Miércoles Fotográficos

¿Qué fue de la operación bikini?

Posteado por Peter Parker el Miércoles, Julio 28th, 2010

Partiendo de la base de que la operación bikini como concepto me parece una soberana tontería –si quieres ponerte mona para el verano, o marcar musculitos, cuídate todo el año, no cuando quede un mes para lucir palmito-, he de reconocer que el fin de semana me llevé una gran desilusión.

Porque al final fui a la playa, yo no quería pero mi mujer se empeñó, estaba acojonado con lo que podría encontrarme allí, cuerpos esculturales acariciados por el sol, barnizados por la fina arena, tan solo cubiertos por un levísimo tanga comprado en http://wickedweasel.com [ver foto] [ver foto]. Nada más lejos.

Fui a regañadientes, pero, como mi mujer llevaba toda la semana “erre que erre” con que el sábado había que ir a la playa, decidí concienciarme y prepararme. Suponía que me encontraría todo lo que se ve por la calle durante la semana laboral, pero más al descubierto (si es posible) y estaba dispuesto a que no me afectara lo más mínimo.

Tal vez elegí un mal día, a lo mejor era esa playa, pero ni mens sana ni corpore sano, la operación bikini ha muerto, ni la dieta del tomate, ni la dieta del puerro, ni la dieta del teto y mucho menos cuerpos esculpidos tras duras horas en el gimnasio.
Un desastre, ellas flácidas y nosotros con flotador cervecero, parece que se ha impuesto la comodidad, el mínimo esfuerzo y el estar por encima de esta sociedad del culto a la imagen, pero hemos olvidado un pequeño matiz, también hay que cuidarse por salud.

Algún ciclado de gimnasio se veía, y lo que a estos se les critica, que se machacan de cintura para arriba dejándose las piernecitas de la Hormiga Atómica, se puede aplicar ahora a muchas mujeres, solo que estas rara vez se machacan. Preocupadas por sus bustos se lanzan al culto de la silicona (en Valencia parece que la regalan con los botes de Cola Cao), y se dejan el resto, vientres tipo flan, piernas regordetas con piel de naranja y, lo que es peor, culos flácidos y descuidados.
Ojo, no estoy hablando de tamaños, contra la constitución y anatomía de cada uno no se puede luchar, ni se debe, estoy hablando de firmeza, de estabilidad, de presencia.

A los hombres nos gustan las tetas, a todos, es inevitable, no es culpa nuestra, es algo que arrastramos de nuestra más tierna infancia. Nuestras madres nos dieron de mamar y en un momento dado nos lo arrebataron, después tardamos quince años o más en volver a probarlas, eso nos ha creado un trauma imposible de superar.
Para los que no mamaron de bebés es todavía peor, se pasan la vida con un anhelo insalvable, buscando algo que saben que les falta, que deberían haber tenido y se les vetó (pobres). Pero existe un tipo de hombre que se ha sobrepuesto medianamente al trauma, sin llegar a perder el interés por el busto, ha modificado sus preferencias hacia otro punto, me refiero a esos hombres que no pueden evitar girarse cuando una mujer pasa por su lado, aquellos que sentimos fijación por ese lugar donde la espalda pierde su casto nombre. Para mi desasosiego no vi un sol culo destacable en la playa el fin de semana pasado.
Me quedo con la ciudad, prefiero unos shorts a un bikini húmedo, elijo el escote y la minifalda al topless con tanga. Es mejor dar rienda suelta a la imaginación, donde no hay cabida a estrías o piel de naranja y renuncio a la exposición explícita.
Es más perturbador lo que queda oculto. Me quedo con la visión de la calle, nunca se sabe lo que te puedes encontrar. [ver foto] [ver foto] [ver foto] [ver foto]

-Y lo peor es que ahora el Rey quiere ver a la Reina desnuda, y ya sabe padre, después querrán ver todos los maridos a sus mujeres desnudas, con el tiempo todas las mujeres se desnudarán ante sus maridos en todo el mundo, incluso se cree que llegará un día en el que las mujeres salgan desnudas a la calle, ya sabe como son las mujeres cuando desvelan sus secretos.
-¿Mujeres desnudas por la calle? ¡Eso es como no echarle sal a la comida!

