El día de la bestia
Que mal rollo el asunto ese del día de la bestia, menos mal que ya ha pasado, con lo que me divertí viendo la película y lo que he sufrido con el temita.
Me levanté temprano para ir al gimnasio pero con el rollo ese de los cinco minutos más casi llego tan tarde que no me valía la pena ir. Una vez allí se me cae una pesa en el pie y al salir de camino al trabajo en la bici encajo la rueda en un agujero de unas obras y me meto el guarrazo del año, para colmo mi señora me dice que no le ha bajado la regla, el infierno en la tierra.
Tenía que haberme quedado todo el día escondido bajo la cama, solo me faltaba encima que llegara el anticristo, como si no hubiera ya bastante con el infierno que tenemos ahí fuera, no me refiero a las guerras, al hambre, al terrorismo, la sequía o los incendios, no es este el lugar para comentarlo, muchos ya sabéis que me estoy refiriendo a la competición a la que se apuntan todas las mujeres por estas fechas para ver quien llama más la atención, o la que más accidentes de coche provoca, que hay alguna que tiene muy mala leche.
Me parece absurdo que utilicen la excusa de la subida de la temperatura para ir medio desnudas por la calle como lo más natural y haciéndose las sorprendidas porque las miren, yo también paso calor y sudo, mucho más según los anuncios de desodorante, y no por eso voy con un minúsculo top de enorme escote o con, lo que se viene a llamar por razones obvias, una falda cinturón, menos mal, solo de imaginarme a mi mismo así se me ponen los pelos como escarpias.
Luego dicen que los hombres estamos desesperados. Desesperados, no, gilipollas, porque todavía no tengo claro que obtenemos con mirar todo lo que enseña chicha, si no vamos a catarlo y encima quedamos como tontos y luego, por supuesto, tenemos que contarlo a los amigos:
- Tío, hoy he visto una que llevaba una camiseta de tirantes que los tirantes le llegaban hasta el ombligo.
- Va, pues esa iba abrigada comparada con la que yo he visto, llevaba un falda que le llegaba hasta el ombligo y encima la llevaba desabrochada.
¿Cómo no lo vas a contar? En la vida de un hombre, si no cuentas las cosas es como si no hubiera pasado o como si no acabaras de disfrutarlo.
Vamos que mi vida, subido a la bicicleta y atravesando la calle Colón, pende de un finísimo hilo, cualquier espécimen del sexo opuesto con el modelito estándar de verano puede ocasionar un accidente múltiple y yo acabar espachurrado bajo un autobús, menos mal que voy atento y no me pierdo ni una.
Lo dicho, un infierno, vamos que no tiene que preocuparnos la llegada del anticristo, además, poniéndose uno místico y dándole vueltas al asunto, si este tiene que ser lo contrario de lo que dice la Biblia de Jesús, ahora pasará un tiempo que en lugar de curar hará enfermar a peña o convertirá el Rioja en agua y, aún nos quedan treinta y tres años, en lugar de morir para salvarnos haga petar el planeta entero.
De todas formas, aunque para esto no nos hace falta nadie, entre las guerras, el hambre, el terrorismo, la sequía o los incendios ya nos encargamos nosotros, convendría tener a la bestia encerradita no vaya a ser que la monte con algún modelito de verano.

