 años de trabajos forzados
100 años levantando peso, en ocasiones mucho, otras veces no tanto
100 años aprisionando y conteniendo
100 años moldeando
100 años levantando pasiones
100 años despertando la imaginación
100 años luciendo y algunos aparentando
La semana pasada hizo cien años de la invención del sujetador.
He intentado analizar esta prenda, pero no ha sido nada fácil.
No desvelo ningún misterio si comento que la mayoría de los hombres sienten cierta atracción por el pecho de la mujer más que por cualquier otro rasgo que las caracterice, habrá quien diga que le gusta más mirar culos, pero es por otros motivos y no indica que no sienta fijación por los pechos. Tengo la teoría de que esto es debido al claro contraste con nuestra anatomía. Vale que podríamos suponer la misma fijación a otra parte de la anatomía de la mujer, pero en este caso la diferencia con nosotros es que carecen de rasgo diferenciador (no se si me explico) y como he oído decir alguna vez, “a no ser que se apliquen ciertos truquitos de peluquería o te dejen verlo desde un buen ángulo, visto uno vistos todos, en cambio cada pecho es un mundo”. A pesar de lo que me fijo en los pechos de las mujeres, (poco, os lo aseguro (que mi mujer puede estar leyendo) y eso que ahora con este tiempo es difícil no hacerlo), para mi no es fácil imaginar que se siente con esos dos bultos, por lo tanto también me cuesta hacerme una idea de cómo sería llevar un sostén. Es como preguntarle a una mujer que se siente llevando algo colgando entre las piernas, además algo de lo que tienes conciencia en todo momento y que puedes manejar a tu antojo ¿O era algo que te manejaba a su antojo? No importa, no es fácil.
Quiero pensar que, además de sujetar e impedir movimientos que pueden resultar dolorosos, otra de las bondades de esta prenda es evitar la caída del pecho y, dentro de lo posible, favorecer su moldeado. Todo ventajas desde el punto de vista de la mujer.
Pensándolo bien no se porque no hay una prenda así para nosotros, que favorezcan el moldeado del pene. Si consiguieran moldeármelo como el de Nacho Vidal no me lo quitaba ni para dormir.
Para el hombre, el sujetador, es un invento terrible. Con lo fácil que cuando lo que veías era lo que había y solo tenías que aprenderte lo de 95C y 100B (Nota: el número corresponde al contorno de espalda, la letra hace referencia a la copa), ahora es un jaleo y no te puedes fiar de nada.
Desde la época del cruzado mágico de Playtex lo único que hemos sufrido ha sido traición tras traición. Primero fueron los rellenos, unos que las copas tenían casi dos dedos de grosor y la que se lo ponía parecía Yola Berrocal. No nos olvidemos del Wonderbra, que las junta y las sube, pero el colmo son los que llevan gel, esos engañan al más experimentado, ves el escote y parece que se vayan a salir por arriba, pero es que toda la mitad inferior es una pieza como de silicona que tiene la forma y el tacto de una teta. Ojito porque le pueden poner cualquier cosa.


¿Por qué no hacen un calzoncillo que me la recubra con un gel y parezca que me llega hasta la rodilla? ¿Es que nosotros no tenemos nuestro lado coqueto?
No suelo ser tan explícito, pero esto ha llevado una enorme labor de investigación (me han tirado un par de veces del Woman Secret) y como la cosa se está volviendo alarmante tenía que exponerlo, más en está época de calor que lo único que se ve por la calle son tetas. Aquí os mando unas ilustraciones de sujetadores homologados.




