Fin del verano
Hay dos cosas que anuncian claramente la llegada de septiembre, primero es el bombardeo incesante de fascículos coleccionables de todo tipo, es probable que no sea la primera vez que mencione esto pero no deja de fascinarme el asunto y todo lo que puede dar de si, por favor si conocéis a alguien que haya terminado el galeón español, comunicádmelo, es para premio, me río yo de las subidas al Everest, acabar el barquito ese, con el que te dan hasta teléfono de contacto, tiene que ser para el Guiness de los Records.
La otra cosa que anuncia la llegada de septiembre es el fin de las dietas, desde mediados de junio te machacan con productos bajos en calorías, desayunos a base de fibra, y mil y una dieta diferente, no contentos con eso te venden el abdominaizer o un cacharito que te da calambres en los abdominales y te pone de chachas como el Van Damme, si además te comes algo parecido al alpiste para pájaros y vas andando al trabajo, en dos semanitas, además de hacer de vientre como un bebe, sirves para modelo del Vogue y todo porque llega el calor y hay que lucir palmito. Te pasas más tiempo metiendo barriga que convenciendo a tu novia a que haga topless porque no os conoce nadie.
Menos mal que por fin ha terminado el estresante verano, a partir de ahora empezaremos a ir más tapaditos y no importa lo que comamos porque se disimula un poco con la ropa, se acabó el machaque con el colesterol y los triglicéridos y la dieta sana. Cuando verano lo que apetece son tapitas y cerveza resulta que es sacrilegio y no hablemos del helado, como te tomes un crocanti de chocolate no te salvan ni doscientos calambres en los abdominales del Abdominaizer ese. Es lo bueno que tiene septiembre, si te olvidas por un momento que tienes que trabajar y piensas que todavía el día se alarga por las tardes puedes disfrutar de las terracitas y las tapas que les acompañan y como todavía dura el calorcito se puede disfrutar a fondo de un buen helado hasta rebañar bien la tarrina.
