Octubre 25th, 2006

Tengo que aprender a morder

Posted by Peter Parker in deporte

Rondaban las cuatro menos veinte de la tarde. Salía del vestuario, recién duchado después de casi una hora intensiva de squash. Llevo unas semanas con un ataque de fiebre deportiva, ese mismo día, tempranito, me había machacado en el gimnasio en una de esas actividades que contaba la semana pasada. Como es natural estaba exhausto, no podía ni con las llaves de la bici y todavía no había comido, me dirigí a la ventanilla del pabellón para devolver la llave de la taquilla y me encontré con una pequeña cola de tres personas.

Al que atendían en ese momento era un chaval al que le estaban haciendo el bono mensual y detrás suyo un par de señoras de cincuenta y tantos que charlaban ajenas a prisas o estréses.

Un poco nervioso por la hora, pensando que tenía que comprarme la comida y llegar al trabajo antes de las cuatro me coloqué detrás de ellas a esperar mi turno con clara expresión corporal de que necesitaba salir volando. Una de ellas se percató al instante de mi urgencia y observó la llave de la taquilla en mi mano, me preguntó si solo quería devolverla y, al contestarle yo que si, dijo que por ellas no me preocupara. Me acerqué a la taquilla poniéndome a su altura como con miedo a colarme y esperando a que el tío del bono soltara la pasta y se pirará. No llevaba ni dos minutos en esa ventajosa posición cuando, por el otro extremo de la ventanilla, aparece una chica, rubita, guapita, pequeñita y delgadita, de esas que por detrás parece una niña de quince pero que por delante te das cuenta que los treinta ya no los cumple, se coloca al lado del pavo del bono y deja en el mostrador su llave. Me quedo flipado, mudo como siempre en estos casos y sin saber reaccionar, y antes de que pueda hacerlo la mujer que antes me había dejado paso la reprende diciéndole que estamos esperando y yo estaba primero.
La rubita, bajita y delgadita contraataca al instante alegando que ella solo quiere entregar la llave. También esta vez sin dejarme tiempo a reaccionar (aunque siendo sincero sin ninguna intención a ello por mi parte) mi abogada defensora le rebate que ese es también mi objetivo.

Las palabras siguientes de la rubita flacucha, hija de su madre todavía se me clavan en el cerebro como espinas:

- Pues que se espabile, que es tarde, estoy cansada y ya no puedo más del hambre que tengo.

Volví a callar estupefacto con la sangre de mi cerebro en estado de ebullición, por suerte para mi, el tío del bono acabó en ese momento y yo metí el brazo antes que el alíen rubio, di la lleve, recogí mi DNI y me fui dando las gracias a mi abogada dedicándole mi mejor sonrisa.

Todavía me asombra, no entiendo por qué, el egoísmo que es capaz de demostrar el ser humano. Esta tía se creía la última Coca Cola del desierto y la única que podía tener hambre a esas horas. Seguro que luego llegaría a casa y se tomaría una hoja de lechuga y una ciruela.

Soy incapaz de reaccionar ante estas situaciones, por una parte por falta de inventiva, la frase perfecta que le tendría que haber soltado me viene cuando salgo con la bici del pabellón, pero por otra parte soy un cagao, lo reconozco, tengo una especia de tara que me impide hacer o decir nada que pueda molestar al prójimo intencionadamente aunque el prójimo me esté pisoteando con un tacón en los testículos, y si lo hago luego me siento fatal.

Tengo que hacérmelo mirar, aprender a ser un poco malo, cagarme en la puta si alguien me está quemando el glande con un soplete o simplemente me está tocando las narices.
Tengo que protestar, morder si hace falta, un buen mordisco a tiempo puede dejar claro que con uno no se juega y que no se trata de un perrito faldero.
Mordisco

Además está más que demostrado que si dejas las cosas claras, te impones y no dejas que nadie se te suba a las barbas, al final es el otro quien se cuida de no molestar o viene como un perrito a lamerte los pies. Los pies o lo que sea.
A mis pies

Octubre 18th, 2006

Gimnasio

Posted by Peter Parker in deporte

Estoy cambiando de opinión con respecto al gimnasio. Llevaba tiempo dándole vueltas a cambiar un poco mis costumbres deportivas pero resulta que está subiendo el nivel y la cosa se pone nteresante.
Para poner en antecedentes a los que no lo sepan voy al gimnasio de la universidad. Soy antiguo alumno y eso me proporciona libre acceso a las instalaciones. Además llevo yendo más años que el tiempo que pueda estar trabajando el más veterano de los/as monitores/as de allí, desde que empecé la universidad. Cada uno que haga sus cuentas.

