Sin superpoderes
Estoy perdiendo mis poderes. Tanto tiempo esforzándome y entrenándome y ahora, de pronto, alguno empieza a fallar.
Soy un elemental, para los que no estén muy versados en la literatura fantástica o en la lectura de comics, aclararé que un elemental es alguien que puede controlar alguno de los cuatro elementos de la naturaleza: aire, agua, fuego y tierra.
Mi caso es parecido pero no exactamente igual, controlo las cuatro funciones elementales de la naturaleza humana: comer, cagar, dormir y -la última debería ser follar, pero como eso es cosa de dos y, aunque muy pocas, tendríamos que contrastar opiniones- digamos que las pajas.
Esto último esta claro que no tiene ningún misterio ni mérito, si alguien no lo controla, es decir no se las hace bien, mejor que se busque un psicólogo. Yo puedo aconsejaros una amiga psicóloga que solo con verla en su diván se te cura el problema de golpe.

Sin seguir profundizando en ese tema, en el que cada uno tendrá sus truquetes y sus métodos, he de decir que en el resto soy un profesional, casi no tengo parangón.
Con la comida soy rápido, feroz, no dejo nada en el plato, hay pocas cosas que no me gusten y realmente no es que no me gusten, es que prefiero otras, si no hay más remedio me lo como. Soy la alegría de las madres de mis amigos, habré oído mil veces la frase:
- Mira tu amigo como se lo termina todo, a ver si aprendes ¿Quieres más bonico?
- Bueno…
Por suerte esta habilidad también está intacta, pero me preocupan dormir y cagar, he entrenado mucho para llegar al punto que había alcanzado y ahora se me está trastocando todo.
Cuando voy al baño soy rápido, contundente y como un reloj, todas la mañanitas, antes de salir de casa, pim-pam y como mucho alguna noche al poco de cenar. Pero de un tiempo a esta parte, después de comer, ya sentado en el trabajo, me entran unos retortijones y aparecen unos sonidos de ultratumba que provienen de mi barriga que si, en ese momento, se girara mi compañera a pedirme un boli, me vería con los ojos saliéndoseme de las órbitas de la fuerza que hago para que no se escape nada. Al final no consigo aguantar y tengo que ir a desalojar en el aseo del trabajo.
Con el sueño también estoy sufriendo. Yo antes me dormía encima de una piedra, al lado del altavoz de una discoteca, en clase, en la biblioteca, en el trabajo, daba igual que me estuvieran hablando o que tuviera al jefe detrás, no podía controlarlo. Poco a poco fui perfeccionando la técnica hasta conseguir agrupar esos momentos de aturdimiento y concentrarlos en la hora de la siesta. Con quince minutos después de comer me bastaba. Me tumbaba, cerraba los ojos y, sin ningún proceso, caía inconsciente y así seguía hasta que sonaba el despertador y así aguantaba hasta la noche. Otra cosa que ha cambiado, no consigo concentrarme, todos los sonidos me molestan y doy vueltas en el sofá hasta que suena la alarma del móvil. Por suerte, aunque en el trabajo corro el peligro de romper el monitor de una cabezada, los retortijones no me dejan dormir.
El hombre es un animal de costumbres y solo hay que entrenar un poco y volver a los buenos hábitos. Para ilustraros más os dejo unas imágenes de otros elementales.









