Miércoles Fotográficos

Política

Posteado por el Miércoles, febrero 13th, 2013

Recuerdo cuando era niño y en la hora de la comida llegaba el momento del Telediario, daba igual si estábamos viendo algo en alguno en los otros pocos canales que había entonces, a las tres de la tarde se ponía La Primera.
Recuerdo a mi padre echar pestes cada vez que daban noticias relacionadas con la política, y recuerdo que su vehemencia me resultaba incómoda y creo que debido a eso exilié la política de mis intereses durante algunos años, esos señores con traje y corbata no tenían nada que ver conmigo.[ver foto] [ver foto] [ver foto]
Somos lo que mamamos, así que en mi casa a la hora de la comida se ve el Telediario y, como un alto porcentaje de españoles en estos momentos, la política forma parte de mi día a día.

La democracia, los partidos políticos, la clase política y la política en general de este país deja bastante en evidencia que en estos aspectos estamos en pañales, todavía nos queda mucho por aprender y más por entender.
El ciudadano español entiende la política o se enfrenta a ella de la misma manera que se hace con el fútbol: mis ideales, mi equipo, mis colores, los míos, el rival. [ver foto] [ver foto] [ver foto]
Es algo que se lleva en el corazón y no en la cabeza.
Se ve el penalti en la mano del contrario, pero no en la de nuestro partido, perdón, nuestro equipo, los nuestros no cometen faltas o son faltas breves que no se pitan, lo normal en cualquier partido.
Se perdona o se aceptan ciertas actitudes porque son de los nuestros y tenemos que ganar a los otros, esos que piensan diferente y solo quieren imponerse.

Lo triste es que este paralelismo con el fútbol no solo se da en la política, hay casos todavía peores, cuando los sentimientos o “los colores” se otorgan a las empresas. Esa gente que dice: “yo es que soy de Apple porque se centran en el diseño y la innovación y en la experiencia de usuario. Pues yo soy de Samsung y Android porque utilizan software libre y…”. No, mira, lo que vosotros sois es gilipollas.
En este caso cuando se habla de “lo míos” nos referimos a una empresa cuya función es ganar dinero y convencerte de que lo que estás comprando es el mejor producto y necesitas comprar cada vez más y convencer al resto de que también lo hagan (no descarto que la base de un partido político sea la misma, en este caso el producto son los votos). Lo que está claro es que lo están haciendo bien.

Si nos pasa esto con empresas, cómo podemos pretender que no nos pase con partidos políticos. Al ciudadano español le valdría más entenderlo todo como un contrato con empresas, con ciertos objetivos y servicios.
Unos tienen que crear dispositivos móviles o sistemas operativos, otros ganar partidos y dar espectáculo, otros organizar un país y procurar un mayor bienestar para la mayoría.
Si esto no ocurre se cambia de empresa, se busca otro dispositivo, se deja de ir a los partidos y se cambia el voto, no hay daño al orgullo, al sentimiento y seguro que hay una lección aprendida y un “la próxima vez lo haré mejor”.
Si en la panadería que tenemos bajo de casa no nos gusta el pan, no nos cuesta nada andar unos metros y buscar otra donde si nos guste, no seguimos comprando el pan en la de debajo de casa porque es “nuestra panadería”, “la de toda la vida”.

Se necesita una actitud crítica, se necesita la capacidad de entender cuando las cosas se están haciendo mal y no están beneficiando a mi vecino, el que va en silla de ruedas, aunque a mi no me afecte, se necesita comprender que “yo” no pierdo porque tenga más votos un partido que no es el mío, No, “yo” pierdo cuando no se respetan mis derechos, la sanidad o la justicia.

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Barbas

Posteado por el Miércoles, febrero 6th, 2013

Las barbas vuelven a estar de moda, pero no esas barbitas recortadas al mínimo, de perfecto afeitado en sus bordes, típicas de chico malote de serie detelevisión o de chico bueno que quiere aparentarlo, no señor, lo que se lleva es la barba profunda, lo que se llama “una señora barba”, desaliñada, espesa, rebelde, de indigente, una barba de “me la suda todo” [ver foto] [ver foto], de “lo que importa no es mi cara, es mi personalidad”.

Estás barbas se están extendiendo, antes eran propiedad exclusiva de bohemios indocumentados, perroflautas desocupados y estudiantes de bellas artes que renegaban de su ascendencia pija. Ahora marcan tendencia, muchos modernos se han subido al carro, pero más aun, la visten hombres de personalidad fuerte, orgullosos de lo que representa.

