Mi padre
Viéndolo desde fuera, mi padre tenía un talante serio y en ocasiones le gustaba explotarlo, la barba y una voz profunda potenciaban está impresión. Tengo amigos que temían la hora de llamarme por teléfono por si era él quien contestaba y cuando llevaba a casa a alguno de ellos solía descubrir en su trato circunspecto una guasa que yo reía por conocerlo bien y, en cambio, a mi amigo lo dejaba sin poder articular palabra.
Pero una vez entrabas en su círculo de confianza su trato se volvía muy familiar y era fácil disfrutar de su buen humor y su amistad.
Era estricto y muchas veces el trato no era sencillo, además esta vida acelerada que sufrimos no nos permite detenernos a sentir, a comprender, a expresarnos tanto como quisiéramos.
En el olvido quedan discusiones y discrepancias que hubieron, hay y habrá entre padres e hijos y en mi memoria permanecen para siempre las imágenes de cómo me enseño a ir en bici, a patinar y de las mil veces que me llevó al cine. Mantengo el recuerdo fresco de cuando volvíamos a casa cantando después de que me llevara a pasear por el parque y, probablemente, yo no debía tener más de cinco años. De cuando me cogía con una mano y me subía en el marco superior de las puertas diciéndome, mientras me sujetaba, que me quedara allí sentado, yo debía ser muy pequeño y probablemente lo que recuerde es habérselo visto hacer a algún primo mío, pero para mi asombro tengo el recuerdo de la cocina vista desde muy alto.
Recuerdo jugar al tenis con él, jugar al fútbol con él y hacer animaladas en una piscina que a mi me cubría por la cintura y a él por debajo de la rodilla.
Aspiro a conseguir que mis hijos tengan de mi un recuerdo parecido.
De los genes le vino el amor por las plantas, mi abuelo, su padre, era el jefe de los jardineros de Valencia y hasta que se jubiló tenía la casa y el despacho junto a lo que se conoce como la Plaza de las Palomas en pleno centro de los Jardines del Real (los Viveros), así que mi padre se crió entre jazmines, rosales, moreras y jacarandas, no es de extrañar el celo a la dedicación a las plantas que demostró durante toda su vida, tanto en su trabajo en la dirección de Iberflora y Euroagro, como en su vida personal.
Intentó, desde que tengo memoria, que yo supiera cuidarlas y desde muy pequeño me tenía ayudándolo en el jardín, podando, sembrando, recortando, cavando, regando, esquejando y mil cosas más, pero aunque no logró que me aprendiera más de cuatro nombres si consiguió inculcarme el cariño por ese jardín y esa casa en Godelleta a la que mi familia y yo estamos tan ligados.
Donde quiera que estés seguro que es rodeado de plantas, fuentes, flores y bellas esculturas.





