Como anillo al dedo
Posted by Peter Parker el Miércoles, agosto 23rd, 2006
Soy bastante incrédulo, si un amiguete me viene y cuenta: “El sábado ligué con una austriaca que estaba buenísima y parecía que a la tía le iba la marcha, pero por lo visto me sentó mal la cena y la tuve que dejar plantada e irme a casa porque me encontraba mal”, yo sin darle mucho interés al cuento sospecho que a quien le tiró los trastos probablemente fuera de Logroño y si me apuras mucho era un tío, pero se encontraba tan mal del ciego que llevaba que no se acuerda de la mitad.
O si viene mi jefe y suelta eso de: “tenéis que poneros con este pedido urgente, tranquilos que es facilito y seguro que vosotros lo hacéis con la punta de la po…”, yo, sin ver de que se trata le escribo un mail a mi mujer diciéndole que probablemente no podamos ir al cine por la tarde y voy haciéndome a la idea de que cenaré pizza pegado al monitor.
Pero cuando era pequeño me lo creía todo, recuerdo una vez cuando cursaba cuarto o quinto de E.G.B (ahora será algo de E.S.O. pero todavía no me he puesto al día), estábamos jugando con los mayores de octavo cuando uno me empujo y caí sobre unas plantas, me levanté haciendo como que no pasaba nada y el chaval me soltó que las hojas de la planta tenían una savia que hacía que la piel envejeciera rapidísimo, le miré todo digno fingiendo no creerme nada, pero estuve una semana mirándome al espejo en cada rincón que había notado el contacto con las hojas.
Recuerdo otra vez, probablemente más pequeño, paseando con mi padre en dirección a los Viveros, cuando nos encontramos con un amigo suyo el cual llevaba el brazo completamente escayolado, mi padre, afanado en evitar que me mordiera la uñas me soltó que lo del brazo era por arrancarse los padrastros. Yo, con un escalofrío, me imaginé a aquel hombre estirando de la pielecita que sale junto a las uñas despellejándose hasta llegar al hombro. Sospecho que se reirían de la ocurrencia y me hicieron dudar porque mi padre no consiguió que me dejara de morder las uñas hasta que empezó a haber dinero de por medio, pero esa es otra historia.
Otro recuerdo que tengo del colegio es que se susurraba la historia de una niña que jugando a colgarse en las porterías metálicas de fútbol que existían por aquel entonces, y supongo que quedarán todavía, se había quedado enganchada de un anillo y se había amputado un dedo. No se si fue eso pero desde pequeño siento una extraña aprensión a llevar anillos y he ampliado la manía a relojes, pulseras y similares. Después del reloj de la comunión no he podido llevar más, pero conservo ese y el resto que me han regalado como un buen coleccionista.
El caso es que la excusa me sirvió para que cuando mi mujer, antes de serlo, empezó a sacar el tema boda dejar bien claro que yo anillo no iba a llevar. Que ingenuo, son más listas que el hambre y se me escapó un sitio al que no había ampliado mi aprensión, así que accedí a colgármelo del cuello y ahí lo he transportado, llevándome la mano al pecho cada pocos minutos para cerciorarme de que estaba en su sitio con temor a perderlo. Hace unas semanas que se rompió el cuero que lo sujetaba, por suerte no fue en la playa o en mitad del monte, no quiero imaginar las consecuencias catastróficas que hubieran podido desencadenar su pérdida.
Todavía no he sustituido el cordón de cuero así que tengo la preciada joya guardada a buen recaudo ¿quién me iba a decir a mi que iba a echar en falta el dichoso anillito? Sin él ahora es como si me faltara algo, me siento raro y sigo llevando la mano al pecho cada poco tiempo.
Si llego a saber que iba a echar en falta algo colgando del cuello bien podría haber elegido algo que afectara menos a mi vida que el matrimonio (foto miercoles2006_08_23ª.jpg), claro que puestos a ocupar el hueco del colgante también puedo ponerme mil tonterías para que cuando me lleve la mano al pecho siempre encuentre algo.


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