(El rey pasmado, Imanol Uribe, 1991)

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Si es que lo que no puede ser no puede ser

Posteado por Peter Parker el Miércoles, Julio 21st, 2010

Tengo un amigo que dice que si tiene que imaginarse como es el infierno, pensaría en un lugar donde el sufrimiento fuera máximo. En su caso sería una playa paradisíaca, con arena como terciopelo blanco y aguas cristalinas, con bellísimas mujeres desnudas refrescándose en el mar, bronceándose sobre la arena o practicando algún juego lésbico, solicitas a cualquier participante. [ver foto] [ver foto]
Mientras él estaría cerca de todo, a un paso. Con solo estirar un brazo podría tocar el agua o acariciar la húmeda y sedosa piel de una de esas diablesas.
Pero no puede estirar un brazo, ni siquiera un dedo, no puede moverse.
Solo puede aguantar el calor y una erección creciente, creciente no, a punto de estallar.
Muerto de sed, muerto de calor y muerto de excitación, pero sin morir porque se supone que ya está muerto y debe sufrirlo para toda la eternidad.

Por eso cuando le comento a alguien que he estado por el centro viendo las rebajas, y me pregunta como me ha ido, la conversación suele resumirse en algo así:
- Ayer estuve por el centro viendo las rebajas
- Bueno ¿Y qué tal?
- Un infierno
- Mucho calor ¿No?
- Si, eso también

El otro día vi una chica que vestía solo una camisa y unas chanclas [ver foto], una camisa blanca, de esas que terminan justo donde empiezan las piernas, pero justo, justo. Lo suficientemente transparente para comprobar lo escueto del bikini que llevaba debajo.
Bien, diréis, hace calor y en la playa es normal, pero no, en la playa no, en el Mercadona, y para llegar a la playa desde ese Mercadona hay que coger autobús, no está al ladito.

Cuando mi mujer se quita la ropa de calle y, para ir más cómoda, se pone el “pijama de verano” [ver foto] (por llamarlo de alguna manera) y empieza a circular por la casa de esa guisa, a mi se me aceleran las pulsaciones y me sube la libido (soy así de débil). Pues he visto mujeres por el centro de la cuidad con indumentaria más “fresquita” que el pijama de mi señora, que si se pone eso para dormir va dar igual que esté cansada o le duela la cabeza [ver foto], no la salva ni John McClane.

Yo este año todavía no he pisado la playa y, la verdad, no creo que lo haga, si van así por la calle no quiero imaginar como será en la playa, paso no creo que pudiera soportarlo.

Lo reconozco lo llevo mal, pero es que no me parece normal, y encima tengo la impresión de que es cosa mía, porque los tíos hablamos de las vestimentas, pero es que a mi me está empezando a indignar, me jode, se me hinchan los cojones!! (nunca mejor dicho). Todos tenemos calor, pero creo que no hace falta ir de esa manera por la calle, parece que la ciudad sea un pueblo de playa.
Hoy mi mujer me ha dicho que soy un carca por pensar así. Puede ser, pero ¿no se dan cuenta lo que sufrimos? Claro, que tontería…, es un aliciente.

Y alguna hay que va diciendo que vamos salidos ¿salidos? Que peyorativo, que ignorancia, que diferentes somos –A veces pienso que algunas mujeres no son de Venus, son de Plutón–, que poco nos entienden.

Para nosotros la excitación sexual es algo fisiológico. Igual que tenemos necesidad de orinar y lo hacemos varias veces al día, y en verano vamos más porque bebemos más agua. Lo mismo pasa con la excitación, nos ocurre varias veces al día, en ocasiones sin motivo aparente y en verano se multiplica por la influencia externa.