Y es que una barba de gran calibre, de esas en las que desaparecen los dedos cuando la acaricias suavemente para jugar con su textura, tiene mucho que transmitir. Esta diciendo la clase de hombre que eres, de la pasta de la que estás hecho.
Es como un emblema, como el escudo de armas, está enviando un mensaje que se percibe nada mas verla, es como llevar tirantes. Si un hombre lleva tirantes inmediatamente sabemos que es alguien de otra época, cortado con otro patrón, no solo le preocupa que no se le caigan los pantalones, además hace de eso un símbolo. [ver foto] [ver foto] [ver foto] [ver foto]

Una barba densa dice de un hombre que es perseverante, duro, un Sansón de nuestro tiempo que no necesita que le crezca la melena porque tiene su barba. Un hombre con barba es alguien en quien puedes confiar, un hombre de palabra inquebrantable, de ideales elevados y responsable de sus actos.

Mujer, un hombre con barba está dejando claro que no importa lo que pienses, que no importa lo que te pique a ti, que no importa tu sentido de la estética. Un hombre con barba es libre, indomable y una noche de sexo con él va a ser legendaria, fíjate bien, escucha las señales.

La barba no da personalidad, la personalidad hace crecer la barba.

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No ser muy listo, tener una mala idea y llevarla a término (II)

Posteado por el Miércoles, enero 30th, 2013

Resulta que la “pasta para modelar” no es tan maleable como la pintan, al menos no tanto como yo recordaba la arcilla y mucho menos como lo es la plastilina. Es algo más consistente y, en manos inexpertas como las mías, es una tarea ardua sacarle alguna forma.
Manché la mesa, la silla, el suelo y todo lo que había alrededor, por suerte es muy lavable y mi mujer no se percató de nada al día siguiente, lo mío me costó. [ver foto] [ver foto] [ver foto]

A pesar de todo lo que ya había ensuciado intenté no extender más es estropicio y me obligué a mi mismo a no tocar el mando a distancia con los dedos blancos y pegajosos y aceptar así lo que la televisión me brindaba mientras trataba de sacar algo de aquella pasta maldita, lo cual podría ser que también afectara a mi creatividad.
Después de ver La Roca de Nicolas Cage y Sean Connery por séptima vez, me tragué una pseudo-película de unos jóvenes que se van de ruta turística por Irlanda y, víctimas de una maldición gitana, acaba persiguiéndolos, para matarlos, un pájaro mitológico-prehistórico gigante, pero esto ya si eso otro día. Bueno, no, no hay nada más que decir.

A las cuatro de la mañana me di por vencido, aquello tenía cuatro patas, una cabeza y era blanco, no parecía que podía conseguir mucho más. Lo escondí esperando que estuviera seco al día siguiente y así poder pintarlo.
La mañana llegó cuatro horas después, algarabía por los regalos, mucho Spiderman, mucho Power Ranger, colonias, calcetines, corbatas…

Y ni una triste mención a los Monsuno, ni acordase, ni echarlo de menos, nada.
Alguien con un poco de cabeza hubiera dejado las cosas así, sin desilusiones, sin complicaciones, pero no señor, yo no soy de los que dejan las cosas a mitad, bueno, posiblemente si, pero elegí ese día para cambiar ¡Por mis cojones!

Por desgracia, o no, el escondite elegido era demasiado fresco y la figura no se había secado, o eso o las cuatro horas no eran suficientes, si para mi no lo eran, no podía esperar que lo fueran para la figurita (por llamarla de alguna manera). Así que decidí llevármela a casa de la abuela del niño, donde, más tarde, acudiría mi hijo para seguir recaudando presentes.

Más malas ideas, meter la figura en una cajita, la cajita en una bolsa, la bolsa en una mochila y la mochila en la cesta del Valenbisi.
Como muchos habrán adivinado, yo no lo hice, la figurita llegó desmembrada y descabezada. Por suerte en la mochila llevaba, además de la pintura, algo más de pasta de modelar.

Es decir, vuelta a empezar: cuchillo, cuchara, una bandeja, vaso de agua y la “pasta para modelar” y toda la mañana dale que te pego. Por cierto que la cuchara no se para que la cogí, porque no la usé para nada.
Tampoco esta vez me dio tiempo, pero elegí un mejor emplazamiento para su secado, la repisa de la ventana (otra mala idea de la que, por suerte, no hubo que lamentar incidencias), y a media tarde ya estaba listo para pintar. [ver foto] [ver foto]

El caso es que ya no tenía sentido que fuera un regalo de reyes, así que tardé en terminarlo, acabé pintándolo tres días después, total eran unas pinceladas azules, y se lo entregué una tarde sin venir a cuento y sin relacionarlo con sus majestades de oriente.

