Aniversario de boda
Hasta este fin de semana tenía como concepto de paraíso un paisaje de arenas blancas y aguas cristalinas en algún lugar del caribe, eso ha cambiado.
Mi mujer, con su incomparable capacidad para localizar viajes baratos y maravillas en Internet organizó, para celebrar nuestro primer aniversario de boda (un año ya, como pasa el tiempo), una escapadita a un hotelito rural.
Nos desplazamos hasta Tarragona, a un pueblecito llamado Vilaardida que solo tenía dos calles en forma de “T”, cinco casas (os aseguro que no exagero) y nuestro hotelito. Con mucho énfasis en la palabra “nuestro”, porque la gracia no solo estaba en las características del lugar, que ahora os describiré, sino que durante dos días fue nuestro. Por lo visto durante todo agosto y los fines de semana de meses anteriores y posteriores el hotel está bastante completo, pero nosotros llegamos el domingo y lo dejamos el martes con la particularidad de que éramos los únicos hospedados en el hotel.
Así que imaginaros un lugar encantador, decorado o acabado con mucho gusto, en el que en todo momento se escucha una agradable melodía chillout y con varias posibilidades para disfrutar: piscina, jacuzzi, mini gimnasio, servicio de masajes y rutas a pie o en bici para visitar los monasterios de los alrededores, pero para “nosotros” solos.
Nos alojaron en la suit más grande, con terraza y saloncito, por el mismo precio que nos hubiera costado otras habitaciones y los propietarios, una holandesa guapísima de casi metro noventa y su marido, un español que se pasó casi todo el tiempo que estuvimos allí haciendo trabajos de albañilería (por lo visto lo habían hecho todo entre los dos) nos trataron en todo momento como si ya nos conocieran, estábamos como en casa ¿qué digo como en casa? Mucho mejor, porque tener la piscina, el jacuzzi y la terraza para “nosotros” solos mola, pero que te den la carta y que cocinen solo para ti lo que tu quieras eso es otro nivel.
No se si relataros como fue el día que me fui a hacer de ruta con la bici, llegué molido después de dos horas haciendo el bestia, mi mujer estaba en la piscina, le habían preparado un té helado y estaba en una hamaca leyendo, me relajé en el jacuzzi y me tonifiqué en la piscina rodeado de velas y de la relajante música que se escuchaba de fondo, me cae un lágrima con solo recordarlo.
El hotel se ve desde la carretera, y menos mal porque el pueblo es tan pequeño que creo que no sale en los mapas ni está muy señalizado, cuando te estás acercando ves las paredes pintadas de marrones y naranjas que contrastan con el gris o blanco de las otras cinco casas del pueblo.
El lugar es pequeñito y acogedor, tienes acceso a Internet, un saloncito para ver películas en DVD o para leer y como decía la decoración es perfecta. Junto a la piscina, al aire libre, hay una ducha que sale de la pared, no se si porque tiene un calentador o porque le está dando el sol en todo momento pero dan ganas de estar bajo el chorro a cualquier hora del día.
Si alguno tiene curiosidad o necesita un oasis donde perderse aquí puede encontrar más información http://www.lesvinyes.com