No se me ocurre ahora mismo una situación similar que puedan vivir las mujeres. Tal vez con los bebés. Imaginemos que la calle está llena de abuelas paseando a sus nietos. Bebés hermosos, regordetes y sonrientes. Debido el instinto maternal (de las que lo tengan) no podrían evitar mirar al bebé y, paradas junto al carrito en un semáforo, no resistirían la tentación de hacerle alguna gracia e incluso pellizcarle los mofletes.
Pues lo mismo nos pasa a nosotros pero con otros mofletes, y, creedme, la ciudad está llena de mofletes.[ver foto] [ver foto] [ver foto]

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Se trajeron la copa

Posteado por Peter Parker el Miércoles, Julio 14th, 2010

Afirmaba para mi, y para quien me preguntara mi opinión, que no pasarían de cuartos, apostaba por lo malo con la esperanza de equivocarme y cada vez que así era más feliz me sentía.
No soy buen espectador del fútbol, de ningún deporte en general (ya lo he dicho en alguna ocasión), pero, sin pensarlo, sin proponérmelo, he visto más minutos de fútbol por televisión en las últimas semanas que en toda mi vida, no me pasó lo mismo en la Eurocopa, tendría otras cosas en la cabeza y me he descubierto a mi mismo sufriendo, vibrando y emocionándome en cada encuentro. No tenía ni idea de que me gustara el fútbol (que practican otros) o que el juego de nuestra selección despertara en mi esta pasión.

Se lo merecieron, su estilo de juego es un modelo a seguir, nadie lo puede negar, pero tampoco que no fueron los únicos. Holanda, salvando la final donde desplegaron un estilo de juego poco apropiado, llegaron imbatidos, eliminando a Brasil por el camino.
Alemania increíble también, le metieron cuatro chufos a Argentina, que se dice pronto. Me atrevería a decir que el encuentro contra Uruguay fue el mejor de todos los que vi.

Pasados tres días del gran triunfo todavía entre los amigos se hacen comentarios y críticas a algunos jugadores. En los foros se habla de nacionalismos y de banderas. La celebración también ha traído cola, en este país analizamos cada mínimo gesto de los jugadores. Pero la copa ya está aquí, nuestros 23 de espartanos lucharon, sufrieron y ganaron, se ha cumplido el sueño, se ha unido a un país, y lo hicieron con un juego ejemplar que, esperemos, creará escuela.

Lo que está claro es que se ha hecho historia, la estrella del pecho ya no se la quita nadie. Dentro de veinte, quince, diez años, es de lo que nos acordaremos.
Podré contarle a mis nietos los goles de Villa, el cabezazo de Puyol, la maestría de Iniesta y sobre todo la celebración, yo estuve allí, no pude perdérmelo, los pitos, las banderas, los tambores, los bailes, las multitudes, el calor de madrugada en Valencia (lástima que vaciaran la fuente, para evitar accidentes dicen), el poco respeto por le mobiliario urbano, el buen rollito y las mujeres…, si, mujeres, multitud de mujeres, luciendo los colores, a las que les gusta el fútbol o la fiesta que conlleva. [ver foto] [ver foto] [ver foto] [ver foto] [ver foto] [ver foto]

Y la Paraguaya Larissa Riquelme, no contenta con desnudarse para su selección, ahora, en Interviú, vistiendo (o desvistiendo) “La Roja”. [ver foto] [ver foto]

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Preparado y atento

Posteado por Peter Parker el Miércoles, Julio 7th, 2010

Es bastante común, cuando nos reunimos los amiguetes, que, una vez terminado el tema del fútbol y las mujeres, acabemos comentando la “frecuencia coital“, llegados a este punto, las aportaciones de los solteros no cuentan, se trata de comparar entre casados o con pareja hipotecaria (lo que el banco ha unido que no lo separe Dios) .
De todos es sabido que la frecuencia varía dependiendo de varios factores como la estación del año, de la duración de la temporada de lluvias o el valor del Euribor, entre otros, y las medias pueden oscilar entre un máximo de dos semanales y un mínimo de uno mensual.