He de decir que, al dárselo, el crío lo reconoció, sabía que se trataba del Monsuno, algo se debe parecer, pero diría que lo ha tenido en sus manos un total de 3 minutos, desde entonces y ya hace de eso casi un mes el bicho está adornando una estantería, creo que su madre lo tiene ahí para que no me olvide de mis ideitas. Costó más hacerlo que lo que ha jugado con él. Pero yo me llevo la satisfacción de que he terminado el trabajo, que es lo que cuenta, si alguien me dice que siempre dejo las cosas sin acabar le enseño la figurita, para que se coma sus palabras y si me pilla calentito le hago comer la “figurita”, a ver si así me libro de ella, que es fea de cojones.

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No ser muy listo, tener una mala idea y llevarla a término.

Posteado por el Miércoles, enero 23rd, 2013

O “De donde no hay no se puede sacar”. Así es como me sentí yo el día 5 de enero a las 4 de la mañana, pero mejor empiezo por el principio.

La historia se remonta a principios de diciembre, mi hijo de cuatro años, a pesar de no tener clara la existencia de los Reyes Magos y mucho menos de su peculiar desempeño, empieza a ser abordado desde distintos entornos sobre su pronta llegada, no tarda en entender el (simple) funcionamiento (vienen unos tíos, no creo que tenga claro que son tres [ver foto], y traen regalos [ver foto]) y poco tiempo pasa hasta que hace suyas las revistas de juguetes, que aparecen por casa, en las que se dedica a redondear todos aquellos artículos que son de su interés, hasta el punto en que estos se vuelven prácticamente ilegibles en algunas zonas, Spidermans y Power Rangers desaparecen bajo una maraña de tinta azul.

No se dejó ni uno por pedir, los de las revistas y los de la televisión, ya se sabe que a los Reyes Magos no les cae el dinero del cielo [ver foto], por lo que su madre y tratamos de inculcar, poco a poco, la idea de que todo no podía ser.
Cada día encontraba uno que le llamaba más la atención que el resto y por supuesto era distinto a los anteriores, cometimos el error de no indicar en las instrucciones que en la última semana se cerraban las peticiones, ahora caigo que para eso está la carta, para que la cosa no se vaya de madre, nos saltamos este paso, típico fallo de padres primerizos en estas lides, así que estuvimos hasta el último momento recibiendo nuevas “sugerencias”.

El último día, el cinco de enero, resaltó entre el resto algo llamado Monsuno; “¡Papá, me voy a pedir a los reyes un Monsuno!”, “¡Mira que chulo, es un oso polar gigante que lucha!”, “Yo soy ese Papá, el que lanza a Lock, el oso gigante”. Todo acompañado de un entusiasmo y cierta inocencia inofensiva.
“Los Reyes no siempre traen lo que piden”, “A lo mejor no lo encuentran”, “Puede que los Reyes te traigan otra cosa porque crean que es más chula”, fueron varios de los intentos por encauzar las aguas.
No me considero un padre consentidor, pero, como todos los padres, seguramente me equivoque también en esto. Aun así quiero pensar que, en este caso, me superó la presión del momento, junto a algún comentario de la abuela del tipo: “¿No le vas a comprar un Monsuno al pequeño?”. EL caso es que acabé recorriendo, hasta altas horas de la noche, varias tiendas de juguetes donde constatar que el juguetito en cuestión estaba agotado.

¿La mala idea cual fue? Preguntaréis, pues la mala idea fue algo así como: “Si no puedes comprarlo, hazlo tu mismo”, ¡Con dos cojones!.
La primera opción fue buscar una figurita de plástico de un oso polar y tunearla hasta que se pareciera al oso gigante. Animales encontré los que quieras, jirafas, leones, tigres, rinocerontes, pero osos polares no encontré en ninguno de los chinos de los alrededores, mejor, porque no tenía claro como iba a ponerle unos cristales azules que adornan al personaje en cuestión.
La segunda opción la encontré en un chino, junto al estante de la plastilina: “pasta para modelar”, y blanca, del color de los osos polares, medio trabajo ya estaba hecho.

Llegue a casa y, después de una rápida cena, dispuse todos los utensilios que creí que iba a necesitar, cuchillo, cuchara, una bandeja, un vaso de agua y la pasta, y me puse manos a la obra.

[CONTINUARÁ]

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