Seguramente he comentado que, entre otras cosas, suelo hacer aeróbic, step y algo que llaman ritmos, una especie de aeróbic pero variando los estilos musicales (rock, funky, batuka, salsa, etc.).

Como decía no es el primer año que me planteo dejarme este tipo de actividades y centrarme en otras como pesas o atletismo, algo más aburridas pero más acordes con mi edad.

Poneros en mi lugar, empieza el curso y con él las clases de aeróbic y se apuntan todas las niñas recién entradas en la universidad. Dieciocho añitos, pavitas, todas monas con sus equipajes a estrenar, en grupito porque les da corte recibir la clase sin sus amigas y al fondo para que no se les vea mucho. De pronto llego yo, tarde, abuelo de treinta y tantos, recién levantado, ojeroso, sin peinar, con la barba de tres días y los mismos pantalones cortos de deporte desde hace cinco años y me toca delante porque no hay más sitio. No creo que sea bueno para mi reputación que además, debido a mi experiencia de años, lo haga mejor que ellas y tengan que mirarme para seguir la clase ya que el profesor o profesora nos deja a nuestro ritmo más de una vez.

Con este panorama es lógico que me lo plantee, piense en dedicarme a ponerme cachas y me olvide de dar saltitos. Además uno también se cansa de las bromitas de los colegas: ¿Pero sigues yendo a aeróbic? ¿es que hacen mallitas para abuelos? ¿llevas tutú? Claro que esto nunca me ha afectado mucho, porque mallitas hay, lo puedo asegurar, de todos los colores y tamaños, y también tops… lo de los tops es un tema a parte, y es que las de dieciocho vienen pisando fuerte y para colmo tenemos erasmus, suele venir una coreana, un par de americanas y antes una italiana. Al final uno no sabe donde mirar, así que lo mejor es concentrarse a saco en la clase. El problema es que acabo chopado, goteo por la nariz, por las orejas y hasta por las uñas, bajo mis pies hay un millar de gotas que poco a poco se van convirtiendo en un charco y estoy rodeado de niñas que no transpiran, que dan la clase como si fueran paseando por el parque, como a cámara lenta, en lugar de chumba chumba para ellas suena el Lago de los Cisnes. Y en la otra punta mi amigo José, con la cara desencajada, dando el máximo, exagerando los movimientos, pisando más fuerte, saltando más alto cada vez y sudando como yo.

Hoy para colmo al profesor, casi al final, se le ocurre hacer los últimos pasos por parejas. La cosa consistía en, uno frente el otro, cogernos del brazo para hacer que gire primero uno y luego el otro. Cuando ha llegado el momento de cogerse he mirado mi brazo, parecía que tenía los pelos peinados con gomina que iba chorreando hasta mi mano, le he dicho a la chiquita que mejor lo hacíamos sin cogernos, me ha mirado como diciendo: ¿En algún momento pensabas que te iba a tocar? No vaya a ser que te despeine el brazo majete.
Así que ahí esta yo, haciendo lo pasos sin tocarla, ojeroso, despeinado, con la nariz roja de tocármela para limpiar las gotas que me caían, con la barba de tres días y empapado, totalmente chopado como si acabara de salir de la ducha.
Sudando en el gimnasio

Octubre 11th, 2006

Cenita de amiguetes

Posted by Peter Parker in amigos

Estoy de Rodríguez. No he podido evitar recordar esas películas de Juanjo Menéndez y Jesús puente -aunque probablemente no fueran ellos- de allá por los setenta en las que el entrañable protagonista alentaba a su esposa a irse de vacaciones sin él:

- Ve cariño, no te preocupes, coge a los niños y marcharos a Benidorm que yo no tengo puente y el cabrón del jefe me ha cargado de trabajo. No es cuestión de que tu y los niños os quedéis encerrados en casa por mi culpa.

Con esta perfecta excusa el comediante se quedaba solo disfrutando de la paz y la tranquilidad en la soledad de su casa y de la posibilidad de, sin ataduras, buscar algo de diversión fuera de casa. Después, tras varias desventuras y algún que otro despropósito en las labores del hogar, nuestro héroe, un par de días antes de lo que pensaba, huía desesperado y escarmentado al amparo de su señora esposa con la buena noticia de que el jefe les había dejado libres.

En estos tiempos modernos estas cosas no pasan, la mayoría de los jóvenes con pareja de hoy en día somos perfectos amitos de casa y una hamburguesa o el bar de la esquina nos saca de cualquier apuro y si no se hace la cama en cinco días no pasa nada. Yo hasta estoy pensando en plancharme una camisa para salir de fiesta, siempre hay una primera vez para todo y seguro que en Internet hay alguna web que explica como se hace.
Salir con los amigotes es la meta máxima del Rodríguez. Yo la verdad es que lo estoy deseando, lo echo de menos, mañana echaré de menos a mi mujer (tenía que decirlo que ella lo lee) pero hoy echo de menos las cenas de tíos.

