Tengo un blog
Esto de tener un blog me altera. Me hace sufrir. Antes, cuando solo mandaba los correos a los cuatro amiguetes de siempre no tenía muchas comidas de cabeza, los hacía más cortitos mandaba una fotillo y hasta la semana siguiente nada. De vez en cuando alguno me contestaba con otro mail, me daba su opinión, se metía conmigo o aprovechaba para preguntar por la familia y eso siempre se agradece. Mi mujer, creo que ya he dicho alguna vez que es mi mayor fan (por lo menos hasta que se suscriba mi madre), no falla nunca, todos los jueves por la mañana tengo un correito suyo. Me dice que escribo muy bien, que se ha reído mucho, que le encanta el texto y alguna vez hasta me felicita por la foto (que bonito es el amor).
Ahora con esto de que tengo un blog todo es como más serio, me imagino que todo el mundo me observa y es estresante, tengo que esforzarme más. Voy en la bici pensando en temas para hablar y las fotos que utilizar, cuando leo el 20 minutos, cuando veo las noticias o cuando hablo con la familia y los amigos. Por lo menos doy la impresión de que escucho porque pongo cara de concentración, aunque esté dándole vueltas a la primera frase intentando sacarle jugo y del resto de la conversación ni me he enterado.
Cuando en el curro me pilla el jefe mirando tías en bolas intento hacerle entender que es un trabajo de documentación para la noche de los miércoles. Creo que mis intentos de explicarlo lo empeoran.
Tengo la duda de si un día alguien me montará un pollo porque las fotos que cuelgo tienen derechos de autor. Y tengo que tener cuidado con lo que escribo o a quién nombro. Por lo visto hace tiempo dediqué uno de los Miércoles a un amiguete y añadí su nombre y apellidos. Es un abogado importante (o al menos eso dice él) y cuando buscas su nombre el Google en lugar de salir el bufete donde trabaja, los masters o los cursos que ha hecho, aparece la mención de los Miércoles y se lo relaciona con las tetas gordas. La verdad es que no se si creérmelo o pensar que lo dice para animarme (es un buen amigo).
Tengo que estar pendiente de los resultados en buscadores y de estudiar trucos o métodos a seguir para que se posicione mejor en ellos. Además me he creado una cuenta en Google Analytics, que es una aplicación web de los tíos de Google donde puedo ver cuanta gente consulta el blog, que páginas se visitan, desde que ciudad se conectan, desde que otra web enlazan y un sinfín de gráficas, porcentajes e historias que no creo que me aprenda ni entienda jamás.
Coño!! Si tengo más curro que en mi empresa!!
Todo esto me absorbe, estoy como pendiente del xiquet y le doy una importancia desorbitada.
Hace tres semanas, más o menos, recibí mi primer comentario en el textito del vestuario de fútbol. Fue tan solo una frase y por un anónimo. No pude evitar que una lágrima se deslizara por mi mejilla, casi tengo una erección.
Todo esto me crea unas expectativas y me hago ilusiones, por eso cuando pasa lo de la semana pasada el tortazo es más fuerte. Me curro un textito con varios enlaces al blog, lo presento en sociedad y mando más fotos que nunca.
¿Y que ocurre? Pues nada, no solo no recibo ningún comentario en el blog, sino que el único correo que me llega, es mi mujer, que no opina sobre el texto, ni de las fotos de las tías en pelotas. Me dice que no me preocupe, que si me he quedado con ganas intentaremos ir este año otro día a esquiar. Vamos, mi moral por los suelos.


Para colmo esa noche o la noche siguiente abro el Google analytics ese de las narices y me encuentro con que tengo menos visitas que otras veces. Es para tirarse de los pelos.


Ahora no vengáis de buen rollo a ponerme comentarios que os conozco y ya no vale.

