Este máximo lo alcanzan aquellos que cumplen la norma del fin de semana, se da, normalmente en parejas sin hijos, existen casos excepcionales que suben la media, son aquellos afortunados en los que el fin de semana empieza el viernes por la tarde.
Si alguno afirma superar con creces este límite, hablando de uno al día o cifras similares directamente se ignora el testimonio, probablemente haya entendido mal la conversación y crea que se habla de las veces que lleva al niño al parque, saca la basura o cambia un pañal.
Si alguien baja del mínimo yo me preocuparía.

En esta tesitura un hombre debe estar siempre preparado y tener los cinco sentidos alerta, atento a cualquier señal o leve indicativo que proporcione un pista de si ese día va a haber moje.
En una relación de años el hombre ya no lo piden como antes, cuando eran más jóvenes y con menos obligaciones, hay un cierto miedo a la negativa y utiliza veladas insinuaciones. Agarrarse el paquete y decir que te duelen los huevos no es una buena táctica, te arriesgas a una respuesta directa: “Pues ya sabes donde tienes el cuarto de baño, y no manches nada”.
No, hay que ser más sutil: mirar a los ojos con picardía, un dulce beso en la nuca, una mano en una teta…. Detalles que la mujer sabe entender y a los que puede emplear una negativa tácita: un bostezo largo, una mueca y la mano en el cuello (indicativo de tortícolis) o “nene, que frío estas!!”, respectivamente. Tras esto no se habla más del tema.

Es importante prestar atención a las señales, si ella se recuesta en el sofá después de cenar y no hace ningún comentario sobre lo cansada que está, el sueño que tiene o algún dolor de extremidades, entonces puede haber suerte. [ver foto] [ver foto]
Si a las ocho y media de la tarde te encuentras que el niño está bañado, cenado y durmiendo y ella aparece con un pijama muy de verano, es decir con un camisón corto transparente o una camiseta que apenas cubre unas braguitas de Hello Kitty, entonces seguro que vas a tener suerte.
Pero si se tumba en la mesa del salón, se abre de piernas y te dice:
- Hoy para cenar tienes el plato especial de la casa.[ver foto] [ver foto] [ver foto] [ver foto]
Entonces es que te ha tocado la lotería.
No puedes saber que te deparará el destino, hay que saber entender estas pequeñas indicaciones para no cagarla. Estate preparado o perderás la ocasión, lo digo por experiencia.

Hace unas semanas estábamos en la casa del pueblo, el pequeño durmiendo la siesta y la casa vacía, ambos descansados, se respiraba erotismo en cada esquina, nos miramos a los ojos con complicidad, las señales estaban claras, los dos sabíamos lo que queríamos, nos acariciamos, nos excitamos y después de unos instantes de pasión incontenida ella, sin poder detenerse, con la respiración entrecortada, preguntó:
- ¿Has traído protección?.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo, un sudor frío se deslizó por mi frente, me abalancé a rebuscar en una bandolera que siempre llevo conmigo. En ese instante me vino a la memoria una vez que se me cayó en el trabajo, esparciendo todo el contenido del bolsillo principal por el suelo y dejando a la vista un preservativo. Un compañero hizo una broma sobre ello y desde entonces, supongo que por vergüenza, dejé de llevarlos siempre encima.
Que gran error.
Busqué en la maleta sabiendo que era en vano, en los cajones de la mesita, en el cuarto de baño, en la habitación de mis padres, hasta en la mochilita de los pañales de mi hijo.
En mi empeño no me di cuenta que hacía demasiado ruido, mi hijo se despertó por el barullo. Todo había terminado, la oportunidad se fue como vino.

Al día siguiente fui a una farmacia, compré dos cajas, he desperdigado preservativos por cada rincón, vuelvo a llevar en la bandolera, he puesto donde guardo los calzoncillos, en el botiquín, en el cajón de los cubiertos, en el tarro de las bolsitas de té (espero que nadie se confunda), en la estantería de los tebeos y, por supuesto en la mochila de los pañales de mi hijo.

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