La corbata
Estoy peleado con la moda. La verdad es que un tío que lleva vaqueros y camiseta todo el año, llueva o te ases de calor, no puede hablar mucho de moda, pero es que llevo un par de semanas pasándome por las tiendas del centro y no hay manera de encontrar unos pantalones que me gusten y me queden bien.
Reconozco que parte de la culpa es mía. Sin la aprobación de mi mujer no me atrevo a comprarme ropa. Luego, cuando me los ve puestos empieza con que me hace unas arrugas raras detrás, los bolsillos me hacen bolsas o el color no va con el tono de las cortinas y al final acabo dejándolos al fondo del armario y poniéndomelos solo cuando me voy al chalet a trabajar en el jardín.
Por otra parte mis proporciones no ayudan, soy pati-corto, tengo los muslos anchos y poca tripa, así que cuando consigo meterme un pantalón, y que me pase las piernas, entonces me sobra un palmo de cintura. Sin hablar del palmo y medio que me sobra de largo
También tengo un problema con los pantalones cortos de deporte. A mi gustan los de siempre de algodón, de esos que poco a poco van cediendo, pero ahora parece que casi no fabrican y los han sustituido por unos de tela, similares a los que usan los jugadores de baloncesto, que a mi me parecen un bañador, y que con mi trasero, si me pongo uno de esos, parezco el pato Donald con tacones.
Y es que los hombres lo tenemos mal con la moda o con la ropa en general. Nos tienen marginados, el porcentaje de tiendas de ropa de hombre o de oferta y variedad de ropa para nosotros es ínfimo comparado con el que disponen las mujeres. El otro día entré en el que era el último oasis de ropa solo masculina, Springfield, y dando una vuelta, buscando pantalones, me encuentro con que una de las plantas (creo que tiene dos) es de ropa femenina, lo que me faltaba, también lo han invadido.
Y es que está claro que la mujer es un mercado lucrativo. No contentas con sus vestiditos, tops, camisetas, camisas, faldas, minifaldas y complementos (no voy a entrar en el tema zapatos), tienen que apoderarse también de las típicas prendas masculinas. Empezaron por los pantalones. Esto tiene un pase, la falda en muchos aspectos para la mujer moderna es una prenda incómoda. Después adoptaron las chaquetas y el traje, típicamente de hombre, que ha sido rediseñado para ellas. Nótese que esto al revés no pasa, no me viene a la cabeza ninguna prenda típicamente femenina que se haya trasladado al vestuario masculino. Los escoceses lo intentan, pero no se yo si conseguirán extenderlo a uso cotidiano. No me imagino a ningún tío yendo al trabajo con un top ajustado enseñando pelos por el escote. Bueno, corrijo, puedo imaginármelo pero no es el público objetivo al que me refiero.
Hay que reconocer que con la moda de los metrosexuales, que algún verano les dio por lucir pareos en la playa, parecía que íbamos a acabar todos con falda y pamela, por suerte la cosa se ha calmado un poco.
Pero la moda femenina no descansa, fagocita todo lo que le rodea y lo hace suyo. Un tío se pone una blusa, una cinta en el pelo o un pantalón lila y su sexualidad, por no hablar de su estilo al vestir, queda en entredicho. Una mujer lleva traje y corbata y es lo más moderno, envidiado y sexy del lugar. ¡La corbata! ¡Dios! Es que no nos han dejado ni eso, no es nuevo ver una mujer con corbata, pero es inaudito. La corbata es la prenda masculina por antonomasia, símbolo fálico donde los haya, un distintivo viril, su historia se remonta al siglo XVII, evolucionó de una especie de pañuelo que utilizaban los oficiales del ejército Autro-Húngaro para resguardar sus gargantas del frío.
Quizá de mucho antes, de los oradores romanos, hombres pertenecientes al senado que protegían sus cuerdas vocales. Que si, que las mujeres pueden ser soldados y tienen el derecho a voto y están en la política. !Coño pero que nos dejen la corbata!.
Pues no, nos podemos olvidar, nos han robado las corbatas, ha sido como una castración de vestuario. Pero claro, se pongan lo que se pongan les queda tan bien.







