Animales
Posted by Peter Parker el Miércoles, septiembre 13th, 2006
Cómo si no hubieran razones para confirmar la vergüenza que, en no pocas ocasiones, se puede sentir sobre la raza humana, ayer nos recordaron en un telediario la estrambótica gesta del toro de la Vega como preludio al salvaje maltrato hacia un pastor alemán, al que su dueño propinaba una tremenda paliza.
A veces me pregunto si utilizamos el apelativo animal a quien corresponde.
La fiesta del toro de la Vega la defienden sus simpatizantes con argumentos como que se trata de una tradición. Está claro que la historia o la identidad de un pueblo hay que mantenerla a ultranza pero habrá que cuidar que cosas metemos en el mismo saco. También era una tradición el derecho de pernada allá por la edad media y lo es todavía la ablación en nuestra época.
Otro argumento destacable que empuñan en su defensa es que el toro y los lanceros se encuentran en igualdad de condiciones. No hay más que ver que el lancero tan solo va acompañado de una lanza de más de dos metros con una punta de treinta y tres centímetros y medio centenar de energúmenos todos en igualdad de condiciones, un alto porcentaje de ellos a caballo.
Las escena del pastor alemán también pone los pelos de punta. No importa si se le comía las gallinas o que el vecino lo filmara y denunciara en venganza por alguna desavenencia entre ellos, las imágenes lo dicen todo y casos como este hay a porrillo. Espero que no se nos vuelva en contra todo lo que hacemos a los animales porque saldríamos bastante mal parados.
Y resulta que yo ahora tengo perro, bueno, para ser sinceros es en casa de mi madre donde tienen uno. Mi hermana se ha comprado una perra. ¡Qué perra! después de tanto tiempo al final se ha salido con la suya. Un cachorrito de raza indefinida que le costó diez euros en la plaza redonda.
Resulta que los fines de semana yo también la sufro en el chalet. Se mea y caga por todas partes, te mordisquea, te roba las zapatillas, ladra o lloriquea sin razón y te roe los calcetines hasta agujerearlos. Pero nos tiene ganados a todos, mide poco más de un palmo tanto de largo como de alto, si la coges al brazo te chupetea la cara mientras mueve la cola compulsivamente, le encanta que juegues con ella con cualquier pelotita, se enrolla a tu lado en el sofá para dormir la siesta, nada más verte sale a recibirte dando brincos de alegría y se mea de contenta. Es como si te dijera que alegría verte, más aún, que gusto verte, o mucho más, me he meado de gusto al verte y la tía lo demuestra. Luego te mira con esos ojos negros, atentos, vulnerables y fieles que parecen decir que lo darían todo por ti. Lo mismo que haría el pastor alemán del telediario cuando era un cachorro. Y es que al final estos bichos se hacen de querer los muy mamoncetes.


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