Porquería humana
Hace unos días emitieron Matrix, en Calle 13. No la había visto desde que la estrenaron en el cine y a pesar de que la pillé empezada me quedé para verla terminar.
El domingo, mientras paseaba a las nueve de la noche por la playa de la Malvarrosa, me vinieron a la mente las palabras que el Señor Smith decía a Morpheo mientras lo interrogaba:
- La raza humana no son mamíferos, he observado el comportamiento del resto de mamíferos sobre la tierra y no actúan de la misma manera, he llegado a la conclusión de que los humanos son un virus, llegan a un sitio, lo aprovechan todo, lo consumen por completo, lo destrozan y se van a otro sitio a repetir la operación.
Contemplando el paisaje de la Malvarrosa sentí asco y vergüenza hacía la especie inteligente que domina la tierra.
Se escapa a mi entendimiento la basura que generamos y el poco cuidado que demostramos por lo que nos rodea. Intento pensar como es posible que alguien dejase tirada una sombrilla rota, un flotador o unas chanclas, cientos de latas, miles de colillas, papeles, bolsas, restos de comida y una infinidad de porquería que de milagro dejaba ver el color de la arena. Era así hasta donde alcanzaba la vista.
En mi empresa he descubierto dos veces un montoncito de papel higiénico arrugado en el suelo junto a la taza del water, quiero pensar que quien lo olvidara allí se secara las manos fuera (ya que hay una pila antes de entrar al aseo) y desde la puerta intentara encestar el papel en la taza, sin ningún éxito y sin ningún tipo de miramiento o mínimo respeto por sus congéneres, “ya lo recogerán”. Mejor eso a que lo ha dejado allí tras hacer sus necesidades (mayores o menores). En cualquier caso es una actitud que no me entra en la cabeza.
Lo grotesco es que este comportamiento se mantenga en un lugar de disfrute como las playas, lugares que deberíamos preservar todavía más que la ciudad o que nuestra propia casa.
Es posible que seamos desastrados y tengamos desordenado el salón o la cama sin hacer, algunos platos sin fregar, todo el mundo no le da la misma importancia al orden o la limpieza, pero cuando invitamos a alguien a nuestra casa nos gusta que esté aseada para que se sienta cómodo. Si alguien viniera a visitar nuestras playas, nuestras ciudades o nuestro planeta saldría huyendo al primer vistazo.
Volví a la Malvarrosa al día siguiente, temprano, a las ocho de la mañana, las labores de limpieza iban por la mitad, avanzando rápidamente para que nuestra inmundicia hubiera desaparecido cuando llegara el primer bañista del día a ensuciar la arena. Un enorme tractor había recorrido la playa de arriba abajo varias veces, aún así, no todo estaba despejado, quedaba mucho trabajo por hacer.
Y lo más triste es la hipocresía que nos gastamos, el que llega a su coche aparcado en la calle y tira al suelo el papel de propaganda sujeto del limpiaparabrisas seguro que protesta fervientemente por la tala de árboles en el Amazonas, el que escupe el chicle al suelo o lanza las colillas a la calle probablemente sea de los que dicen que para que se gastan el dinero en cohetes que viajan a otros planetas si primero tendrían que arreglar el nuestro, y lo peor, el que tira el papel y se justifica diciendo que así hay trabajo para los basureros que lo tienen que arreglar todo al día siguiente, seguro que todavía quedan de estos.
Podemos seguir así hasta que el mar deje de ser azul y la tierra coja el color negro de la putrefacción.