La última fue en febrero y lo pasamos realmente bien y, aún sabiendo que intentar repetirla es encaminarse al fracaso, de esta noche no pasa, he conseguido reunir a cuatro desesperados del equipo de fútbol para tomar unos bocatas en un bar. Estoy escribiendo esto antes de salir pero lo mandaré cuando regrese, mala idea ahora que caigo, porque entonces mi mujer sabrá a que hora volví y eso es dar demasiada información.

Realmente somos inofensivos, nos ponemos a hablar de fútbol, de tetas, de los kilos que vamos cogiendo, de tetas y, si nos pilla la noche tonta, de política o de las bombas atómicas de Corea del Norte. Aunque entonces uno dirá “para bombas atómicas las de mi amiga Pili…” Y entonces volvemos a hablar de tetas.
Babearemos con las niñas de veinte añitos que nos verán y se saldrán del pub donde estemos diciendo que eso es un local de abuelos. Nos cortarán las de treinta dejándonos en ridículo y nos reiremos de unos y de otros recordando partidos de fútbol y cachondeos en los vestuarios -Otra cosa que echo de menos y que da para otro textito-.
Pero al final volveremos a casa, no habremos ligado nada, nos habremos gastado una pasta y seguramente la camisa planchada ahora tendrá una mancha que no se irá nunca, pero nos sentiremos más completo, con esa sensación del trabajo bien hecho, de haber llegado a la meta. Al final solo se trata de hablar de tonterías, de unas risas, de conversaciones y recuerdos, de compañerismo, de despreocupación y liberación por unos instantes, de estar con los amigos delante de una barra con una cerveza y la noche para disfrutarla.
Salida de amigos

Octubre 4th, 2006

Ipod

Posted by Peter Parker in cosas mías

No se si había dicho que ya tengo el lavavajillas nuevo instalado y funcionando. Curioso que con la variedad de temas que trato en los Miércoles sea el del lavavajillas el que más comentarios suscitó y todos, por supuesto, de hombres apoyando el invento. Como si estuvieran hartos de fregar y habían descubierto el aparato milagroso.

Seguro que ni la mitad lo llena ni sabe ponerlo en marcha, pero desde que lo tienen han dejado de oír a la parienta con aquello de: “a ver cuando haces algo en casa y por lo menos friegas” y es todo un descanso. Aunque de la que todavía no se libran es de “podrías ayudar un poco más en las tareas del hogar guapito, que tus calzoncillos no van solos a la lavadora”.

Antes amontonábamos los platos sucios en la pila y conseguíamos una reproducción muy fiel de la torre de Pisa, pero, como solo tenemos una, llegaba un momento en que el riesgo al desmoronamiento era muy grande y había que fregar. Ahora los tenemos bien ordenaditos y escondidos en el lavavajillas y, como uno tiene su espíritu ecologista, hasta que no se llena del todo no se pone en marcha.

Esto es un problema, porque más de una vez hemos tenido que comer la carne con cuchara y beber agua en taza, y eso que, unas navidades, mi abuela, mi madre y una amiga nos regalaron un juego de vasos cada una -eso son dieciocho vasos-, pues no quedaba ni uno, todos escondiditos en el lavavajillas.

Como si no fuera bastante con la nevera nueva y el lavavajillas, ahora mi señora se ha agenciado un Ipod. Otro caprichito.

Siendo sinceros es una imitación, tiene el mismo color y la misma forma pero visto de cerca por alguien que conoce el tema -no como yo-, por lo visto la diferencia es evidente, sobre todo en el precio que no llega a la mitad del original. Entre otras diferencias tiene distinto interfaz y además de escuchar archivos mp3 y dos gigas de almacenamiento, incorpora juegos, radio, agenda de teléfono, lectura de ficheros y visionado de video en una pantalla que a penas mide dos centímetros y medio de ancho por tres de alto.

Una caña de aparatito que ya veremos lo que tarda en olvidarse en un cajón, porque mi señora dice que lo va a utilizar para el gimnasio mientras hace aparatos. En estas dos semanas que lo tenemos se lo ha llevado varias veces, pero ahora acaba de sustituir el gimnasio por un cursillo de natación y, aunque el cacharrito lo hace casi todo, creo que el ser sumergible no estaba en sus especificaciones. Eso si, enganchado en el cinturón o en un brazalete que incorporaba queda de lo más mono oye. No necesitas más para ir a la última.
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